11 de marzo de 2018 00:00

El polígrafo ya no es clave para ingresar a la Policía

En el 2016, la Comisión de Reclutamiento de ese entonces consideraba que el pol{igrafo tenía una “alta cualidad técnica” y, por tanto, sus resultados eran concluyentes. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

En la prueba del polígrafo, los expertos interrogan de forma reservada a cada postulante. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

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Javier Ortega

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El resultado que arroja el detector de mentiras dejó de ser “determinante” para que un joven entre a la Policía. Antes sí lo era. El cambio fue dispuesto el 21 de julio del 2017 por Andrés De la Vega, ministro del Interior subrogante, a través del Acuerdo 0173 (art. 29).

El jueves, 15 de marzo del 2018, 400 chicos ingresarán a las filas policiales. Será la primera promoción que lo hará con esta modificación. En junio entrarán los otros 2 233 elegidos con este actual proceso de selección.

Daniela Valarezo, presidenta de la Comisión de Reclutamiento, indicó a EL COMERCIO que el proceso se reformó porque “muchos chicos” quedaban fuera luego de pasar por este dispositivo.

“Es evidente que el polígrafo, como es una máquina con el 86% de factibilidad y de veracidad, tiene fallas. Creemos que, como en todo el mundo, este aparato no debería ser una causa determinante para la exclusión de los postulantes a la Policía”, aseguró Valarezo.

En el 2016, la Comisión de Reclutamiento de ese entonces consideraba que este dispositivo tenía una “alta cualidad técnica” y, por tanto, sus resultados eran concluyentes.

De hecho, en marzo del 2015, la Policía utilizó los datos que arrojó el detector de mentiras para separar a 93 agentes que operaban en Esmeraldas, una provincia en la que se detectó presuntos nexos de uniformados con mafias de la droga.

Pero en enero pasado, un juez de primera instancia dispuso que 39 policías expulsados sean reintegrados a la institución, pues consideró que se vulneró el derecho a la defensa de los uniformados, según los abogados. El fallo fue apelado por el Ministerio del Interior y aún no se resuelve.

Tres años después de la salida de esos agentes, el resultado negativo en el polígrafo ya no determina su destitución, indica el general Lenin Bolaños, jefe de Inspectoría en la Policía. “Si no pasa, hacemos un análisis y ese compañero no irá a una unidad especial o a un trabajo muy sensitivo o delicado, como Antinarcóticos o Policía Judicial. Le podríamos poner en un área como policía preventivo”, señala el oficial.

En el caso de los aspirantes, el polígrafo es una de las cuatro evaluaciones que forman parte de la denominada prueba de confianza. Allí también constan los exámenes psicológico, toxicológico y económico.

Con la reforma, ahora, quienes fallan en el detector de mentiras tienen otra oportunidad de ingresar a la Policía.

Para eso, un agente de Inteligencia, un psicólogo y una trabajadora social tienen la orden de ir a las casas de los aspirantes y verificar su situación familiar. Hablan con sus padres y observan las condiciones en las que viven. De eso dependerá si entran a las filas policiales.

En el actual proceso de reclutamiento, por ejemplo, de los 1 960 candidatos que no superaron el detector, 1 095 fueron admitidos luego de las visitas realizadas a sus hogares.

En la prueba del polígrafo, los expertos interrogan de forma reservada a cada postulante. Les hacen preguntas como: ¿ha consumido drogas?, ¿ha recibido beneficios ilícitos?, ¿ha participado en hechos delictivos?, ¿ha cometido abusos de derechos humanos?

En los recorridos, Valarezo dice que conocieron el caso de un chico que falló en el polígrafo cuando le preguntaron sobre un posible nexo con narcotráfico. Y asegura que el postulante era de una localidad remota de Chimborazo y que no hallaron pistas de ese vínculo.

¿Se puede confiar en un dispositivo que relaciona a un muchacho cualquiera con drogas? Valarezo respondió esto: “pudo haberse puesto nervioso y generar alguna reacción que falle en el polígrafo”.

En otros países también ha sido analizada la fiabilidad del detector de mentiras. Lo han hecho las universidades Militar Nueva Granada de Colombia, de Stanford, Temple, British Columbia, Utah o el Departamento de Defensa de Estados Unidos. Todos los estudios llegaron a una conclusión similar: la exactitud del polígrafo está entre el 92,4 y el 96%.

En el caso de Ecuador, si bien este examen ya no es determinante, la Comisión decidió que las evaluaciones toxicológica y psicológica sí lo sean.

En la primera, que es una prueba antidrogas, los técnicos indagan si los aspirantes tienen un historial de consumo de narcóticos. En la entrevista psicológica se valora la adaptación familiar, social, emocional y profesional del candidato. De hecho, esta es una de las evaluaciones más complejas, luego del polígrafo.

En el 2014, por ejemplo, un agente de 23 años fue dado de baja tras ser detenido por el asesinato de un taxista. El uniformado, con ocho meses en la institución, disparó al conductor por la espalda, sin motivo. En el juicio, los psicólogos concluyeron que el sospechoso padecía un trastorno y que era adicto grave a las drogas.

En el actual proceso también se hicieron otros ajustes: se subió el cupo para aspirantes mujeres y se habilitaron 240 plazas exclusivas para etnias de la Amazonía. Los seleccionados trabajarán solo en esa zona.

En contexto

El actual proceso de selección se inició en julio del 2017, con la entrega de carpetas de los postulantes a través de la web. Hubo
50 130 inscritos. Ocho meses después, la fase de reclutamiento llegó a su fin con la selección de 2 633 jóvenes

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