30 de January de 2012 00:05

10 maleteros ayudan en el Mariscal Sucre

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Ellos están pendientes de la llegada de un avión. Conocen el itinerario de los vuelos internacionales y saben si uno está retrasado. Trabajan 24 horas y descansan 24. Les llaman maleteros y se los reconoce en la puerta del arribo internacional, del Aeropuerto Mariscal Sucre, por su vestuario azul. La noche del pasado martes, cinco de ellos estaban de turno. Son 10 en total y trabajan para Asomapar. Daniel Tumbaco, de 32 años, es uno de ellos. Ofrece este servicio desde hace cuatro años. Es de Manabí, pero vive 12 años en Quito.

Cuando los pasajeros de vuelos internacionales inician su salida, con una cordial frase se acerca a ellos. “Buenas noches caballero, permítame ayudarlo”, dice Tumbaco, mientras con sus dos manos se apropia de un carro de tres ruedas color plata.

“A ese Chevrolet Spark azul, por favor”, responde Pisco, quien fue al aeropuerto a retirar a sus familiares que llegaban de Atlanta. Acepta la ayuda de Tumbaco porque tenían que movilizar seis maletas. Pisco le da USD 0,25 por el servicio.

Para los maleteros, el inglés no es una barrera. Tienen a su ‘traductor’, Alejandro Walpa, de 21 años. Él es maletero desde hace un año y medio. Domina frases básicas de inglés y esto ayuda a que él y sus compañeros puedan comunicarse con extranjeros al momento de ofrecer su servicio.

“Can I help you?” (¿puedo ayudarle?), dice cuando se acerca a un grupo de extranjeros.

Explica que la mínima propina que reciben es de USD 0,10 y la máxima de USD 5. Al mes alcanzan a recaudar entre USD 250 y USD 300. Su trabajo se inicia a las 08:15. Los pasajeros que llegan en el vuelo de las 10:00 son a quienes ofrecen su servicio en la mañana. Trabajan hasta el úl-timo vuelo del día.

En su tiempo libre descansan en una caseta gris con azul, de 2,5 metros cuadrados, donde tienen parte de sus pertenencias, una litera y un televisor.

David España, otro maletero, asegura que no exigen propina a sus clientes. “No cobramos. Es la voluntad de cada uno”.

Antes eran 30 personas que trabajaban informalmente en este mismo lugar. Desde el 2007, la empresa Quiport se encargó de la capacitación. “Se logró formalizarlos y ahora ayudan no solo con el equipaje, sino que brindan seguridad al cliente. Ya no hay robos como antes”, asegura Jaime Pérez, miembro de la empresa Quiport.

William Flores, de 28 años, lleva 17 años en este oficio. Antes era betunero durante el día y en la noche se dedicaba a acarrear maletas en el aeropuerto.

El permiso que ellos tienen para trabajar en este oficio es a partir del paso cebra blanco con amarillo, que se encuentra a la salida de la puerta principal del arribo internacional.

Allí se ubica Tumbaco y está pendiente de las personas que salen con maletas. Esta vez no tuvo que caminar mucho. Una furgoneta se parquea junto a la entrada principal. “¿Aquí va todo, no jefe?”, pregunta mientras acomoda 10 maletas. Primero las grandes y luego las más pequeñas. Al concluir su trabajo, el propietario del equipaje, Pedro Noboa, busca en el fondo de sus bolsillos alguna moneda. Tumbaco no recibió ni un centavo.

Explica que cuando llegan vuelos de España, en ese instante no recolecta mucho dinero, dado que llegan bastantes conciudadanos. “Cuando son inmigrantes no sacamos mucho. Más nos dan los gringos”, dice Walpa.

Otro vuelo internacional acaba de arribar y los maleteros se acomodaban en la puerta.

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