16 de octubre de 2020 00:00

600 rastreadores monitorean casos sospechosos de covid-19 en Quito

Las brigadas móviles del Municipio trabajaron ayer en el mercado Chiriyacu, en el sur. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

Las brigadas móviles del Municipio trabajaron ayer en el mercado Chiriyacu, en el sur. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

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Betty Beltrán

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Marca un número de teléfono de la base de datos de las pruebas covid-19 que se hacen en el Distrito y cuando la persona que está al otro lado de la línea le responde, se presenta. Le dice que es un rastreador del Municipio de Quito y que la llama para indicarle qué hacer, pues estuvo en contacto con un caso positivo.

Así resume Olga Peña, directora de la Unidad Metropolitana de Salud Centro, la labor que se hace en el proyecto de rastreo de contacto de pacientes con coronavirus y que arrancó este lunes 12 de octubre del 2020. Aclara que el trabajo de notificaciones y seguimiento se realiza desde el 28 de septiembre.

La misión de esta estrategia, que cuenta con 600 profesionales de la salud, es recoger información sobre los movimientos realizados, en los últimos días, por una persona que ha sido diagnosticada con el virus: por dónde se ha movido, con quién ha estado y quiénes son sus contactos más cercanos. Y luego hacer las llamadas a su entorno.

Es un trabajo de hormiga, cuyos resultados se verán con el tiempo, agrega Peña. Quienes se encargan de esa tarea pertenecen a las Unidades de Salud del norte, centro y sur. Laboran ocho horas y dentro del grupo se encuentran médicos, odontólogos y enfermeras.

A todos, el Municipio los capacitó en cinco semanas, a través de un curso en línea con el Hospital Larkin de Miami (EE.UU.) para la detección temprana de nuevos contagiados.

Los rastreadores no están solo en esta misión, dice Daniela Revelo, coordinadora de Notificaciones. El insumo para hacer las llamadas lo obtienen tras el trabajo de las 34 brigadas móviles de la Secretaría de Salud que, durante esta semana, estarán en 40 sectores del Distrito para la detección oportuna de casos.

También está la tarea de los puntos fijos de triaje ubicados en las unidades educativas Quitumbe, Julio Moreno, Sucre y 9 de Octubre; así mismo, en el Parque de las Diversidades, Coliseo de Calderón y terminales interprovinciales de Carcelén y Quitumbe.

A través de las brigadas fijas y móviles, donde también están los rastreadores, la Secretaría ha realizado 32 690 atenciones de triaje, en cerca de 200 barrios ubicados en parroquias urbanas y rurales.

En esa primera llamada el rastreador pregunta por teléfono si la persona ha experimentado alguno de los siguientes síntomas: tos, fiebre o dificultad para respirar; incluso a qué distancia estuvo del contagiado, si llevaba o no mascarilla... Dependiendo de su condición, se los mantiene en cuarentena durante 10 o 14 días. Pero si alguna de las personas con vigilancia epidemiológica empieza a desarrollar síntomas más graves la derivan al Centro de Atención Temporal Bicentenario o al Ministerio de Salud.

Cada rastreador hace entre 30 a 40 llamadas al día, divididas entre pacientes positivos y negativos, comenta Alejandra Guayasamín, coordinadora de Brigadas. Y de ese total, entre el 10 o 15% tiene el virus y le tratan de hacer un seguimiento al menos cada 48 horas hasta completar los 14 días. Las notificaciones son luego de 48 horas de haber tomado la muestra.

Daniel Simancas, epidemiólogo de la Universidad UTE, cree que esta estrategia de vigilancia del contacto y rastreo de casos es una de las más efectivas para frenar la enfermedad, porque permite aislar a los enfermos y a los sospechosos en etapas tempranas. Además, ayuda a monitorear a los pacientes durante el aislamiento.

Cree que esta herramienta debe ser mejor explotada, sin descuidar el tema de las muestras “porque en algunos casos la idiosincrasia de la gente necesita de una prueba confirmatoria para quedarse en casa”. Incluso se requiere de “una capacitación a la población y que entienda que un sospechoso de portar el virus -así esté asintomático- debe estar en casa al menos 10 días”.

De acuerdo con estimaciones de la Universidad UTE, acota Simancas, se requieren entre 600 y 700 rastreadores y 66 supervisores para intervenir en las siete parroquias del Distrito Metropolitano con más casos positivos. Y solo para las dos zonas más sensibles, Chillogallo y Guamaní, harían falta 270 rastreadores y 27 supervisores.

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