7 de abril de 2019 00:00

La Mariscal, en el centro-norte de Quito, hechiza con sus palacios y palacetes 

El castillo Silva del Pozo, en la calle Roca, ha sido central de campañas políticas desde la década de los 90.

El castillo Silva del Pozo, en la calle Roca, ha sido central de campañas políticas desde la década de los 90.

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Betty Beltrán
Coordinadora (I)

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Resulta curioso hablar de palacios y palacetes en Quito, más cuando la historia evidencia que jamás hubo realeza que los habitara, o que sus dimensiones discretas no hacen ni sombra a gigantes como, por ejemplo, el Versalles de Francia. Pero aunque resulte extraño, la capital tiene esos bellos edificios que evidencian la vida palaciega de antaño.

En todo el Distrito existen 20 palacios y 80 palacetes (los de menor dimensión) que constan en el Inventario del Patrimonio Cultural. La mayoría, unos 30, está en La Mariscal (centro-norte de Quito).

La construcción de esos edificios se registró a finales del siglo XIX y principios del XX, pero se potenció cuando llegó el tren, anota Angélica Arias, del Instituto Metropolitano de Patrimonio de Quito (IMP).

Aparte de los conocidos palacios de La Mariscal, La Circasiana, Najas y la Nunciatura, están los palacetes que construyó el arquitecto y dibujante Rubén Vinci Kinard. Él fue el artífice del ‘boom’ de esas edificaciones en la década de los 30, apunta Héctor López Molina, investigador e historiador.

Para conocer el legado patrimonial de aquellas personas adineradas, no hay nada mejor que caminar por la 9 de Octubre, Ulpiano Páez, Roca, 6 de Diciembre y observar los 12 palacetes más representativos de ese trazado.

El recorrido de no más de seis cuadras arranca en la esquina de la Patria y 9 de Octubre. Allí se levanta la Villa Humberto, un ‘lunar’ arquitectónico en medio de los edificios; actualmente es de propiedad del Banco Internacional.
Su dueño original, Humberto Albornoz Sánchez, fue desde ministro de Gobierno hasta presidente de la Junta Monetaria. Como era soltero, los espacios de su casa fueron relativamente reducidos. En la cúpula, la habitación; los salones de abajo eran para recibir visitas; y el semisótano, con ventanas hacia fuera, para la cocina.


A dos cuadras de allí, en la esquina de la Ulpiano Páez y Jorge Washington, hay cuatro edificaciones palaciegas. En el noroccidente se construyó la residencia González Artigas, de tres plantas con una buhardilla rodeada de pequeñas torres. Hoy funciona ahí el Boutique Hotel Cultura Manor, que recibió el Premio al Ornato. Se dice que la madera que decora los interiores fue traída de Uruguay. Desde 1968 hasta entrado el siglo XX, en el inmueble funcionó el Club Pichincha, un sitio solo para caballeros.

Al suroccidente está el Palacete de los Carrión; tras el fallecimiento de su dueño (Benjamín Carrión) la casa pasó a manos del Municipio, ahí funcio­na ahora el Centro Cultural.

Su estilo es neocolonial. Se aprecian grandes portales, como de iglesias, y algunos elementos de las haciendas. A este lugar se puede ingresar y observar elementos que recuerdan a los monasterios.

La Mariscal hechiza con la vida palaciega

En la esquina nororiental está la Villa Cecilia, de tres plantas, con torrecillas, ventanas perforadas y arco de herradura con detalles geométricos, típicos de la cultura arábiga. Actualmente, el predio pertenece al Ministerio de Inclusión.

La Villa Victoriana está en la otra esquina, en la suroriental. Hay pocos datos sobre ese predio. Se sabe que se levantó en 1935; se destaca un techo inclinado que evoca a las casas del Reino Unido.

Cinco cuadras más al oriente, en la Roca, entre Reina Victoria y Juan León Mera, se encuentra el Paseo de Vinci, así lo bautizó López Molina. Lo hizo porque en una cuadra se levantan cinco palacetes de la autoría del mexicano Vinci Kinard. En 1937, la cuadra albergaba ocho palacetes.

En primera línea está el palacete que actualmente es el Hotel La Coupole, con cúpulas azules, tejuelo vitrificado y minaretes. La edificación es de tres pisos y con varios volúmenes. En la puerta tiene un entramado estilo mudéjar.

Al frente está otro palacete, pero de menor esplendor porque en lo que fueron sus jardines se han levantado locales comerciales. Se llama el Castillo Art-Decó, con un estilo arquitectónico en líneas rectas. Tiene dos torres como pirámides escalonadas y ventanas.

Más abajo, siguiendo la Roca hacia la Juan León Mera, está la Villa Bávara, que tiene un gran cono de colores, es un sitio inspirado en las casas rurales de Alemania. El cono está recubierto con tejuelo vitrificado y la torre es de piedra.

Unos pasos más adelante se levanta la Villa Vinci, la casa que Vinci Kinard se construyó para él con un estilo árabe. Como era soltero, la casa tuvo una solo habitación en el segundo piso, y en el primero se encontraban los salones.

La fachada del inmueble es de piedra de canto rodado, aquel material con el que se hacían los patios de Quito, por eso los quiteños la bautizaron como la casa del patio parado. Tiene cúpulas y minaretes. Ahora, allí funciona una fundación de emprendedores.

Justo al frente está el castillo Silva del Pozo, el castillo Disney quiteño. Se remodeló con gusto germano de la zona de Baviera y es muy fotogénico, quizá por ello ha sido central de diversas campañas políticas desde la década de los 90.

Los palacetes dan un toque mágico al sector y son lugares donde predomina el lujo ostentoso y sobrio, prueba de ello es el palacio de La Alhambra, en la 6 de Diciembre y Roca. Ahora es la sede de la Academia Nacional de Historia.

El propietario original fue Gabriel Baca Miranda y, tras su viaje a La Alhambra de España, decidió construirse su palacete con algo de lo que observó, en 1928. Él mismo lo hizo, con un estilo neomudéjar: tenía varios espejos de agua hacia delante y un cerramiento, pero cuando se amplió la 6 de Diciembre, en la década de los 50, se perdieron esos detalles.

Más al norte, en la 6 de Diciembre y Veintimilla, está el castillo Faride. Tiene un estilo que trata de rememorar a las casas de hacienda y de los grandes monasterios. En la década de los 80 se vendió el predio y sus nuevos dueños utilizaron todos los espacios; allí funcionaron bares, restaurantes y varios locales. Incluso algunos no muy decorosos...

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