19 de diciembre de 2019 12:45

Niños con discapacidad visual tuvieron una experiencia navideña sonora

En la estación de agua, los niños con discapacidad visual activaron sonidos al tocar el líquido. Foto: Yadira Trujillo / EL COMERCIO

En la estación de agua, los niños con discapacidad visual activaron sonidos al tocar el líquido. Foto: Yadira Trujillo / EL COMERCIO

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Yadira Trujillo

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A través de agua, materiales con texturas y figuras navideñas, 60 niños de las fundaciones Mariana de Jesús y Amigos de Jesús y María tuvieron una experiencia sonora, con un toque navideño, creada por los estudiantes de la carrera de sonido de la Universidad de las Américas (Udla).

Los universitarios crearon un espacio lúdico dirigido a niños con discapacidad visual. Pero también fue una oportunidad para que niños sin ningún tipo de discapacidad se acerquen a la realidad de aquellos que no pueden ver. Para eso se les cubrió los ojos, así vivieron la experiencia de percibir y explorar sus otros sentidos.

Adrián Cabezas, docente de la carrera de ingeniería en sonido, señaló que su herramienta es un factor esencial para los niños con discapacidad visual. Por eso basaron cinco estaciones en el sonido, para que los niños las recorran.

Desde la primera estación, la emoción de los niños era evidente. No importaba mojarse, ya que al tocar el agua pudieron percibir melodías y canciones.

En la segunda estación, los universitarios crearon un rompecabezas sonoro con una composición navideña para alegrar el espíritu navideño de los niños. En su paso por esta estación se fueron disparando diferentes elementos de la composición, mientras los niños colocaron cada pieza del rompecabezas.

También para alegrar la Navidad de los niños, en la tercera estación se creó un pesebre sonoro. Mientras los niños tocaron a cada animal escucharon mujir a vacas y rebuznar a burros, que son personajes del tradicional pesebre navideño.

En el pesebre sonoro los niños tocaron vacas y burros para escucharlos mujir y rebuznar. Foto: Yadira Trujillo / EL COMERCIO

En el pesebre sonoro los niños tocaron vacas y burros para escucharlos mujir y rebuznar. Foto: Yadira Trujillo / EL COMERCIO


En la última parada, a la que los estudiantes de sonido denominaron fiesta, los niños de las fundaciones escucharon y bailaron villancicos que sonaron cuando entraban en contacto con materiales de percusión sencillos que se introdujeron en la estación.

Inés Reveló, coordinadora técnico pedagógica del Instituto Especializado Mariana de Jesús, que acoge a niños con discapacidad visual más retos múltiples, señala que lo que más atrae a los niños es el sonido. Por eso, la iniciativa de los estudiantes de la Udla le parece un aporte primordial para las discapacidades.

“Es la base para los niños que son defensivos táctiles y auditivos”. Asegura que con la interactividad, los chicos avanzan en su capacidad para desarrollar sus otros sentidos.

El docente Cabezas señaló que el objetivo de formarse es responder a las necesidades de la comunidad, aunque muchos estudiantes de la carrera no se imaginen que durante su formación tendrán la oportunidad de alegrar a niños con discapacidad y generar espacios de inclusión.

Por ello, a través de la materia de sistemas sonoros interactivos, esperan repetir espacios de experiencia sonora cada semestre. Hasta el 2021 ya está programada una actividad similar.

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