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La muerte cruzada revela la tensión política en el interior del Gobierno

Juan Carlos Holguín (centro) fue nombrado Canciller por el Presidente, en enero de este año, y es parte de Ecuador Libre, junto con Aparicio Caicedo.Foto: Archivo/ EL COMERCIO

Cuando el 29 de marzo, la exministra de Gobierno, Alexandra Vela, hacía pública su renuncia, no solo revelaba que el Gobierno discutía la muerte cruzada, sino que había posiciones en conflicto. Al final, Vela -conocida militante de la extinta Democracia Popular (DP)- salió del Régimen. Días después lo hizo Juan Manuel Fuertes, parte del Ministerio de Gobierno y de la DP.  

En su carta, la exministra señaló: “Soy consciente de que al cumplir con mi deber hacia usted y hacia el Ecuador, insistiendo en que la única opción es la muerte cruzada, he causado molestia a sus colaboradores y, en algún momento, ­desasosiego a usted”.  

Ese fue el momento en que se decidió descartar la muerte cruzada. Con la salida de Vela, la consulta popular volvió a estar sobre la mesa y ahora, según Francisco Jiménez, ministro de Gobierno, la opción es llamar a las urnas antes de las ­seccionales de 2023.  

¿Qué muestra la salida de Vela? En principio, que puertas adentro hay una reestructuración. El analista y docente universitario Daniel Crespo propone ver quién está detrás del Presidente.  

Afirma que hay un núcleo fuerte del movimiento oficialista Creo, que tiene estrecha relación con Ecuador Libre. Este último se define a sí mismo como un “tanque de ideas”, en donde se ubica el ala más liberal del Ejecutivo en lo económico. Entre las caras más visibles se identifica al consejero Aparicio Caicedo. Puntualiza que ese núcleo tiene una agenda doctrinariamente más purista que la de Creo.

Sin embargo, esa ala es la menos experimentada. Hay gente joven que no ha pasado por la administración de lo público. Esa carencia intenta ser llenada por cuadros de la exDP, a criterio de Crespo. 

Nathalie Arias, asambleísta por Creo e integrante de Ecuador Libre, cree que los exDP han estado siempre con Lasso. Sin ser iguales en todo, muchas veces llegan a complementarse, anota.  

Desde enero pasado, el Gabinete no ha tenido grandes variaciones. Juan Carlos Holguín fue nombrado Canciller. Él es uno de los directores de Ecuador Libre. 

Francisco Jiménez pasó de la Asamblea al Ministerio de Gobierno, para manejar la política, tras la división de esa Cartera de Estado. Se considera un hombre de Creo. 

Por su parte, Patricio Carrillo asumió la seguridad en el Ministerio del Interior. Fue comandante de la Policía en el Gobierno de Lenín Moreno y muy cercano a la exministra María Paula Romo.  

En lo económico, las riendas las lleva Simón Cueva, quien colaboró con el FMI. En campaña, tanto los integrantes de Ecuador Libre como el mismo Presidente se mostraban en contra de aumentar impuestos, una posición del ala más liberal. Sin embargo, el Ejecutivo defendió y pasó su Ley Tributaria por el ministerio de la Ley. 

Otra muestra de que no fue posible seguir al pie de la letra la agenda de Ecuador Libre fue la división del Ministerio de Gobierno. La idea de achicar al Estado se topó con que la política y la seguridad ciudadana debían tener, cada una, un ministro.

También se creó la consejería de Gobierno para temas políticos, a cargo de Diego Ordóñez, quien fue el último presidente de la Unión Demócrata Cristiana (UDC) y hoy es parte de Ecuador Libre.  

Para Ordóñez no existe una pugna entre ambas fuerzas. Sostiene que él es la muestra de que no hay fricciones. Fue parte de la Democracia Cristiana y ahora de Ecuador Libre. “Somos un solo equipo”, comenta.

A diferencia de Ordóñez, Jiménez reconoce que sí hubo dos posiciones frente a la muerte cruzada. Dice que está bien que así sea, porque no se promueve el pensamiento único.