27 de September de 2009 00:00

Punto muerto en la crisis hondureña

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Tegucigalpa. Reuters

La crisis política abierta tras el golpe de Estado en Honduras volvió ayer a punto muerto, con el depuesto presidente Manuel Zelaya atrincherado en la Embajada de Brasil, adonde llegó esta semana en forma clandestina, y el Gobierno de facto negándose rotundamente a devolverle el poder.

Unos 2 000 partidarios de Zelaya marcharon en Tegucigalpa hasta la legación diplomática con banderas rojas y de Honduras exigiendo la restitución del mandatario, seguidos de cerca por policías y soldados con equipos antimotines, días después de que manifestaciones similares dejaran un muerto y varios heridos.

Durante la marcha, los partidarios de Zelaya hicieron una parada ante la Embajada estadounidense y decenas de ellos se sacaron un zapato y lo blandieron en el aire para exigir una mayor presión del gobierno de Barack Obama, recordando el incidente en el que un periodista iraquí arrojó su calzado al ex presidente George W. Bush.

Zelaya y el presidente de facto Roberto Micheletti habían coqueteado esta semana con el diálogo, pero esa posibilidad se esfumó al chocar contra un obstáculo aparentemente insuperable: la restitución del mandatario derrocado el 28 de junio.

“Totalmente descartado”, dijo Micheletti a periodistas la noche del viernes. “Además, él tiene cuentas pendientes con la Ley en nuestro país”, añadió.

La secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, dijo que en los próximos días una misión de la Organización de Estados Americanos (OEA) viajará a Honduras para intentar otra vez la firma del Acuerdo de San José, un plan del presidente de Costa Rica, Oscar Arias, que incluye la restitución de Zelaya.

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