5 de mayo de 2019 00:00

Quito tiene 500 patrimonios inmateriales

Los diablos son los personajes centrales de la Semana Santa de Alangasí, parroquia rural de Los Chillos. Antes de empezar la fiesta católica, son bendecidos por el sacerdote. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Los diablos son los personajes centrales de la Semana Santa de Alangasí, parroquia rural de Los Chillos. Antes de empezar la fiesta católica, son bendecidos por el sacerdote. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

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Betty Beltrán
Coordinadora (I)

La noticia salió del sacerdote de la parroquia, Milton Martínez, durante la toma del templo por 26 diablos, a propósito del Viernes Santo: la celebración de la Semana Santa de Alangasí ya está en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial del Ecuador.

Los habitantes del sector se alegraron tanto porque, con ese certificado, “su fiesta católica no desaparecerá”, asegura Tomás Cuichán, el ‘Satanás’ mayor de aquel grupo, que con capas rojas y tridentes teatraliza la muerte de Jesús por las calles del poblado.

Ese reconocimiento simbólico tiene otro objetivo: que las nuevas generaciones respeten este valor identitario. Y también que las autoridades activen un plan de salvaguarda.

Desde la promulgación de la Ley Orgánica de Cultura, en diciembre del 2016, se estableció un régimen especial para el patrimonio inmaterial que permite, entre otras cosas, crear un inventario oficial. Actualmente, el Sistema Nacional de Inventario Patrimonial alberga 7 000 manifestaciones.

Aquella lista la elabora e investiga cada municipio del país; luego, el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC) lo valida e ingresa al Sistema de Información del Patrimonio Cultural Ecuatoriano (Sipce). Unas 500 pertenecen al Distrito de Quito.

En ese primer acercamiento, indica Angélica Arias, directora del Instituto Metropolitano de Patrimonio (IMP), se identificaron aquellas manifestaciones en peligro de desa­parecer, porque no se logró transmitir a las siguientes generaciones o porque ya no hay interés de la comunidad. Por ejemplo, los canasteros de Angamarca (El Tingo) o el animero de Puéllaro.

En el listado de la capital también están la Yumbada de San Isidro del Inca, Peregrinación del Divino Niño-Yaruquí, Diablada Pillareña-Turubamba, Fiesta de la Virgen de Guadalupe de Guápulo, Amarre de Cruces de las comunas...

Allí no acaba todo. Se tendría que inventariar muchas más, de 1 000 a 1 500 prácticas, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas que se transmiten de generación en generación, comenta Arias.

¿Cómo funciona el sistema de certificaciones? Ese documento que el párroco de Alangasí mostró el Viernes Santo a sus fieles es un mecanismo de formalización de que su patrimonio está en la lista nacional; se extiende solo cuando los portadores lo solicitan al INPC, el único autorizado a hacerlo, explica Gabriela López, subdirectora técnica. Hasta el momento se ha entregado una docena a escala nacional.

Hay casos en que otras entidades extienden aquellos reconocimientos que, como señala López, pueden ser “válidos en un sentido de exhorto y también de reconocimiento; sin embargo, en términos legales y normativos solo el INPC puede emitir esas certificaciones y también incluirla en la Lista Representativa Nacional”.

Así que aquellos documentos otorgados por la Asamblea Nacional o por los concejos municipales no son una certificación formal y con justa razón, porque “zapatero a sus zapatos”, dice Eduardo Báez, exdirector del antiguo Fonsal.

De todas formas, esas atribuciones que se toman otras instituciones son usuales, porque el “tema de patrimonio inmaterial es muy favorable en ámbitos políticos, olvidándose de que este tema es técnico y está relacionado con la identidad de los pueblos”, apunta Arias. Recuerda que, en su momento, la Asamblea declaró Patrimonio Inmaterial a la comida típica de Manabí; el Concejo de Quito, a la Banda Municipal.

Después de entregar el certificado, se puede trabajar para seguir al escalón o mecanismo de salvaguarda: el ingreso a la Lista Representativa de Patrimonio Inmaterial. En esos casos se levanta un expediente con una parte histórica de la manifestación, cómo está vigente en la actualidad, cómo están los mecanismos de transmisión y se genera un plan para mantenerla viva.

En todo el país hay 18 manifestaciones que están en ese sitial. Pichincha va a la cabeza con cuatro reconocimientos: Fiestas de San Pedro, Paseo del Chagra- Machachi, Los Rucos de Los Chillos y Cosecha de Trigo y Cebada de Aloguincho. Luego vienen Imbabura (2), Azuay (2), Tungurahua (2)...

Fue en el 2018 que las dos manifestaciones que le corresponden al Distrito quiteño (Rucos y Cosecha de Aloguincho) ingresaron a la lista. ¿Por qué esos dos? Porque tienen que ser impulsados por la comunidad; “al final, el ente estatal lo que hace es guiar en cuestiones técnicas con el plan de salvaguarda”, apunta Arias.

Todo ese trabajo es un requisito primordial para que, en un futuro cercano, se pueda postular al Patrimonio Inmaterial mundial de la Unesco. En esa tramitología está el pasillo. El Museo Escuela del Pasillo de Quito es el abanderado de esa gestión y programa múltiples actividades para demostrar que este género está vigente.

Para reforzar el expediente del pasillo, el Museo ultima los detalles del I Festival Nacional del Pasillo Ecuatoriano y el II Encuentro Internacional de Estudio e Interpretación del Pasillo en América, del 27 de noviembre al 3 de diciembre.

Pero hay otros planes que, como señala López, no necesitan grandes apoyos técnicos, sino que la propia comunidad sabe organizarse. En algunas comunidades, por ejemplo, hay fiestas que se mantienen con el priostazgo, con las jochas… Tal cual ocurre con la fiesta de Semana Santa de Alangasí, en donde los diablos a la cabeza salvaguardan por años su fiesta católica.

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