13 de noviembre de 2020 00:00

Los libadores, fiestas clandestinas y escándalos provocan un aumento de contagios en Cotocollao

Las ventas ambulantes generan aglomeraciones en Cotocollao. Las personas no respetan el distanciamiento. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

Las ventas ambulantes generan aglomeraciones en Cotocollao. Las personas no respetan el distanciamiento. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

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Diego Bravo y
Gabriela Quiroz

El crecimiento de contagios de covid-19 en la parroquia de Cotocollao, ubicada en el norte de Quito, preocupa a las autoridades de la Secretaría de Salud del Municipio.

Según la entidad, en apenas una semana -del 4 al 10 de noviembre- los casos subieron de 2 800 a 2 962. Datos del Ministerio de Salud muestran que esta zona, de casi 30 000 personas, tiene 99 contagios por cada 1 000 habitantes.

Se trata de la tasa de prevalencia más alta de las 65 parroquias de la urbe.
Hasta mediados de septiembre era La Magdalena, en el sur, pero ahora pasó a segundo lugar con 87.

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Los moradores de Cotocollao coinciden en que los libadores se han convertido en un foco de contagio, pues no usan tapabocas y comparten las bebidas en el mismo envase.

Otros problemas son las aglomeraciones que genera el comercio informal y los transeúntes que en la mayoría de veces no respetan el distanciamiento de dos metros.

Entrada la tarde es más notoria la presencia de libadores e indigentes que se reúnen en la plaza principal. No se respeta el distanciamiento social y no faltan quienes no utilizan mascarilla o no se la colocan bien.

Aída S., comerciante, cree que el incremento de casos se debe a las aglomeraciones en las calles Vicente López, Alfredo Pérez Guerrero, Santa Teresa y la avenida Lizardo Ruiz hasta la John F. Kennedy.

A lo largo de la última vía es usual encontrar más de 50 comerciantes ambulantes. Colocan toda clase de productos sobre las aceras e impiden el paso de los peatones.

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Sin embargo, la parroquia no es la zona con más aglomeraciones de Quito. El ECU-911 facilitó a este Diario un desglose de las alertas por ‘incivilidades’, desde el 14 de septiembre, que terminó el estado de excepción, hasta el 8 de noviembre. Son 53 alertas por tumultos, esto equivale a un promedio de siete en las últimas ocho semanas. Con esta cantidad de gentíos denunciados se ubica en el puesto 25 de la lista.

Juan Zapata, director del ECU 911, explicó ayer (12 de noviembre del 2020) que a pesar de que Cotocollao no es una de las parroquias con mayor número de tumultos, sí lidera las zonas donde ocurre otro tipo de ‘incivilidades’. Por ejemplo, en cuanto a libadores, la última semana se situó en el puesto tres.

Lo mismo ocurre con las fiestas clandestinas y los escándalos públicos.
Según el funcionario, es la suma de varias faltas lo que influyen en el aumento de casos, no solo de una. Y Cotocollao, pese a que no despunta en aglomeraciones, tiene en número rojo el resto.

¿Qué parroquias están en los primeros lugares por tumultos? El Centro Histórico está en la cabecera con 1 411 alertas.

Ahí no se ha podido lograr que la gente tome conciencia y mantenga la distancia, medida imprescindible para evitar el contagio. En las dos últimas semanas, del 26 de octubre al 1 de noviembre, y del 2 al 8 de noviembre, que fue el último feriado, las cifras de montoneras en el Centro escalaron significativamente a 453 y 369, respectivamente.

Según el Municipio, las zonas en donde más se reporta ese problema son las inmediaciones del mercado de San Roque, las calles Rocafuerte, Sucre, Bolívar, Imbabura, Chile, Venezuela y Mejía.

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En esos sitios es común observar a cientos de peatones que no respetan la distancia y comerciantes que se colocan de forma inadecuada las mascarillas.

También se acumula gente en las afueras de las agencias bancarias y el Centro Clínico Ambulatorio del IESS, localizado en la Flores y Mejía. “La otra vez vine y no me atendieron porque había mucha gente. Hay demasiados usuarios”, indica Lorena Cando.

Para los vecinos y dueños de locales comerciales del Casco Colonial, algunos informales son focos de contagio porque no usan mascarilla. Lo mismo ocurre con los indigentes que consumen licor.

En La Marín hay comercio autónomo de cigarrillos, alimentos y accesorios de celulares. Cristina Guachambosa tiene una frutería y, por bioseguridad, ha cambiado de mascarilla de tela más de 40 veces desde que comenzó la emergencia sanitaria el 16 de marzo.

Una realidad parecida se vive en el Comité del Pueblo, parroquia que le sigue al Centro en cantidad de alertas por muchedumbres sin distanciamiento. La avenida Jorge Garcés es el punto donde diariamente se acumulan más de 300 comerciantes informales, muchos no utilizan tapabocas.

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