30 de October de 2011 00:02

‘Respeto significa ser tolerante y escuchar a los que piensan distinto’

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Mauricio Rodas ha vuelto al país y se quedará trabajando en una iniciativa ciudadana:  la del micrófono del respeto. Él cree en la posibilidad de un consenso.

¿Alguien que según el Gobierno ha irrespetado al Presidente anda por el país con un “micrófono del respeto”?

Yo en ningún momento le he faltado el respeto al Presidente. Todo lo contrario, he venido promoviendo la necesidad de rescatar el respeto en el país.

El Presidente lo ha criticado mucho en sus enlaces...

Seguramente porque hace año y medio presenté el listado de agravios e insultos del Presidente en sus enlaces sabatinos.

¿Qué demostró con eso?

Lo hice con el ánimo de llamar la atención respecto de la gravedad de que un Presidente que debería dar ejemplo de unidad, paz y respeto sea quien esté utilizando un lenguaje constantemente agresivo y humillante frente a sus mandantes y a los ciudadanos.

¿Usted respeta al Presidente de la República?

Por supuesto. Le respeto a él como a cualquier ciudadano en el país, porque el respeto es un valor esencial de una convivencia civilizada en una democracia.

Y el respeto es un asunto de ida y vuelta...

Exacto. Por eso, hace algunos meses inicié la campaña del micrófono del respeto, porque me parece esencial rescatar el valor del respeto en el Ecuador.

¿Cómo funciona el micrófono del respeto? ¿Qué es?

El micrófono del respeto es un símbolo que surgió luego de que fui insultado y descalificado por haber presentado un índice de pobreza en el Ecuador, índice que, por cierto, recibió reconocimientos a escala internacional.

¿Qué tiene que ver el micrófono del respeto con el índice de la pobreza?

El Ecuador fue el único país en el que un gobernante cuestionó ese índice a base de argumentos que fueron desvirtuados en la parte técnica. Pero luego de haber recibido esos insultos yo invité al Presidente a un debate público, porque quien insulta debería ser capaz de sostener su postura de cara al ciudadano afectado.

¿Ese micrófono era para el Presidente, entonces?

Sí, para ese debate teníamos preparado este micrófono pero, lamentablemente, el Presidente no acudió a esa invitación.

¿Cuál era la idea de llevar ese micrófono?

Que el debate fuera respetuoso y constructivo, que sirviera para aportar ideas y soluciones a los problemas de la pobreza en el Ecuador.

Y ahora, ¿para qué sirve el micrófono del respeto?

Luego de que el Presidente no acudió al debate empezamos a recibir invitaciones de diferentes ciudades y localidades del país para realizar encuentros ciudadanos donde planteamos una nueva visión para construir un gobierno responsable y superar la pobreza en medio de un diálogo donde prime el respeto.

¿No es utópico intentar construir desde abajo un ambiente de respeto cuando en muchos casos la situación ya se ha desbordado?

Yo cuestiono el irrespeto venga de donde venga. Pienso que todos debemos ser respetuosos en una sociedad. Nosotros debemos respetar al Presidente y el Presidente nos tiene que respetar a nosotros, en eso radica una convivencia civilizada y una democracia…

¿Es posible la convivencia civilizada en un país donde se agudiza la violencia verbal contra quien discrepa?

Lo importante es no quedarnos en inculpaciones ni acusaciones del uno contra el otro. Gracias al micrófono del respeto ya hemos visitado ocho provincias, con encuentros de ciudadanos que se sienten escuchados.

¿Aunque discrepen con usted o con los organizadores?

Se trata, precisamente, de discrepar con respeto. El objetivo, que en realidad hasta ahora sí hemos logrado, es armar foros de ideas, planteamientos, inquietudes y propuestas que puedan ser expresadas en un entorno de tolerancia y dignidad.

¿Qué dicen los ciudadanos cuando ven sobre la mesa ese micrófono?

Muchas cosas positivas. Y si seguimos en esto, como vamos a seguir, estoy seguro de que el micrófono se convertirá en un símbolo del respeto que debe imperar en el Ecuador.

