14 de September de 2009 00:00

El presidente Obama

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Jorge Salvador Lara

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El miércoles pasado el Presidente Barack Obama, acompañado de su familia y su gabinete, tuvo su primer encuentro con el Congreso de los Estados Unidos, reunido en pleno, cuyas Cámaras controla. El aplauso de sus partidarios fue la tónica predominante al ingresar y al salir el Presidente y su comitiva y fue, sobre todo, fervorosa rúbrica tras cada una de sus propuestas y afirmaciones, anticipo de  favorable votación para la más trascendental de todas, la reforma a la Ley de Salud Pública. La mayoría demócrata, reforzada con algunos republicanos, hizo notar su apoyo a Obama poniéndose de pie y aplaudiéndole con fervor mientras reiterados abucheos obligaron a reconocer la  sostenida oposición por parte de la minoría republicana. 

La sesión plenaria del Congreso,  transmitida en vivo  por radio y TV, permitió a la audiencia hispanohablante escucharla y verla por CNN en español. Pude así ser testigo a distancia de ese singular hecho de la democracia norteamericana: la comparecencia de un Presidente, por iniciativa propia, ante el Congreso reunido en sesión plenaria, para recibir su propuesta de reformar el sistema  asistencial de salud a fin de que cubra, con sus seguros, un mayor número de ciudadanos, preste mejores servicios y racionalice sus costos.
 
Obama habló durante más de 45 minutos sin papel ni notas ni telepronter, sin vacilación alguna, con dominio pleno de la palabra, la mirada, la mímica. Es sin duda uno de los más notables oradores en el mundo contemporáneo, lo que  explica su triunfo en las elecciones presidenciales. Más todavía, se va demostrando verdadero estadista, tal vez el llamado por la Providencia para retardar la decadencia de Estados Unidos. Esta vez Obama señaló errores y aciertos en la actual USA y de modo especial en el sistema de salud. Con certero índice denunció las claves morales de la controversia; recordó que las reformas que él pide llevan décadas de empantanamiento en el Congreso, con triple consecuencia: aumento del número de ciudadanos no atendidos con los seguros asistenciales, disminución de la calidad de los servicios prestados, y aumento sin límite de las utilidades  en empresas de servicio convertidas en extorsionador negocio. Pidió unidad, entendimiento y buena voluntad a quienes se oponen a reformar el sistema y exhortó a apoyar la propuesta que formula.  
 
Valientemente, y no siempre entre líneas o eufemismos,  Obama  denunció el expansivo inmoralismo de la actual sociedad: minorías opulentas, mayorías  depauperadas, pobrezas que se disfrazan, valores que periclitan, deontología en crisis, ilimitado afán de obtener ganancias en la fabricación y expendio de medicinas, los servicios médicos y hospitalarios, el creciente número de abortos (se debe prohibir -dijo- que se los auspicie con fondos federales).  ¡Medite el mundo el texto de este trascendental discurso!

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