9 de September de 2009 00:00

Dos problemas afectan al Centro

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Redacción Quito

Una ciudad Patrimonio se caracteriza por poseer un conjunto de bienes arquitectónicos que, a través del tiempo, va fortaleciendo la cultura de los pueblos. Así lo afirma Rosa María García, especialista en sitios y monumentos históricos de Puebla, México.

Para la especialista, quien participa en el X Congreso Mundial de Ciudades Patrimonio en Quito, los actores sociales cobran importancia en el manejo y la conservación de esos recursos. Su participación -afirma- es uno de los elementos claves para ser una urbe  patrimonial.



La inseguridad
Quito fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad el 8 de septiembre de 1978 por su Centro Histórico. En 2003, salieron 5 000 comerciantes informales de las calles con un plan de reubicación.
En el Centro, el número de delitos contra las personas aumentó en los últimos tres años. En 2006 se registraron 926 y el año pasado hubo 1 348, según el informe del Observatorio de Seguridad Ciudadana.
Solo los domingos se realiza una peatonalización del Centro. Se realizan actos artísticos.Esa opinión también la comparte Ron van Oers, especialista en la Unidad de Programas Especiales de la Unesco, también participante del Congreso. Oers asegura que  los valores de una ciudad también son importantes para el país y para el mundo. Por esa razón -sigue Oers- los quiteños deben tratar de conservar su patrimonio cultural.

García dice que lo que más le impactó de Quito es la actividad constante que hay en el Centro Histórico; en sus plazas, en las calles... Eso, según la experta, le da una vida especial al sitio, más allá de su arquitectura.

Sin embargo, para ella, en la capital, como en toda América Latina, hay problemas con la seguridad y el tránsito. Ana Salvador, propietaria de una tienda en la calle Flores, dice que la seguridad en el Centro ha mejorado en los últimos años.

Ella recuerda que hasta hace siete años era imposible caminar sin el temor de ser asaltado. Pero no niega que esa situación de intranquilidad aún se vive en la noche. “Cuando  empieza a oscurecer se siente una inseguridad que todavía no puede ser controlada”.

Para Carla Acosta, a pesar de las rondas nocturnas que hace la Policía Metropolitana, se observan calles desoladas en donde es mejor no transitar. Ella circula por el sector varios días a la semana para comprar mercadería para su local de ropa en la prensa, en el norte de la urbe.

Acosta dice que ya no se escucha sobre robos en el centro durante el día, pero que sí ha conocido sobre algunos en la noche. García explica que es complicado erradicar la inseguridad por completo y que es ahí cuando la autoridad debe tomar fuertes decisiones. “Puede haber un mayor control policial, a fin de resguardar a la ciudadanía”.

Otro problema que afronta el Centro Histórico es el tránsito vehicular. Christian Orbe camina todos los días por la calle Chile hacia su trabajo,  en un local del Palacio Arzobispal. Él dice que la bulla por la circulación de los buses en la calle Venezuela y en la García Moreno es insoportable.  A esto se suma   que los conductores no respetan los pasos peatonales.

La especialista mexicana afirma que los centros históricos no deben tener transporte público,  porque a más de contaminar  causa caos. “Un centro histórico debe ser exclusivamente peatonal, a fin de que pueda conservar también el ambiente”.

Sin embargo, Harry Brinkman, vicepresidente de la Organización Mundial de Ciudades Patrimonio, explica que Quito no es la única urbe con problemas de transporte. “Es un problema que tienen todas las ciudades largas y se  debe pensar en el desarrollo sin descuidar lo patrimonial”. 

A pesar de estos inconvenientes, los tres especialistas concluyen en que Quito aún mantiene su esplendor patrimonial arquitectónico. Empero, sugieren a las autoridades que se ejecuten propuestas educativas desde la infancia para que los ciudadanos valoren su importancia cultural.

Con ese propósito, Oers plantea implementar un sistema de educación para los niños. Entre otras cosas, ese proyecto podría incluir una materia específica para conocer detalles del patrimonio arquitectónico. A esto se suma realizar campañas para enseñar a cuidar los bienes y que “la gente se sienta orgullosa de su ciudad”.

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