15 de September de 2009 00:00

Polémica en la preselección para la Policía

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Redacción Judicial 

Para Milton Coronel hablar de la Policía es referirse a un futuro seguro. Al guarandeño de 18 años no solo le gusta la idea de proteger a los demás, sino también  el sueldo fijo que se ofrece desde el inicio del curso en la Escuela de Formación de Policías, en Tambillo.

Él, el antepenúltimo de 12 hijos, ha prometido a sus padres que los ayudará con los gastos en su modesto hogar, en Bolívar.

Desde el miércoles hasta ayer acampó en las afueras de la Escuela, entre fogatas, por el frío de la madrugada, y polvaredas, con tardes calurosas. Su sacrificio le permitió acceder a un número, para comprar un prospecto, ineludible en el proceso de ingreso a las filas policiales.

Respiraba hondo y celebraba su hazaña, que se volvió imposible para miles de personas que aún aguardan afuera del portón, en el kilómetro 3½ de la  Panamericana Sur, en las afueras de Quito.

Fernanda Araque, de 19 años, busca acceder a uno de los 200 cupos estimados para mujeres en la Escuela de Policía. “En caso de que no lo consiga estudiaré Ingeniería en Sistemas”.

Ella aún no obtenía un número, llegó tarde, porque el domingo debió regresar a su natal San Pablo (Imbabura) para recoger su cédula, requisito para la entrega de turnos.

Aunque Coronel llevaba ventaja sobre Araque (adquirió ayer el prospecto, por USD 10), todavía no tiene garantizado su ingreso.

El joven guarandeño no solo deberá competir con los 1 800 jóvenes que hasta el viernes adquirirán sus prospectos, sino con los aspirantes que se registraron vía electrónica, en el proceso ejecutado por la firma Ecualabor.

La empresa se dedica a la selección de personal y fue contratada por la Unidad  de Ejecución Especializada (UEE) del Plan de Seguridad Ciudadana, adscrita al Ministerio de Gobierno, para facilitar el proceso de evaluación.  

Los aspirantes fueron convocados en febrero. La invitación fue abierta, a través de los medios de comunicación y de la página web www.seleccionpolicia.com, aseguró ayer Franco Sánchez, subsecretario de Gobierno.

El registro de aspirantes se ejecutó a través de la página web. Este Diario conoció que ese grupo tiene una ventaja sobre los millares de jóvenes que desde la semana pasada acampan en Tambillo.

Al menos 13 469 jóvenes fueron convocados hasta abril a las pruebas médicas; 6 856 fueron citados al Hospital de la Policía de Quito, 3 980 al Hospital de la Policía en Guayaquil, 1 152 al Subcentro de Salud de la Policía de Cuenca, 766 al Subcentro de la Policía de Loja y 714 al Subcentro de la Policía de Portoviejo.

Sin embargo, no todos acudieron. Una razón pudo ser el costo del examen médico: USD 130.

En total 3 243 avanzaron en el proceso hasta el examen médico y 1 328 aspirantes llegaron a las pruebas físicas. “Quienes no llegaron al examen médico quedaron fuera del sistema de elección”, sostuvo ayer la UEE. Las carpetas de los 4 571 jóvenes  que quedan de ese grupo son aspirantes a estudiantes de la Escuela pese a que el Gobierno terminó, de forma unilateral, el contrato con Ecualabor.

Ese convenio fue suscrito por USD 700 000 pero, según Sánchez, la contraparte no cumplió con lo estipulado para la elaboración de la base de datos. Este Diario intentó contactarse con la empresa a través de la información en su portal web. Pero no hubo respuesta y nadie contestó en sus teléfonos de Quito y Guayaquil.

Coronel será uno de los 11 500 jóvenes (a los 4 571 de Ecualabor se sumarán 1 800 de Tambillo) que se someterán al proceso de selección para llenar 2 600 puestos en las Escuelas de Formación.

Se aferran a las palabras del comandante de la Policía, general Freddy Martínez, quien ofreció que se evaluará a todos por igual.

Lo único que a Coronel le importa es un buen resultado en las pruebas. Su lucha es por sus padres, de 65 y 67 años, quienes le enseñaron el valor de la honestidad. Sabe que si sale seleccionado, ganará USD 730 desde su ingreso al centro de formación.

No le importa haber dormido en la intemperie, cerca de la cuneta vial, solo con una frazada y entre desperdicios de platos desechables y comida, pese al riesgo de los tráileres cargados con contenedores y buses interprovinciales que pasan a escasos metros.

Siente confianza, al menos hasta ahora ha superado escollos. Con cierto orgullo menciona que mide 1,70 m, cinco centímetros más del requisito mínimo establecido para los hombres. “Desde que era chiquito me gustó la Policía. Si no ingreso, solo me queda meterme al cuartel”.

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