12 de enero de 2020 00:00

La Mariscal pide más control y seguridad para plan Quito Activo

Los moradores están organizados y piden a los locales que cumplan las normativas. Fotos: Diego Pallero / EL COMERCIO

Los moradores están organizados y piden a los locales que cumplan las normativas. Fotos: Diego Pallero / EL COMERCIO

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Evelyn Jácome

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Ya no es el barrio de abolengo donde vivían las familias acomodadas del Quito de los años 30, ni la zona de diversión que fue hace 20 años. Hoy, un velo sombrío cubre las 201 manzanas de La Mariscal.

Son las 19:00 del jueves 9 de enero, y la Juan León Mera luce desolada. Hay pocas personas caminando y los enganchadores buscan clientes. En la Pinto, cuatro hombres harapientos discuten y hablan casi a gritos con el fondo de salsa y reguetón que se escuchan de locales cercanos. Están bebiendo. Escupen y a ratos bailan. Cruzan dos oficinistas y ellos les hablan y las siguen unos pasos.

El uniforme delata a tres estudiantes que caminan por la Foch. Una de ellos tambalea e insiste en volver al bar. Una cuadra al norte, un olor a hierba quemada se propaga. Un par de chicas que muestran sus piernas esperan clientes...

Eso puede verse una noche en La Mariscal, un sector turístico donde, a pesar de que los moradores están organizados y buscan mejoras, abundan los problemas. Por eso la preocupación de la gente frente al plan piloto de la ‘Hora Borojó’ (hoy Quito Activo) que busca extender los horarios de los locales.

Admiten que si se hace con responsabilidad, con un claro plan de seguridad y un exhaus­tivo control puede ayudar a mejorar el turismo en lo que ellos llaman un “barrio de paz”. Si no, los sepultará, sentencian.

Quien hace la referencia es Juan Fernando Rueda, de la Asociación de Hoteles Medianos y Pequeños de La Mariscal. Asegura que desde el 2015 la ocupación hotelera cayó drásticamente, por los problemas.

Se calcula que cada fin de semana llegan unas 250 000 personas al sector. Iván Alemán, de la Asamblea La Mariscal, comenta que en septiembre del 2019 empezó el piloto en el cuadrante comprendido entre la Calama, Diego de Almagro, Pinto y J.L. Mera, donde hay unos 200 locales, entre tiendas, discotecas, bares y demás.

Los establecimientos de la Plaza Foch son los más visitados del barrio La Mariscal.Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Los establecimientos de la Plaza Foch son los más visitados del barrio La Mariscal.Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Cerca de 22 locales de diversión nocturna se unieron a la iniciativa. El horario se extendió una hora, hasta las 03:00.

Como parte del plan, se realizó un cierre de vías para peatonalizar La Mariscal desde las 20:00 y se acordonó el perímetro del cuadrante, lo que causó molestias en los vecinos, porque había residentes que no podían llegar a sus hogares. Protestaron y el cierre se cambió, de 22:00 a 03:00.

La medida, dice Alemán, aumentó la inseguridad porque la gente debía caminar varias cuadras para tomar un taxi.

Los moradores piden iluminar las vías oscuras, que se pode el arbolado, que se coloquen bolardos, reemplazar las cámaras del 911, arreglar el espacio público y, sobre todo, mejorar la seguridad policial.

Los vecinos admiten que han aumentado los operativos de control, pero no son suficientes por la proliferación de negocios informales. Calculan que hay unos 300. En la calle se venden zapatos, empanadas, comida rápida, cigarrillos, mascotas. Y no faltan las drogas. Piden que se desmotive la presencia de estudiantes que liban en el sector.

Elio Serrano, de la Asociación de Pequeños Empresarios
Turísticos de La Mariscal
, considera que si el plan no se articula bien, afectaría a la zona y que se debe priorizar el bienestar de los residentes. Su propuesta para evitar la presencia de estudiantes y que bares y discotecas abran a las 18:00.

No hay un registro actualizado del número de locales. Se habla de que hay 1 700 con licencia municipal (LUAE) y que si se incluye a los que no la tienen rebasarían los 2 100. Los locales que operan sin permiso no tienen plan de emergencia y no cuentan con aislantes del ruido. Hay casas donde la gente no puede dormir.

Juan Pablo Burbano, secretario de Seguridad del Distrito, indica que como parte del plan Quito Activo, el primer paso es realizar un censo de los establecimientos para hacer un mapeo y saber cuáles de ellos están interesados en formar parte de la iniciativa.

El objetivo es aumentar la productividad y que los clientes puedan disfrutar de un espacio seguro y ameno.

No todos los locales van a extender el horario, solo los que cumplan la normativa. Entre los requerimientos está que no tengan enganchadores y que se unan a campañas de concienciación sobre consumo discreto de alcohol.

Para brindar más seguridad, se triplicó el número de agentes. Hoy son más de 100. Se está analizando si la extensión del horario sería hasta las 04:00 o 05:00. Para el 14 de febrero se prevé hacer una prueba.

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