1 de September de 2009 00:00

Solo nos queda Lula

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Fernando Larenas

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Una vez más se impuso la madurez, la sensatez sobre la insensatez, un triunfo de la sabiduría política en la Unasur. La sed de venganza y la ira contenida fueron aplacadas por el discurso ecuánime de Lula da Silva en Bariloche.

En su mente, el líder de la izquierda debió pensar qué hago aquí, para qué me trajeron y por qué tanta “bagunza”, un término coloquial que equivale a un caos generalizado o un despelote.

Para llegar a Bariloche, Lula recorrió desde Brasilia 2 076 millas náuticas en línea recta, equivalentes a casi cinco horas de vuelo. Chávez necesitó 3 250 millas, casi ocho horas de viaje, para llegar a la Patagonia argentina.

El Presidente de la Unasur recorrió 2 680 millas, una distancia que demanda casi seis horas de vuelo. Si los tres hicieron escala en Lima, Santiago o Buenos Aires, tendríamos que sumar un par de horas más de viaje. Y todo esto para enfrascarse en una reunión transmitida al mundo en vivo, por capricho de Uribe.

El pernambucano se quejó porque, a lo tedioso del viaje, se sumó el hastío por los interminables discursos que sumaron siete horas. Para colmo, le “dieron traduciendo” mal y entendió que Colombia tiene un acuerdo militar con EE.UU. desde 1952, cuando lo correcto era que desde ese año Bogotá y Washington tienen relaciones comerciales.

Para ahorrar horas de vuelo y retórica, mejor hubiesen organizado una teleconferencia. Es que ni siquiera les dio tiempo para un asado patagónico o para navegar sobre el lago y visitar un bosque de arrayanes. Chávez  no se  complicó la vida: se dedicó a tomar fotos.

Lula, como todo brasileño, es fanático del fútbol y del equipo más popular de Sao Paulo y de Brasil: Corinthians, que el año pasado bajó a la Serie B, para alegría de todo el resto de Brasil.

En Ecuador hay un equipo que desata similares pasiones, que está muy cerca de irse a la Serie B, ese es Barcelona. Si eso ocurre, no será por lo que dice el señor Presidente de la República de que le echarán la culpa a la crisis fiscal. No, la culpa entera es de Maruri y punto; por no creer que Barcelona no solo es de Guayaquil, tiene seguidores en todo el país, pero se lo ha administrado a patadas.

Barcelona no tiene el auspicio de poderosas empresas petroleras venezolanas, tampoco cuenta con la ayuda que recibe Emelec de los árbitros, como fue el caso del reciente partido con el humilde Zamora de Venezuela, al que le anotaron un gol en posición adelantada que el ciego del árbitro no pudo ver a dos metros de la jugada. Puede que esa acción sea parte de la solidaridad bolivariana o simplemente de la buena leche eléctrica.

Con Barcelona en la B desaparece, al menos por un año, el equipo de los amores de  JJ, pero en política internacional, por suerte, todavía nos queda Lula.

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