9 de diciembre de 2019 10:32

La movilización persiste en Irak tras asesinato de un activista

Imagen referencial. Varios iraquíes lloran en el lugar de un atentado armado en el centro de Badgad (Irak), este sábado 7 de diciembre. Foto: EFE

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Agencia AFP
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El asesinato de una figura del movimiento de protesta el domingo 8 de diciembre del 2019 por la noche en Irak no frenó las movilizaciones populares contra el poder y la influencia iraní, en las que han muerto ya más de 450 personas desde el primero de octubre.

En este contexto de extrema tensión, seis militares iraquíes resultaron heridos por cohetes que impactaron el lunes 9 de diciembre sobre una base que aloja a soldados estadounidenses en Bagdad.

Se trata del último de una serie de ataques que preocupan a Estados Unidos, en crisis abierta con Irán, en un país donde las facciones proiraníes están ahora integradas en las fuerzas regulares.

Cientos de personas participaron en el funeral de Fahem al Tahi, padre de familia de 53 años que estuvo presente en todas las manifestaciones y fue asesinado el domingo por la noche por dos atacantes en moto delante de su casa en la ciudad santa chiita de Kerbala.

Desde el comienzo del movimiento inédito que reclama la salida del conjunto del poder actual, más de 450 personas murieron y 20 000 resultaron heridas, en Bagdad en el sur chiita.

Esta violencia, y la matanza del viernes de 20 civiles y cuatro policías disparados por hombres armados en un aparcamiento ocupado por manifestante cerca de la plaza Tahrir, ha hecho que el campamento permanente en este lugar emblemático de la capital no deje de crecer.

El Hashd, centro de atención

Los cancilleres occidentales exhortaron al Estado iraquí a impedir que grupos armados “operen fuera de su control”. Amnistía Internacional cuestionó el hecho de que un convoy fuertemente armado pudiera atravesar los controles de Bagdad para llegar hasta el estacionamiento, donde la policía, desplegada cerca, nunca intervino.

Sin señalar culpables, los embajadores de Francia, Reino Unido y Alemania dijeron “alentar al gobierno para garantizar que [...] el Hashd al Shaabi permanezca apartado de los lugares de las manifestaciones”.

El Hashd, coalición de paramilitares creada para combatir al grupo yihadista Estado Islámico (EI) en 2014, es el centro de atención. Está principalmente compuesto de milicias proiraníes presentes desde hace tiempo en Irak, pero que han reforzado su presencia dentro del aparato de seguridad del Estado.

Tras la matanza del viernes, el jefe del Hashd ordenó a sus hombres que no se acercaran a las manifestaciones, lo que los manifestantes interpretaron como una confesión de culpabilidad.

Antes, durante y después del ataque, decenas de personas fueron secuestradas y algunas siguen en paradero desconocido, según sus allegados.

Desde el inicio del movimiento, varios activistas fueron hallados muertos en diferentes provincias y decenas de otros fueron secuestrados brevemente.

Además, las basases militares iraquíes que albergan soldados estadounidenses y la embajada estadounidense fueron blanco de nueve ataques con cohetes en seis semanas.

Base militar atacada


El lunes por la mañana, cuatro cohetes impactaron sobre una base militar adyacente al aeropuerto de Bagdad, dejando seis heridos, dos de ellos graves, entre las filas de las unidades de élite antiterroristas, única fuerza iraquí entrenada y armada por Estados Unidos.

Estos ataques preocupan a Estados Unidos, que prevé desplegar entre         5 000 y 7 000 soldados más en Oriente Medio.

Ninguno de estos disparos fue reivindicado, pero Washington responsabiliza a los proiraníes.

Con el ataque el sábado la casa del líder chiita Moqtada Sdr -que tomó partido por los manifestantes-, las negociaciones políticas se encuentran en punto muerto.

Después de la dimisión del primer ministro Adel Abdel Mahdi, son muchos los nombres que han surgido para sustituirle, pero todos provienen de la clase política actual, inmutable desde la caída hace 16 años de Sadam Husein.

Ante el rechazo de los manifestantes, el gran ayatolá Ali Sistani, figura tutelar de la política iraquí, no se ocupará de la formación del futuro gobierno, al igual que Moqtada Sadr, que controla el principal grupo parlamentario.

El presidente Barham Saleh tiene hasta el 17 de diciembre para designar a un nuevo jefe del gobierno.

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