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Navarro y Córdoba dan clases de participación

La mesa directiva.   Fue presidida por Marcela Miranda,  Domingo Paredes, Mercedes de Meroño, Antonio Navarro y Piedad Córdoba.

La mesa directiva. Fue presidida por Marcela Miranda, Domingo Paredes, Mercedes de Meroño, Antonio Navarro y Piedad Córdoba.

Antonio Navarro Wolff bajaba con dificultad las gradas del tercer piso de los salones protocolarios del Municipio de Quito, cerca de las 20:00 del pasado miércoles.

Su andar lento viene de las secuelas del atentado que sufrió, en mayo de 1985, en una cafetería de Cali, cuando un colaborador del Ejército lanzó una granada que causó una explosión a diez centímetros del pie. Sufrió una herida grave. Una esquirla le hirió de la rodilla para abajo. En México le amputaron la pierna y su recuperación fue en Cuba, donde le hicieron una prótesis.

El segundo ex comandante del M19 y artífice de la paz en Colombia, gracias a la aprobación de una Constitución más incluyente (1991), llevaba el botón de oro que, minutos antes, el alcalde Augusto Barrera le fijó en la solapa declarándole Huésped Ilustre de Quito. Lo mismo hizo con la ex senadora Piedad Córdoba, presidenta del Movimiento Colombianos por la paz; y Mercedes de Meroño, vicepresidenta de la Asociación Madres de la Plaza de Mayo desde 1979.

Los tres activistas por los derechos humanos asistieron al encuentro internacional Buenas prácticas de participación ciudadana en la región, organizado por el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social -Cpccs- que nació con la Constitución de Montecristi (2008).

El Cpccs y su titular, la socióloga Marcela Miranda, querían conocer experiencias de primera mano sobre la participación de la gente de otros países en proyectos que han mejorado sus vidas.

Y también inaugurar la casa del Consejo: un moderno y bien equipado edificio, en la Santa Prisca y Vargas. “Un sueño cumplido”, como dijo Miranda, a los dos años de creación del Cpccs, “que aspira a motivar a la gente para que construya una democracia participativa en vez de la actual, representativa”.

Navarro, alto y elegante en su traje azul marino, se sorprendió al ver la iluminada Plaza de la Independencia. “Es una estampa maravillosa -dijo- ustedes tienen un tesoro colonial único en América Latina”. Un grupo de chicas, empleadas del Consejo y del Municipio quiteño, sonrió por el piropo lanzado a la capital.

Al poco tiempo subió a un auto que lo llevó al Hotel Colón. “Adiós, mañana será un día intenso”, acotó, y el auto se perdió por la calle Venezuela llevando al hombre que el viernes 9 de marzo de 1990, junto a Carlos Pizarro León-Gómez, comandante del M19, suscribió la paz con el presidente Virgilio Barco.

A las 19:00 del miércoles, en los salones de cortinas doradas y lámparas barrocas, en la esquina de la Chile y Venezuela, el alcalde Barrera alabó la lucha de los tres personajes en varias esferas.

Por ejemplo, de Piedad Córdoba reconoció su lucha por liberar a los secuestrados por las FARC y promover la paz en su país.

Córdoba, de amplia sonrisa, asentía las palabras de Barrera; De Meroño, de apariencia frágil y férreo carácter, veía los óleos de los ex alcaldes: Paco Moncayo, Rodrigo Paz, Sixto Durán Ballén, Gustavo Herdoíza...

Navarro agradeció a nombre de los tres. Fue un breve discurso salpicado por el humor pastuso.

“Somos iguales, nos encantan los llapingachos y el hornado, tenemos la misma raíz, ya que en la Colonia muchos artesanos de Quito emigraron a Pasto”.

El público aplaudió. La risa estalló cuando el ex Alcalde de Pasto y Gobernador de Nariño (2008-2011) expresó que “habla como un quiteño apastusado, aunque no se note”.

Rosa Mireya Cárdenas, la Secretaría de Pueblos y Movimientos, y Édgar Frías, asesor, ex guerrilleros de Alfaro Vive Carajo, aplaudieron las ocurrencias de Navarro (Pasto, 1948).

El vicealcalde, Jorge Albán, también reía. Luego vinieron las fotos, los autógrafos, los abrazos.

