24 de marzo de 2019 00:00

La Policía está en alerta tras el caso Carolina

En este plantel estudió Carolina. Luego fue internada en un centro de rehabilitación. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

En este plantel estudió Carolina. Luego fue internada en un centro de rehabilitación. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

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Redacción Seguridad


Lo sucedido con Carolina, la joven de 15 años que fue hallada sin vida en el norte de Quito, prendió las alertas en la Policía. Los comandantes pidieron que se reforzaran los patrullajes en los alrededores de los planteles educativos del país.

Antes de que se conociera este hecho, los agentes daban seguridad a los chicos a la entrada y salida de clases. Ahora, los patrullajes se han reforzado; se hacen en las horas en que los alumnos están en las aulas.

La idea es evitar que en el recreo las bandas dedicadas al microtráfico se acerquen, por ejemplo a cerramientos con mallas, y entreguen las dosis.

Hace 10 días, la madre de Carolina dijo que su hija fue víctima de una red de trata que reclutaba a menores con fines de explotación sexual y que la red también vendía droga a chicos.

De hecho, el año pasado el plantel donde estudiaba Carolina tuvo que cerrar la secundaria y el bachillerato porque a diario se encontraba a personas que vendían narcóticos.

El miércoles, este Diario entró a ese plantel, en donde ahora solo funciona la primaria, y habló con sus autoridades.

Estas indicaron que alrededor del plantel había gente sospechosa, con capuchas, cubiertas el rostro y con mochilas en sus hombros. Se escondían en los callejones aledaños, en donde aguardaban la salida de los estudiantes.

En el centro educativo se detectaron jóvenes con adicción a drogas y tuvieron que ir a centros de rehabilitación.

Carolina llegó a ese colegio en octubre del 2017. Según las autoridades, a las tres semanas empezaron sus problemas de disciplina. Recuerdan que la madre les decía que sí ha notado cambios en su actitud, que estaba enojada, no acataba órdenes y no se comunicaba.

Según la Defensoría Pública, a inicios del 2018 la madre buscó ayuda y remitieron el caso a una jueza de la Casa de Justicia de Carcelén. Como medida de protección, la adolescente estuvo durante cuatro meses en una casa de acogida. La madre de la adolescente  dijo que durante el internamiento se detectó que su hija no era adicta, sino “rebelde”.

En agosto del 2018, cuando ya se encontraba fuera del centro de ayuda, fue violada y su cuerpo fue abandonado en un terreno baldío.

Tras este caso, la Policía Antinarcóticos emprendió el plan denominado Manos Limpias.

“Este proyecto busca trabajar en las unidades educativas que puedan estar en riesgo por el microtráfico”, indicó Diego Ortega, jefe de la Unidad contra el Microtráfico. La idea es que los uniformados realicen investigaciones en esos lugares, para capturar a bandas.

Desde el 2015, los uniformados han identificado 1 251 casos de microtráfico en los alrededores de las instituciones educativas del país y han capturado a 1 113 sospechosos.

La Policía ha identificado mafias que usan redes sociales para captar a los chicos y ofrecer el producto. Los paquetes son entregados en autos de alta gama y con personas del sexo opuesto. “Buscan mecanismos llamativos para los estudiantes”, dice un investigador.

Otro dato que descubrió Antinarcóticos es que para abaratar costos y para generar más adicción, los narcos mezclan la droga con sustancias como empaste de pared o talco.

Esta información la conocieron las autoridades de los planteles. Por eso han emprendido campañas y han conformado brigadas con padres de familia.
En un colegio del sur de Quito, Gloria es madre de una joven de 15 años. El miércoles acudió al plantel para pagar la pensión e indicó a este Diario que hace cinco años había personas que entregaban droga a los jóvenes en un bosque aledaño al colegio.

Entonces se organizaron en cada curso para que los padres acudan a la hora de salida y eviten cualquier acercamiento.

En el plantel donde estudiaba Carolina también han formado brigadas con los familiares, quienes permanecen una hora mientras los pequeños ingresan o salen de clases. Ramiro tiene una niña de 9 años en ese plantel. Una de sus funciones es “vigilar que ningún extraño se acerque a los niños”.

En un colegio del Centro Histórico de Quito se organizaron charlas para los papás. La idea es que identifiquen si sus hijos consumen droga. Además, ocho padres se distribuyen alrededor del plantel.

El Ministerio de Educación también ha realizado talleres a 195 310 padres sobre el uso, la venta y riesgos del consumo.

Estas charlas se han dictado en 1 218 instituciones educativas y se han conformado 33 839 brigadas de prevención.

En un documento remitido por esa Secretaría de Estado, se dice que en el caso Carolina se ha efectuado un segui­miento dentro del plantel en el que estudiaba.

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