1 de septiembre de 2019 00:00

Solo el 3% de las calles de Quito tiene nombre de mujer; una propuesta busca reconocer a Tránsito Amaguaña

En las vías de Ponciano Bajo, en el norte de Quito, se destacan nombres de mujeres. Foto: Galo Paguay/ EL COMERCIO

La fábrica de las placas prediales y viales se ubica en la calle Gualaquiza, en el norte. Foto: Galo Paguay/ EL COMERCIO

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Betty Beltrán
Coordinadora (I)

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De las 11 696 vías que tiene Quito solo 389 (3,3%) llevan nombres de mujeres insignes, cantidad mucho menor a las 3 612 (30,8%) que tienen nombre de ilustres varones.

Estos datos le sirvieron a la concejala Andrea Hidalgo para proponer que la Ruta Viva sea sustituida por Tránsito Amaguaña, la avenida De los Granados por María Augusta Urrutia y la vía Collas por Hipatia Cárdenas.

Como parte de la propuesta, se contemplaque se dé prelación a las mujeres en la identificación de las nuevas arterias o en las 5 488 (46,9%) que solo están codificadas (número y letras). Y equiparar, sostiene la concejala, la presencia de ellas en las vías de la ciudad.

El proyecto que corresponde a las normas para la nomenclatura del Distrito se presentó a la Unidad de Uso de Suelo para su tratamiento, solo después de dos sesiones pasaría al Pleno del Concejo y se reformaría la Ordenanza 160.

Con ello se corregirá la disparidad de género porque, incluso, las vías llevan apelativos de fechas de batallas, otras ciudades, países y hasta valores (De la Amistad, Del Amor...), como en un barrio de la parroquia de Conocoto, en el valle de Los Chillos.

En las vías de Ponciano Bajo, en el norte de Quito, se destacan nombres de mujeres. Foto: Eduardo Terán/ EL COMERCIO

En las vías de Ponciano Bajo, en el norte de Quito, se destacan nombres de mujeres. Foto: Eduardo Terán/ EL COMERCIO

También hay espacio para nombres que pueden llamar la atención. Por ejemplo, el de constelaciones (Orión, Cruz del Sur...), en Alangasí; o del arcángeles (Miguel, Gabriel...), en Colinas Alto.

La identificación de calles es una herramienta esencial para que la urbe reconozca a aquellas personas con méritos. De ahí que, en el trazado del barrio Ponciano Bajo, se privilegió, desde el 2015, a mujeres destacadas: Isabel de Santiago, Josefa Tinajero, Rosa Campuzano... Pero en vías antiguas el rastro de ellas es casi nulo.

Por eso, Patricio Guerra, cronista de la Ciudad, está convencido que “hasta la historiografía hizo una especie de direccionamiento en favor de los varones”.

Desde la Colonia, las calles de Quito tuvieron sus identificaciones y una de las primeras fue la Cuerda, actual Venezuela. A partir de ella surgieron las restantes. Los nombres que se ponían eran según las actividades o accidentes geográficos: El Chorro de Agua, El Comercio Bajo, De las Herrerías

En las vías de Ponciano Bajo, en el norte de Quito, se destacan nombres de mujeres. Foto: Eduardo Terán/ EL COMERCIO

En las calles de Ponciano Bajo, sector ubicado en el norte de la capital, se destacan nombres de mujeres. Foto: Eduardo Terán/ EL COMERCIO


En la actualidad hay otra lógica. Lorena Izurieta, gerente de Planificación de la Empresa Pública Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas (Epmmop), menciona que los moradores son quienes generan la de asignación de nombres, que luego la comunican al Municipio. El sector debe estar regularizado.

Posteriormente, la Epmmop hace un análisis técnico de factibilidad y el Cronista de la Ciudad entrega el aval histórico. Todos esos datos se ponen en consideración de la Comisión de Uso de Suelo y finalmente pasa al Concejo para su discusión en dos debates. En tres meses, la aprobación de un nombre se emite (Ordenanza).

En promedio, este momento tienen 20 solicitudes de asignación de calles en diferentes puntos de la urbe. Las propuestas de los moradores son de especies endémicas, santos, ángeles... También hay pedidos hechos por embajadas para que las calles lleven nombres de países o ciudades.

A partir de la aprobación de la Ordenanza, por el Concejo, la Epmmop comienza con la fabricación e instalación de las placas. Se las hace con un tol galvanizado, con pintura metalmecánica o reflectiva.

Pamela Villacrés, directora de Señalización Vial, apunta que cada placa tiene su costo: la pequeña, aquella que va sobre el ingreso a la vivienda, cuesta USD 8,29 (mano de obra e instalación); ese dinero se descuenta al usuario a través de la planilla de agua potable. La placa vial grande vale USD 16,20 y la pequeña 12,08.

Los nombres, insiste el Cronista, dan una representatividad y empoderamiento a un determinado sector. Por eso, es necesario que recuerden la identidad quiteña o la historia nacional, tal cual Tránsito Amaguaña en la Ruta Viva, María Augusta Urrutia en la De los Granados e Hipatia Cárdenas en la Collas. Para diciembre esas mujeres ya estarán en las placas de tol verde.

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