En el auditorio repleto

En la mañana del pasado jueves, en la movida esquina de la av. 10 de Agosto y Santa Prisca, entrada al Quito viejo, había más gente que en un día cotidiano.

Hubo gritos y alboroto. Decenas de personas querían escuchar las experiencias de participación ciudadana de los tres personajes invitados: Navarro, Córdoba y De Meroño.

Activistas de Alianza País, mezclados con empleados del Consejo, presidentes de juntas cantonales y parroquiales, gente de a pie y militantes de izquierda pugnaban por entrar al auditorio del Banco Central.

A las 10:15 estaba lleno. Instalaron una TV gigante en el parque del Sol, atrás del edificio del Banco, para que la gente que se quedó sin boleto siguiera el debate.

Piedad Córdoba se ubicó frente al atril del proscenio, adornado con cinco grandes ramos de flores. Vestía una holgada y colorida blusa caribe. Gestual. Gran oradora. Pronto atrajo la atención.

“El reto -dijo- es pasar de la democracia representativa y formal a la popular, por ello el ser humano debe ser el centro para que goce de sus derechos”.

Sin más preámbulos evocó los ejemplos de participación ciudadana en Colombia. Dijo que existe, en estos tiempos, una fuerte discusión entre las comunidades de varias regiones por la explotación minera a cielo abierto.

“En Colombia -agregó- las multinacionales tratan de modificar la consulta previa en las comunidades que quieren proteger el medioambiente, el agua, pero la lucha persiste”. Citó el caso de una comuna en Santander que enfrentó a una compañía, que intentó pasar por alto la consulta previa, y explotar el llamado Cerro de Oro, sagrado para la gente de ese departamento. “El proyecto se frenó, la licencia se derogó, eso se consigue solo con la unidad de todos en busca del buen vivir”.

El auditorio la aplaudió.

Pero el reto de Córdoba y del Movimiento Colombianos por la paz, es justamente la ansiada paz.

Habló de cifras que dan escalofrío: 5 millones de desplazados internos, 8 millones de indigentes, 18 millones de pobres, 3 mil ejecuciones judiciales, 7 millones de ha quitadas a los campesinos. “La educación -sostuvo- intentó ser privatizada, mas una fuerte movilización estudiantil, a escala nacional, la impidió”.

Navarro Wolff, con voz grave, recordó que desde la Alcaldía de Pasto (1995-1997) promovió el manejo transparente del presupuesto. Para ello convocó a 300 cabildos abiertos

Eran foros democráticos en los cuales los ciudadanos decidían la sobras prioritarias para construir.

“La demanda era inmensa, a veces las obras pasaban de 1000, sin embargo, la gente decidía, siempre mediante apoyo de técnicos, las prioritarias; las obras pendientes quedaban para el próximo año”. “Así evitábamos el clientelismo, así construíamos ciudadanía; la Constitución del 91 es más incluyente y solidaria ”, dijo, y otra vez los aplausos.

El discurso de Mercedes de Meroño navegó entre la ternura y los hechos violentos. “Toda la lucha de las Madres de la Plaza de Mayo -reconoció- fue por amor a los hijos que parimos, cada jueves nos convocamos para decirles aquí estamos, nunca los olvidamos”. Ellas dejaron las casas y ocuparon las plazas y calles, cuando la dictadura del general Videla se llevó a sus hijos. Las apresaron, las insultaron, persistieron en la calle, “donde se construye la democracia”.

Marcela Miranda cerró el acto. Dijo que la Cpccs da los primeros pasos para hacer un Ecuador más incluyente, democrático y digno.

Detalles de la cita

El abogado Fernando Cedeño, vicepresidente de la Cpccs, hizo un recuento de las luchas de los barrios  quiteños  en la Colonia, hasta la caída de ex presidentes Bucaram, Mahuad y Gutiérrez.

Alexandra  Moncada,  coordinadora técnica de la Cpccs, dijo que en el país, mediante talleres, se está promoviendo la participación ciudadana en favor de una democracia amplia. “Nos falta aprender más, la Constitución del 2008 es una gran herramienta para el cambio”.

María Maya, maestra jubilada  del colectivo Con mi propia voz, reclamó con vehemencia, porque muchas preguntas,  que pasó el público en papelitos   a la mesa central, no fueron respondidas. Quedaron inquietudes de la consulta previa, minería, etc. El grupo de Maya es muy activo en Carcelén y en Calderón.