10 de diciembre de 2019 00:00

Presos de dos cárceles reclaman mejoras

Así se ve el patio que alberga a los detenidos que se hallan en la cárcel de Esmeraldas. Foto: Marcel Bonilla / EL COMERCIO

Así se ve el patio que alberga a los detenidos que se hallan en la cárcel de Esmeraldas. Foto: Marcel Bonilla / EL COMERCIO

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Reds. Esmeraldas y
Santo Domingo.

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Los detenidos se quejan. Dicen tener problemas por la calidad de la comida, por los altos precios de los artículos que se venden en las pequeñas tiendas llamadas comodatos, por las agresiones que se reportan o por el hacinamiento existente.

Este Diario ingresó a las cárceles de Esmeraldas y de Santo Domingo de los Tsáchilas. Las autoridades advierten que todavía hay cosas por resolver, pero que la sobrepoblación carcelaria, por ejemplo, bajó del 43% al 38% a escala nacional.

En Santo Domingo, los detenidos esperaban la visita del director de Rehabilitación, Edmundo Moncayo, para expresarle sus inconvenientes. Una vez que arribó, un representante de los reos, quienes estaban agrupados en los corredores del pabellón de mediana seguridad, explicó la situación.

Hace dos meses, en ese pabellón fue hallado un miembro de la banda Los Choneros con una cuerda en el cuello. Tenía signos vitales pero murió durante el traslado al hospital.

Se han registrado disputas de poder entre presos que son parte de bandas organizadas.

En junio del año pasado, en el pabellón de máxima seguridad se enfrentaron miembros de los Latin King con Los Quevedeños. Se agredieron con cuchillos. Un hombre falleció y 11 quedaron heridos.

La Secretaría de Rehabilitación reconoce que son problemas propios de los grupos que buscan dominar el territorio, pero no descartan que sean secuelas de la sobrepoblación.

Esta es la cocina que funciona en la cárcel de Santo Domingo de los Tsáchilas. Foto: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO

Esta es la cocina que funciona en la cárcel de Santo Domingo de los Tsáchilas. Foto: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO


En Santo Domingo hay 1 830 presos, pero su capacidad es para 1 600. Édgar Chérrez, director del Centro, prefiere no usar el término hacinamiento y asegura que desde septiembre pasado se trabaja en una mejor redistribución en los 12 pabellones existentes.

Un estudio del Departamento Técnico determinó que los reos no estaban ubicados en función a su nivel de sentencia.

Según Chérrez, en mínima seguridad había personas que tenían condenas de 12 años, cuando la norma dice que deben estar los de 1 a 5 años.

Mientras Moncayo avanza a las aulas de secundaria, los internos piden afeitadoras, mejoras en la alimentación, reclaman uniformes para quienes estudian. Las autoridades ofrecen dotar de camisetas que se confeccionan en el área de modistería y zapatería. También se comprometen a comprar barberas eléctricas e incorporarlas en la peluquería.

Antes de entrar a esta cárcel, Moncayo también recorrió la penitenciaría de Esmeraldas.

Los presos dicen que allí ha bajado la tensión entre las bandas, pero que persiste el hacinamiento. Una zona de tres pabellones tiene capacidad para 1 200 personas, pero hay 1 500.

La sobrepoblación en este centro bordea el 30%.

A Nelbi Ayoví, representante de los privados de libertad, le preocupa este tema, pero advierte que ha mejorado la alimentación, la provisión de agua, la seguridad y el trato.

El director de la cárcel de Esmeraldas, Víctor Morales, sostiene que para perfeccionar las condiciones se necesita la construcción de un pabellón para 400 personas más.

“Tras la crisis carcelaria hemos trabajado en la capacidad de camas”, indica Moncayo.

Se refiere a la serie de hechos violentos y amotinamientos que entre mayo y agosto pasados dejaron 16 reclusos asesinados. El último suceso violento ocurrió la semana pasada. Un hombre atacó mortalmente el excapitán del Ejército Telmo Castro, en Guayaquil.

Las autoridades manifiestan que trabajan para evitar estos hechos y que sí atienden a los detenidos. En el caso de Esmeraldas, las bandas son controladas con apoyo de la Policía.

Para la rehabilitación, el centro cuenta con dos talleres: metalmecánica y ebanistería, en el que 50 personas trabajan en artesanías, puertas, ventanas y sillas. 503 cursan el sistema básico y 43, la universidad.

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