2 de October de 2011 00:07

De por qué estaba irritado

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Debe haber sido irritante haber llegado al ansiado aniversario sin nada que refuerce la tesis por la que tanto se ha luchado los últimos 12 meses: el intento de golpe de Estado y magnicidio.

Lo único que hubo para sostener el mito de la contrarrevolución resultaron ser unas afirmaciones de Correa que rayaron en el ridículo.

Según Correa, la tesis de la intentona se demuestra en al menos tres reuniones conspirativas que hubo antes de lo que ocurrió en el Regimiento Quito, hace un año. En esas reuniones se habría planificado lo que ocurrió el 30-S.

La idea termina siendo alucinada cuando se piensa que para que se planifique algo como lo que ocurrió aquel día se tenía que, necesariamente, contar con la colaboración del propio Correa. Si no ¿cómo podían prever los conspiradores que el Presidente iba a ir al Regimiento Quito si se organizaba una insubordinación? ¿Cómo lo iban a secuestrar si no iba al lugar de los hechos?

Para que se haya planificado el secuestro del Presidente en un escenario como el del 30-S era necesario tener la absoluta certeza de que el objeto del secuestro iba a acudir al lugar. O que alguien lo convenza de que vaya, para lo cual era necesario que algún colaborador extremadamente cercano al Presidente haya coordinado con los conspiradores comprometiéndose a llevarlo al Regimiento Quito apenas estallara el problema.

Correa dijo que ese día se había planificado una “trampa política”. Pero para que una trampa como esa funcione era indispensable que alguien corriera hacia ella.

Por eso estaba tan irritado.

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