13 de noviembre de 2019 10:00

No prohibir el uso de celulares, sí controlar

Los niños de séptimo año del Colegio Kepler utilizan tabletas para realizar consultas, bajo la tutela del docente. Fotos: Diego Pallero / EL COMERCIO

Los niños de séptimo año del Colegio Kepler utilizan tabletas para realizar consultas, bajo la tutela del docente. Fotos: Diego Pallero / EL COMERCIO

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Valeria Heredia

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A diario, la familia Samaniego Frixone se mantiene conectada por medio de una ‘app’, que permite conocer la ubicación en tiempo real. Wendy, la madre, no siente que la medida sea exagerada, solo que por fin halló un uso positivo al celular, más allá de las llamadas, mensajería y redes.

Para esta comunicadora, los inventos tecnológicos son los más importantes del siglo, ya que hacen posible la interacción. Pero ve necesario dosificiar su uso, en especial en hogares con adolescentes.

Ella tiene dos hijos: Juan José y José Gabriel, de 17 y 15 años, respectivamente. Ambos tienen celulares desde los 11.

El mayor lo utiliza para escuchar música, ver videojuegos e interactuar en redes sociales. De lunes a viernes ocupan su equipo dos horas diarias. El fin de semana navegan entre seis y ocho horas cada día.

Su hermano -cuenta Juan José- pasa más tiempo conectado. Él deja su dispositivo solo cuando va a comer o hay alguna salida familiar o con amigos.

Apagar o dejar los equipos lejos de la mesa es otra de las reglas de esta familia, a menos que haya una emergencia.

Una obligación es mantenerse conectados a la ‘app’ de localización y contestar llamadas o mensajes de los padres.

Erika Rojas es psicóloga clínica y labora en el Hospital Quito Sur, del Seguro Social. Admite que el celular es esencial para la comunicación. Pero en niños y adolescentes su uso debe ser controlado.

La interacción vía redes sociales no puede -anota- prohibirse, ya que es parte de la dinámica actual de los chicos. No hay una edad aconsejada para entregar un celular al hijo y depende de la necesidad, dice.

En Europa, el 46% de niños de entre 9 y 11 años ya tiene su celular, según Net Children Go Mobile, citado por El País, de España. Mientras, en EE.UU., la mayoría lo tiene a los 8, y en América Latina, a los 12.

Para David Hill, de la Academia Estadounidense de Pediatría, la pregunta no es a qué edad entregar un celular al hijo sino qué tipo de teléfono.

Una norma básica, repite la psicóloga Rojas, es fijar un número de horas de uso y prohibir que se extienda hasta altas horas de la noche. Incluso, especialistas aconsejan que el padre se quede con el celular cuando el chico va a la cama.

Nicole Torres, de 17 años, es una usuaria frecuente de redes sociales, tiene sus ‘youtubers’ favoritos y grupos musicales a los que sigue. De todos está pendiente a través de su celular, que siempre está cargado.

Cuando se levanta, a las 09:00, toma su equipo y se conecta: se hace ‘selfies’, las sube a sus redes y espera la interacción de sus amigos.

Esta dinámica se extiende hasta muy tarde en la noche. A su abuela Esperanza le preocupa, ya que la joven se duerme cansada, con el celular en la mano. “Asiste a un preuniversitario en la tarde”.

Por ese tipo de casos, Rojas señala que es necesario plantear reglas de uso de dispositivos electrónicos; que de ser rotas deben tener consecuencias. Y acompañar en el proceso a los hijos, no dejarlos solos, ya que este equipo es una puerta abierta a riesgos.

En el país, el uso de celulares ha aumentado en los últimos años. En el 2018, el 70% de personas de 25 a 34 años tenía un ‘smartphone’ en el país. Fue el grupo con mayor tenencia, un incremento de 57 puntos porcentuales respecto del 2012. Detrás estuvieron los adolescentes y jóvenes de 16 a 24 años (el 63% de población a esa edad usa estos aparatos).

Los datos son parte de la Encuesta Multipropósitos-TIC 2018, del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). Se encuestó a 26 928 hogares.

La tecnología también llegó a las aulas. Desde el 2014 rigen regulaciones para su uso, expedidas por el Ministerio de Educación. El Liceo Campoverde, en Quito, tiene un modelo pedagógico que destaca el desarrollo de habilidades digitales en la formación.

Carla Avellán, rectora, y Diana Ribadeneira, coordinadora de Convivencia, explican que el manejo del celular es limitado en el colegio. Dentro del aula no está permitido, pero en el recreo, los chicos del Bachillerato pueden ocuparlos. “Zona para uso de celulares” se lee en tres espacios.

En otro colegio de la capital, el Johannes Kepler, también hay reglas. En el nivel primario, por ejemplo, están prohibidos estos dispositivos.

“No es necesario en edades tempranas”, explica Fernando Torres, director académico.

En secundaria se puede usar, pero en el recreo. Aunque con restricciones para ver páginas de juegos y redes sociales.

En las clases sí se aprovecha la tecnología, ya que hay pizarras digitales, acceso a Internet y tabletas, para que los chicos consulten diversos temas. “Optamos por habilitar navegadores, según la edad. Kids red se maneja en la primaria”.

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