¿Respeto a qué respeto a quién?

A la libertad de expresión, al criterio contrapuesto, a la crítica. Ya es hora de que en el Ecuador el diálogo entre ciudadanos y autoridades se realice en un ambiente de escuchar al otro, de decir lo que se piensa sin necesidad de agredir ni descalificar. La diversidad es clave en una democracia.


El Gobierno puede decirle: “¿Quién es usted para ir recogiendo por el país inquietudes ciudadanas? ¿Quién le dio esa atribución?

Soy un simple ciudadano preocupado por lo que ocurre en el país y nadie tiene por qué darme una atribución para hacerlo.

Pero el Régimen podría argumentar que ese es el trabajo de quien gobierna...

No, ¿por qué? En una democracia todos tenemos el legítimo derecho a conversar, a dialogar, a escuchar respetuosamente y por supuesto a plantear propuestas para mejorar la calidad de vida de los ecuatorianos.

Según el oficialismo, es el Gobierno el que está haciendo el cambio, las propuestas, las nuevas ideas, la estructuración de un nuevo Estado...

Es el deber de todos los ciudadanos, no solo del Gobierno. Y debe quedar claro que como ciudadanos todos tenemos los mismos derechos y todos podemos tener iniciativas para plantear soluciones. En eso radica la consolidación de la democracia.

Aparentemente, en el país los ciudadanos que discrepan con el Régimen optan por el silencio. ¿Eso sucede cuando usted va por las provincias con su micrófono?

Eso del silencio es una percepción que en muchos casos se vuelve inexacta. De los recorridos que estoy haciendo identifico que los ciudadanos quieren ser escuchados, que existe un enorme potencial para que las voces ciudadanas se canalicen de manera adecuada e influyan verdaderamente en la toma de decisiones en el ámbito público.

¿Hay una mayoría que no se siente escuchada?

En todas las provincias que he visitado existe un enorme deseo de los ciudadanos por participar en las decisiones del Estado y de su comunidad, por elevar su voz y que esa voz sea escuchada con dignidad y consideración.

Si usted dice que los ciudadanos no se sienten escuchados, ¿cómo explica la alta popularidad del Gobierno y del presidente Correa?

Yo reconozco que el Gobierno ha tenido iniciativas importantes, por ejemplo el conjunto de acciones que se desarrollan desde la Vicepresidencia de la República en favor con las personas con discapacidad. También creo que es positiva la mejora de la infraestructura vial. Aplaudo el incremento de recursos para el sector social... Creo que todo esto es positivo, que debe continuar y que se puede mejorar aún más.

Entonces, ¿por qué la crítica al Gobierno?

Porque quedan muchas otras cosas por hacer.

¿Cuáles, por ejemplo?

La inseguridad pública está creciendo de manera dramática. No hay estímulo a la competitividad, a la inversión, al desarrollo económico y a la generación de empleo digno y bien remunerado.

¿Eso le dicen a usted en los foros provinciales con el micrófono del respeto?

Sí, claro. Existen clamores generalizados. Por ejemplo, que mejore la economía familiar, que se promueva el fortalecimiento de las instituciones, que se combata de manera adecuada a la corrupción, que se incentive de mejor manera la equidad de género, que no puede ser que en un país donde el 50% de la población es femenino no hayan los mismos derechos para acceder a un buen trabajo y un buen sueldo. Son rezagos importantes.

Sin embargo de estos ejemplos, insisto, ¿cuál es la explicación de la popularidad del Gobierno?

Creo que en la popularidad del Gobierno influye notoriamente el enorme aparato propagandístico que tiene. Ya hemos hablado del inmenso número de cadenas nacionales que se difunden en el Ecuador, los enlaces sabatinos, el millonario gasto en publicidad. Todo eso, evidentemente, contribuye a mantener los altos niveles de popularidad por parte del Presidente y de su Gobierno.

¿El Gobierno no tiene derecho a usar esos espacios?

