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El insulto, ingrediente clásico en la política

Los enfrentamientos verbales entre los políticos ecuatorianos pueden ser coleccionados dentro de un gran capítulo de nuestra historia. Presidentes, diputados, líderes partidistas... la mayoría de ellos, en un momento dado, se han salido de sus casillas o, como ha sido el caso de León Febres Cordero, Abdalá Bucaram y Rafael Correa, han hecho de la diatriba su arma permanente de confrontación.

Cuando Ecuador volvió a la democracia en 1978, tres líderes parlamentarios destacaron por su discurso vehemente, irónico y con  insultos creativos;  muchos de ellos elegantes.

Carlos Julio Arosemena Monroy, Asaad Bucaram y León Febres Cordero enfilaron duros dardos contra el entonces presidente Jaime Roldós Aguilera. Pero en su discurso solemne e impecable no cabían ofensas de mal gusto. No obstante,  Roldós profirió frases duras que se han vuelto clásicas en la bitácora política del Ecuador: “Insolente recadero de la oligarquía”, contra Febres Cordero; o “los patriarcas de la componenda” contra ciertos parlamentarios,  retumbaron en su  momento.

Luego, Febres Cordero, ya de candidato presidencial y como mandatario, llevó el ejercicio de la política profiriendo duros términos contra sus adversarios.

Su delfín Jaime Nebot tuvo momentos embarazosos, en los que demostró su inclinación a la palabra grosera. Abdalá Bucaram tenía un estilo igual de  confrontador y con rasgos histriónicos que causaban sorpresa, molestia e indignación en las audiencias y en los políticos.

Otras figuras, como el propio Rodrigo Borja, usaban expresiones duras para combatir a sus adversarios. Lucio Gutiérrez, más por supervivencia política, también comenzó a insultar al final de su mandato. Hoy lo hace Rafael Correa.