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¿Todo fue una gran mentira?

Resulta difícil imaginar un país donde en tan solo dos años un policía que trató de matar al Presidente y que fue parte de una conspiración para derrocar a un Gobierno vuelva a servir, otra vez como policía, a ese mismo Presidente y a ese mismo Gobierno.

Difícil imaginar un país donde un día aparece el Presidente en tarzanesca presentación acusando al ex Director del Hospital de la Policía de haberle puesto candado para impedir que sea atendido cuando su vida corría peligro para que en apenas dos años, sin que haya mediado rectificación alguna, el Gobierno de ese mismo Presidente ordene que al oficial se lo admita nuevamente en su trabajo.

Evidentemente, imaginar un país así es visualizar una caricatura. Una caricatura donde los responsables de la administración pública son tan irresponsables que permiten que una persona tan peligrosa para la estabilidad democrática y para la vida del Mandatario vuelva a vestir el uniforme y a portar armas.

La única forma para asegurarnos de que la triste caricatura que estamos visualizando no existe en la realidad es que se admita que todo fue una gran mentira, una farsa. Que todo aquello que se dijo de aquel oficial el 23 de octubre del 2010 y que puede ser visto en YouTube fue producto de una mala información.

Para espantar la posibilidad de que esa caricatura sea una realidad de carne y hueso es necesario que aquel que lanzó las acusaciones pida disculpas, no solo al oficial al que mantuvieron en la cárcel seis meses, sino con quienes le pagan el sueldo de Presidente.