12 de octubre de 2019 00:00

Quito intenta recuperar la vida en medio de las manifestaciones

Una panadería en la Villa Flora solo atiende por una pequeña puerta. Los comerciantes de la av. Maldonado están pendientes de cualquier alerta para cerrar sus negocios, por miedo a los saqueos. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Una panadería en la Villa Flora solo atiende por una pequeña puerta. Los comerciantes de la av. Maldonado están pendientes de cualquier alerta para cerrar sus negocios, por miedo a los saqueos. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

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Ana María Carvajal

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La capital parece dividida en dos desde que se inició el paro nacional, hace nueve días. En la mitad hay zonas resguardadas, como la Plaza Grande y sitios de protestas en el Centro Histórico y alrededores de la Asamblea Nacional, que alteran totalmente la cotidianidad de moradores y comerciantes.

Además, hay una zona de protección entre las calles Queseras del Medio y la Madrid, donde están las universidades que alojan a los indígenas y que, tras un pedido de varios rectores, no debe tener intervención policial.

De allí hacia el norte, la gente intenta recuperar algo de normalidad. Según un reporte del Municipio, el Mercado de La Kennedy está abastecido en el 30%. Es un centro pequeño, con unos 50 vendedores. Carmen Pintado dice que no han llegado camiones de Machachi ni de Ambato y lo poco que pueden comprar viene de sitios cercanos.

El atado de cebolla blanca se consigue por USD 2,50, cuando antes la compraba a 80 centavos o un dólar. Los clientes le piden zanahorias, pero ella no las compró, porque la caja sale a USD 28, 10 más que antes.

Los locales comerciales en las avenidas América, Amazonas, De la Prensa y Galo Plaza Lasso y de calles comerciales como la Capitán Ramón Borja abrieron y este viernes 11 de octubre del 2019 se veían más autos circulando por el norte.

En la avenida Amazonas, en el norte, hay patrullajes de miembros de la Policía Nacional que trabajan en servicio urbano. Allí hay mayor movimiento comercial y algunos buses. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

En la avenida Amazonas, en el norte, hay patrullajes de miembros de la Policía Nacional que trabajan en servicio urbano. Allí hay mayor movimiento comercial y algunos buses. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Luego de dos días y medio cerrado, el mercado Iñaquito volvió a abrir ayer, viernes 11 de octubre 2019, a medias. Especialmente los locales que dan a la callen no atendieron.

El miércoles 9 de octubre, el mercado debió cerrar de golpe porque un grupo de manifestantes llegó a pedir colaboraciones para los indígenas. Leodineiby Bolecillos trabaja en un restaurante de comida rápida y cuenta que aunque planeaban abrir completamente el mercado, no llegaron todos los comerciantes. Ella atendió desde las 07:00 y hubo poca clientela.

Adentro, las pocas comerciantes que llegaron esperaban vender la carga que guardaban desde el martes, pero muchos productos estaban dañados y debieron botarlos.

Ayer, Beatriz Toapanta decidió no llevar una nueva carga porque “está cara y no hay. Imagínese, al por mayor nos quieren vender un choclo o una lechuga por un dólar o una caja de limón por USD 60 y el tomate que valía 10 ahora está a 25. No se puede traer y ahora han venido clientes que van llevando poquito”.

Rosario Escobar y Rubén Hidalgo tienen un restaurante en Carcelén y no cerraron, pero necesitan provisiones. Suelen comprar en La Ofelia pero no hallaron lo que necesitan y acudieron a Iñaquito.

Desde el jueves, los buses empezaron a circular, tras el alza de pasajes, pero el servicio aún no se normaliza. Un conductor de un bus Águila Dorada, que va de El Condado a la Asamblea, pasaba ayer frente al CCI. Dijo que esta empresa solo sacó la mitad de unidades, por precaución y por el bajo movimiento. Por seguridad solo llega hasta la Veintimilla.

Andrés Mena tomó ese bus para avanzar hacia el sur, desde donde salió en la mañana en una camioneta hasta la Ecovía, por 50 centavos. El servicio municipal llegó hasta La Marín y ahí tomó otra camioneta. Ayer, el Trole y la Ecovía solo tenían circuitos habilitados en el norte, entre la Cuero y Caicedo, El Labrador y Carcelén y entre la Colón y la Río Coca, casi todo el día.

Los del sur estaban cerrados. En la av. Maldonado no había ni un bus. En El Trébol, manifestantes apedrearon a dos buses cerca de las 11:00 y la gente siguió amontonándose en camionetas, furgonetas, autos y taxis que iban y venían desde Guajaló o Guamaní por 50 centavos desde puntos como El Recreo y la Villa Flora.

Ese centro comercial sí atendió ayer, pero su equipo de guardias estaba vigilante en la acera y tres policías de servicio urbano lo custodiaban.

Los locales estaban entreabiertos. Quienes atienden veían pasar a los indígenas amazónicos en vehículos. No ocurría lo mismo con otros conductores que se pasaban el rojo de los semáforos y que se mostraban más agresivos. Había nerviosismo y de pronto se escuchaba el sonido de las puertas enrollables golpeando el piso. Una panadería grande en la Villa Flora solo tenía una pequeña puerta abierta y sobre ella una hoja con la frase: “Estamos atendiendo”.

Luis Zamora, su dueño, dice que cuando las cosas se ponen difíciles, bloquean ese acceso. “Hay un poco de miedo porque pasan muchos y dicen que saquean, toca estar con cuidado”. Pero salvo el miércoles, no han dejado de atender.

En la ciudadela Ibarra, Jacqueline Cruz bajó sus ventas de zapatos de USD 180 a 50, en un fin de semana. Allí hubo intentos de saqueos, pero asegura que no eran manifestantes “sino pandilleros y ladrones que trataron de aprovecharse”.

José Estrada vende ropa en el mismo sector y recién abrió su negocio ayer, luego de no atender desde el lunes, por temor a los robos. Pero volvió a trabajar porque han sido días de pérdidas. Ahora solo espera que retorne la calma al país.

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