15 de January de 2012 00:02

El descarado gozo del poder

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Durante la mentada larga noche neoliberal, la política ecuatoriana estaba salpicada de abominables actos de corrupción y abusos de poder. Pero al menos había algo de pudor y vergüenza, que hacía que de vez en cuando esos abominables actos terminaran en escándalos que, a su vez, sumían a sus protagonistas en el más sórdido escarnio público.

Pero las cosas son distintas en la ya larga aurora del socialismo del siglo XXI. Hay dos ejemplos muy frescos.

Uno fue la cena que tuvieron en un restaurante de Quito Alexis Mera, secretario jurídico de la Presidencia, y Patricio Pazmiño, presidente de la Corte Constitucional. Si hubiera cierto pudor y cierta vergüenza, un acto de tamaña indelicadeza política hubiera generado un escándalo de proporciones. Y la insultante explicación de Pazmiño, asumiendo que los ecuatorianos son unos idiotas, de que estaban tratando la construcción del nuevo edificio de la Corte Constitucional, habría bastado para un juicio político.

Luego está el triste episodio en el que los asambleístas de Gobierno no tuvieron ni pudor ni vergüenza para dejar pasar por el llamado ministerio de la Ley un veto presidencial que consagra la agresión más grosera a la libertad de informar y de informarse. Aunque muchos reconocieron no estar de acuerdo con el texto, hicieron lo necesario para que quedara consignado como norma jurídica.

Así, traicionaron los principios más elementales de la honestidad. Esta vez no hubo pudor ni vergüenza que los obligara a ser consecuentes con sus principios.

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