15 de diciembre de 2018 00:00

510 policías fueron agredidos violentamente en 11 meses

El cabo Jhonny Camacho fue golpeado en el sector de Monjas-Quito. Foto: EL COMERCIO

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Redacción Seguridad

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Puñetes en el rostro y patadas en el cuerpo. Golpes con palos y piedras. Heridos con picos de botella y cuchillos. La agresión contra policías se repite en Quito, Guayaquil, Esmeraldas, Echeandía e Ibarra.

La madrugada del 30 de noviembre, por ejemplo, un hombre que libaba en la calle atacó con puñetes al cabo Jhon Torres, que patrullaba en la Plaza Foch, en el norte de Quito.

El agresor fue detenido, pero eso hizo que dos hombres golpearan a Jonathan Vega, otro policía que estaba en el patrullero. Uno le sostuvo por la espalda, mientras otro le dio dos puñetes en el rostro y le rompió la ceja. Ahora, ambos siguen su trabajo en La Mariscal.

Vega fue llevado al hospital y luego de ser curado quedó con moretones y un derrame en el ojo derecho. Tuvo que dejar de trabajar cuatro días y los agresores continúan detenidos.

En las Unidades de Policía Comunitaria es usual encontrar a uniformados que han sido atacados violentamente.

En el Departamento de Defensa Institucional de la Policía reposan 510 casos de agentes golpeados este año a escala nacional. Solo en Quito se han presentado 131 hechos.

El año pasado, en el país hubo 461 quejas.

De los casos recopilados, la entidad sabe que estos ataques se producen con mayor frecuencia en la noche y la madrugada, a la salida de los bares y discotecas o durante operativos de seguridad.

El Departamento de Defensa Institucional también ha documentado casos en los que los violentos han intentado quitar pistolas, toletes o el gas pimienta, para utilizarlos en contra de los uniformados.

¿Por qué ocurren estos hechos? En la Policía hay una explicación: los civiles no los perciben como autoridad por la nueva doctrina adoptada en el anterior Gobierno.

A raíz de la insubordinación del 30-S se debilitó la estructura que tenía la institución y en el 2012 cambiaron la vestimenta para la mayoría del personal.

Los cascos fueron reemplazados por gorras con visera, las botas por zapatos de charol.

Se ordenó que los pantalones se usen hasta abajo y se entregaron chompas.
Los policías atacados piden sanciones severas para estos hechos. El Código Penal (art. 283) castiga con cárcel de dos a seis años el delito de ataque y resistencia.

Mientras que el artículo 394 castiga con cárcel de 5 a 10 días a las personas que agredan físicamente a los agentes.

Carlos Carapaz estuvo ausente de su trabajo 25 días. Hace un mes, 15 personas golpearon con piedras, palos, puños y patadas a él y a otros dos policías que trabajan en Echeandía, un cantón de Bolívar.

Él miércoles, Carapaz estuvo en la UPC de Las Navas (Bolívar), a donde fue trasladado luego del ataque. Desde ahí habló con este Diario y contó que todo comenzó a las 03:00 de un sábado. Después de una fiesta masiva, un grupo bebía en la calle y los gendarmes pidieron que se retiraran. “Solo recuerdo que uno de ellos me golpeó con un palo en la nariz”.

La gente comenzó a aglomerarse y todos golpeaban a los uniformados.
El rostro de Carapaz estaba cubierto de sangre, al igual que su ropa. Los otros también estaban mal. Entonces se retiraron y por la radio llamaron a más policías. Los gendarmes fueron llevados al hospital local y tres civiles quedaron detenidos 30 días.

En el caso del cabo Jhonny Camacho solo hubo disculpas públicas. El 6 de noviembre pasado, en el sector de Monjas, en Quito, tres personas que se golpeaban entre ellas por un incidente de tránsito le pegaron, le empujaron y le lanzaron puñetes en el rostro y en el pecho. Además, le rompieron la chompa. Luego de un proceso judicial, el juez ordenó que los violentos ofrecieran disculpas frente a todos los policías del Distrito Manuela Sáenz. Con eso, el caso quedó cerrado.

En este año, a escala nacional se han registrado 74 disculpas públicas a policías golpeados.

“Nosotros tenemos la facultad de contener un ataque y para eso utilizamos el uso progresivo de la fuerza”, dice el cabo Camacho. La instrucción que tienen es que respondan poco a poco, según el grado de agresividad de los civiles.

Un caso también se investiga en Imbabura. El pasado 11 de octubre, una docena de personas lanzaron piedras, palos y rociaron gasolina a los agentes.
El hecho sucedió en una mecánica del sector de Pimampiro, donde los policías intentaron decomisar una motocicleta que supuestamente habría sido robada. Los sospechosos los insultaron y con agresiones trataron de impedir que se llevaran la motocicleta.

La Fiscalía abrió una investigación por el delito de ataque y resistencia. Los agentes recibieron tres días de reposo recomendados por el Departamento Médico de la Fiscalía que los evaluó. Ahora se espera una fecha para la audiencia de llamamiento de juicio.

Un mes antes de este caso también se generó otro.
Una persona muerta y dos policías heridos fue el resultado de un enfrentamiento entre civiles y miembros de la Policía Nacional que se produjo en el control de Mascarilla, en el sector de Ambuquí.

Ayer se retomó la diligencia por esa muerte. La gresca comenzó cuando los uniformados intentaban detener a un ciudadano que se llevó un remolque en el que estaba su vehículo, retenido minutos antes por un choque.

Tras el incidente fue detenido un cabo primero de la Policía, quien es señalado porque presuntamente disparó en contra de la persona fallecida.
Actualmente, él se encuentra en la Cárcel 4 de Quito.

El lunes, el Ministerio del Interior dijo que este caso ocurrió en una zona de minería ilegal. En este año, en esa zona se registraron 60 incidentes en contra de los gendarmes.

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