Yo creo que es legítimo, y todo Gobierno tiene el deber y el derecho de informar a los ciudadanos sobre las actividades que realiza. Pero una cosa es eso y otra muy distinta es usar recursos públicos ya no para informar solamente sino como un instrumento de ataque y persecución a los sectores que el Gobierno considera sus adversarios.

¿Cómo deberían ser usados esos espacios en beneficio de los ciudadanos?

Por ejemplo, difundir acciones de políticas públicas. Qué hacer frente al sarampión… Yo estoy completamente a favor de una comunicación gubernamental encaminada a informar a los ciudadanos sobre temas de trascendencia social, pero estoy en contra de la utilización de los recursos públicos con fines clientelares, proselitistas o, peor aún, de ataque contra adversarios políticos.

Por todo eso, volviendo al micrófono del respeto, parece irreal plantear la construcción democrática del país...

Es muy preocupante que esa sea la realidad en el Ecuador. Pero la gente va tomando conciencia de que con un país confrontado, dividido y polarizado, será imposible progresar. Es urgente dejar atrás la confrontación y avanzar hacia la construcción de grandes acuerdos nacionales como en Brasil, Chile, Costa Rica, Uruguay, Perú...

¿Aunque sean gobiernos de derecha o de izquierda?

Ese concepto es obsoleto. Cuando voy por las provincias, la gente no habla de izquierda o de derecha. Habla de consensos, de modelos contemporáneos de país, de continuidad. Lo que importa no es la izquierda o la derecha, sino que las políticas públicas sean de un gobierno responsable.

¿No es este un Gobierno responsable?

Hay cosas del actual mandato que se apegan al modelo de gobierno responsable, como las que mencioné hace un rato, pero también creo que existen muchas otras cosas en las que el Régimen se aleja del criterio de ese modelo de gobierno responsable.

¿Por qué no vuelve a invitar al presidente Correa a un foro provincial con el micrófono del respeto? ¿Por qué no invitar a funcionarios del Régimen a que escuchen a los ciudadanos?

Por supuesto que esa ha sido la intención siempre. Cuando presenté el índice de pobreza yo fui a dejarlo en el Palacio de Carondelet y le ingresé por la ventanilla de Recepción de documentos. Hemos venido presentando propuestas en diferentes campos desde la ciudadanía y el ánimo es ese, que la autoridad escuche sus planteamientos.

¿Lo que hace falta es un mecanismo de diálogo directo entre los ciudadanos y las autoridades, en especial con el poder central?

Ese es el objetivo del micrófono del respeto a través de los recorridos y los encuentros ciudadanos. Si los ciudadanos no pueden tener un diálogo directo con las autoridades, el micrófono del respeto podría servir de canal para que esas propuestas ciudadanas puedan ser escuchadas, puedan ser tomadas en cuenta por la autoridad pero con tolerancia, con actitud de escuchar, sin insultos y sin descalificaciones.

¿Está preparada la gente común para hacer propuestas trascendentes?

Absolutamente sí. Todo lo que dicen los ciudadanos en los foros provinciales puede convertirse en insumo importante para el diseño de políticas públicas en el Ecuador. Esa es la nueva visión.

¿Es una estrategia personal para hacer política?

Renuncié a la fundación Ethos con el deseo de volver al país y dejar México. No tengo afanes políticos. Solo quiero dos cosas: que mi hijo que nacerá dentro de pocas semanas lo haga en el Ecuador y que se mantenga la iniciativa ciudadana para canalizar un consenso y una agenda nacional donde todos participemos para construir un gran modelo de país.

HOJA DE VIDA
Mauricio Rodas      

Su trayectoria.  Ex director de la fundación Ethos, con sede en México. Hace poco decidió   volver al Ecuador y quedarse a vivir aquí.

Sus discrepancias.  Polemizó con el Gobierno  cuando presentó  un informe sobre los enlaces sabatinos, y luego un índice de pobreza.  El micrófono del respeto es un símbolo que surgió luego de ser insultado y descalificado.

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