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Isabel Robalino, a sus 102 años, analiza la realidad política desde su hogar, el Convento de Santo Domingo

Robalino, quien como pocos superó el centenario de existencia conservando la lucidez, dice que se mantiene en la lucha contra la corrupción. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Robalino, quien como pocos superó el centenario de existencia conservando la lucidez, dice que se mantiene en la lucha contra la corrupción. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Robalino, quien como pocos superó el centenario de existencia conservando la lucidez, dice que se mantiene en la lucha contra la corrupción. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

El Convento de Santo Domingo, en el Centro Histórico, es uno de los templos quiteños en donde se puede encontrar manifestaciones artísticas con influencia árabe o arte mudéjar. Entre los patios de sus claustros, los visitantes también se pueden encontrar con Isabel Robalino, integrante de la Comisión Nacional Anticorrupción (CNA), una de las primeras abogadas del país, excongresista y dirigente social.

La destacada abogada, a sus 102 años, reside en el Convento Dominico. En ese complejo arquitectónico, que se empezó a construir en 1541, también viven otros ocho religiosos.

Cada mañana, después de ir a misa, Robalino realiza sus lecturas en el patio del claustro mayor, a pocos pasos de la fuente de piedra anclada en el centro del complejo. Un total de cinco enfermeras se encargan del cuidado de la representante de los gremios de trabajadores. Cada día se turnan para asistir a la jurista.

Isabel Robalino, integrante de la Comisión Nacional Anticorrupción (CNA), una de las primeras abogadas del país. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Robalino, sin mostrar cansancio, dice que no tiene una agenda fija, pues con cierta frecuencia asiste a reuniones de las organizaciones a las que pertenece. Por eso siempre está presente en los anuncios que realiza la CAN.

El personal que trabaja en el templo de Santo Domingo la saluda con respeto. Todos la llaman Doctora. Bajo un intenso sol propio del verano quiteño, Robalino hizo un análisis de la coyuntura política del país. Se apoyó de una hoja en la que anotó ideas para sus respuestas. Quienes la conocen, aseguran que siempre ha mantenido esa prolijidad.

Robalino, quien como pocos superó el centenario de existencia conservando la lucidez, dice que se mantiene en la lucha contra la corrupción, pues “va más allá de un hecho que afecta a los recursos del Estado”. Cree que estas prácticas inciden en toda la estructura social y en la convivencia.

Al pedirle su opinión sobre el Consejo de Participación Ciudadana (Cpccs), se le viene a la memoria el nombre de su colega, Julio César Trujilo. “Creo que en la última parte de su presidencia, del Consejo Transitorio, ya pensó que era una función inútil, es decir, no era tan necesaria”.

Isabel Robalino, a sus 102 años, reside en el Convento de Santo Domingo en Quito. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Robalino considera que el proceso de reinstitucionalización impulsado por Trujillo “fue oportuno”. También criticó los casos de corrupción de la década pasada, que se han destapado en los últimos meses.

Sobre si es la primera abogada graduada del país, Robalino no pierde la modestia y responde que “cree que antes que ella, ya hubo otra señora en Guayaquil”. Pese a ello, se refiere a las políticas de equidad de género y dice que aún hay camino por recorrer. “Esto está ya en la Ley, pero aún falta en la aplicación, en la práctica”.

Al abordar el tema, hace memoria y dice que mientras ejercía funciones en el Congreso, propuso que entrara en vigencia el voto obligatorio para mujeres. “Era solamente obligatorio para los hombres pero no para las mujeres, entonces era dar un privilegio a los hombres en la creación de la Ley, pues se estaba de hecho distinguiendo una nación solamente de hombres”.

Marcela Días, una de las asistentes de la abogada, impulsa su silla de ruedas para que recorra los corredores del convento. En esos paseos, Isabel se convierte en una suerte de guía turística, pues describe los cuadros de santas, como Carmelita y Catalina, o hace referencia a las cúpulas forradas de tejuelos vidriados, que demuestran la influencia árabe del Convento.

Un total de cinco enfermeras se encargan del cuidado de la representante de los gremios de trabajadores. Cada día se turnan para asistir a la jurista. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

En el patio del claustro mayor hay un cuadro en especial que le trae recuerdos, elaborado en el siglo XX por el padre Inocencio Jácome. En el lienzo se observa a Jesús rodeado de obreros y trabajadores modernos. Robalino contó que fue justamente el padre Jácome quien la introdujo en la defensa de los sindicatos de trabajadores. “También se dedicó a la promoción de la vivienda popular y a la educación. Fue una figura notable”, recordó.

A pocos metros de ahí se encuentra el refectorio o antiguo comedor. Este espacio fue decorado en el siglo XVII con un artesonado mudéjar. Se trata de uno de los lugares favoritos de Isabel Robalino. La enfermera asegura que es un sitio al que no todos pueden acceder.

Ahí, la abogada contempla las tablas encarnadas de santos y series pictóricas de los reyes del antiguo testamento. Al salir, consulta si tiene actividades en su agenda para los próximos días. Con 102 años sobre su espalda, asegura que no existe un secreto para conservar la vitalidad, más que llevar una vida sana.