18 de diciembre de 2019 00:00

En 38 puntos de Quito proliferan las ventas ambulantes en espacio público

A lo largo de la avenida Mariscal Sucre, en el sur, hay ambulantes pese a las vallas. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

A lo largo de la avenida Mariscal Sucre, en el sur, hay ambulantes pese a las vallas. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

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Evelyn Jácome

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Hace 500 años, las personas compraban en los tianguis, es decir, en mercados al aire libre. Salían a las calles, a las plazas, hacían trueques y llevaban a casa lo que necesitaban. Nunca ha habido una prohibición del Estado al respecto. Comprar en la calle es parte de la cultura de la informalidad que reina en Quito.

Así es como Hernán Orbea, docente universitario, explica por qué las ventas ambulantes saturan la vías, sobre todo en época navideña. El espacio público -dice- es el escenario de las manifestaciones económicas y culturales, por lo que en época de crisis, el comercio informal aumenta. Así pasó en 1984 y en el 2000, cuando Quito vivió el ‘boom’ de las ventas ambulantes.

En el 2003, durante la alcaldía de Paco Moncayo, alrededor de 6 000 vendedores (la mayoría llegados de provincias) fueron sacados de las calles y se les dio cabida en centros comerciales construidos por el Municipio. Pero la informalidad, de a poco, regresó.

Según un censo de la Agencia de Comercio realizado en el 2017, en Quito operan 10 000 informales, de los cuales 3 000 no tienen permisos y el 50% de los 7 000 restantes no lo ha renovado. Es decir, cerca de 6 500 personas trabajarían en la calle sin autorización. No obstante, extraoficialmente, los gremios de comerciantes calculan que llegan a los 30 000.

En 38 puntos proliferan las ventas ambulantes en Quito


Carcelén, Carapungo, Cotocollao, la Amazonas, Naciones Unidas, La Marín, la Villa Flora, la Mariscal Sucre y el Centro Histórico son algunos de los sectores donde abunda el comercio no regularizado. El Municipio ha identificado al menos 38 puntos críticos.

En la esquina de las calles Lizardo Ruiz y Alfareros, en Cotocollao, se tienden alambres desde un poste hasta una señal de Pare y allí, sobre la vereda, cuelgan los armadores con la ropa que venden. Como si fuese un mostrador, utilizan carretillas sobre las cuales ponen tablas y ubican las prendas. Otros, en cambio, llevan maniquíes para exhibir la mercadería.

A lo largo del bulevar de Cotocollao, desde la plaza central, los comerciantes encuentran creativas maneras de ofertar. Entre la avenida De la Prensa y la 25 de Mayo, hacia la Feria Libre de La Ofelia, los comerciantes informales crearon un corredor. Son 55 puestos de venta. Se encuentran blusas, faldas, pantalones, calentadores, sacos, zapatos, chales, y más. Como para vestir a alguien de pies a cabeza.

Mery Bota, de 48 años, vende en un sábado unas 10 blusas, a USD 5. Es decir, se lleva a casa 50. Más de lo que venden varios de los locales que pagan renta y servicios básicos.

En la Amazonas y Corea, este martes 17 de diciembre del 2019, unos 30 comerciantes ofrecían cigarros, implementos para teléfonos, alimentos, golosinas, carteras, zapatos, aretes, cordones y más.

se estudian alternativas para reubicarlos en otros lugares de la ciudad.

Una de ellas es Catalina Rojas, quien trabaja allí desde las 09:00 hasta las 18:00. “Es un emprendimiento”, dice. Cuando le va bien, llega a vender 50 pares de aretes. Le quedan USD 25 al día. También vende en Sangolquí y Machachi. En esa esquina está el agente metropolitano Jairo Chungandro. Dice que las últimas semanas los vendedores han aumentado, y que pasadas las 17:00 llegan incluso a duplicar su número. Solo en esa zona hay 60 uniformados como parte del plan operativo por Navidad.

Chungandro admite que su trabajo tiene ciertos riesgos. Algunos de sus compañeros han sido golpeados. En el Centro, señala, son más violentos.

Controlar las ventas ambulantes no es fácil. Los comerciantes se rehúsan a abandonar sus puestos, dicen tener derecho a trabajar y se enojan.

Según la Secretaría de Seguridad, en el presente año, 35 agentes han sido agredidos por comerciantes informales, entre ellos cuatro mujeres.


Este año ha bajado el número de ataques porque los agentes han recibido capacitaciones y han aprendido a repeler y enfrentar esos casos. Sobre todo acuden en grupos, no solos.

El Municipio indicó que 320 funcionarios precautelarán el buen uso del espacio público durante las festividades de Navidad, se realizarán constantes patrullajes en todo el Centro Histórico y se trabajará en un plan integral de control. El plan de acción se activó tras las protestas realizadas por un grupo de comerciantes regularizados, quienes exigen poner un freno a la informalidad.

Sandy Campaña, administradora de la Zona Centro, resaltó que los 90 vendedores que tienen permisos para trabajar en el centro son los históricos y no se emitirán nuevos.

La Agencia Metropolitana de Control (AMC) indicó que se ha triplicado el personal que trabaja en el Casco Colonial. Se están recuperando los espacios públicos de una manera integral tal como se lo hizo en La Marín. Han identificado 30 puntos conflictivos donde se intervendrá. En la República de El Salvador, por ejemplo, se dispuso personal permanente y el lugar está recuperado.

En la sesión del Concejo, el edil Bernardo Abad se refirió ayer al tema. Alertó de que Quito podría retroceder 20 años por el poco control a las ventas. Pidió a la Agencia de Comercio y AMC dar un informe sobre sus acciones.

El Observatorio de Seguridad Ciudadana explica que las ventas informales responden a aspectos estructurales como pobreza y desempleo. De allí que, según el sociólogo Byron Altamirano, para enfrentar el problema es clave trabajar en tres frentes: invertir en plazas laborales, apoyar los emprendimientos y trabajar en educación. Y, lo más importante: dejar de comprar en la calle.

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