8 de September de 2009 00:00

El Pobre Diablo

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Alexandra Kennedy Troya

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El Pobre Diablo está por cumplir 20 años de existencia, un récord en la historia de bares, cantinas, centros culturales, galerías, cafetines. Difícil de clasificar, el Pobre Diablo es todo esto y mucho más, un referente importante en la vida social y cultural de Quito. Allí nos encontramos -jóvenes y viejos- un lugar que nos integra por igual, como lo ha hecho desde siempre el son y la marimba esmeraldeña, Don Masa y sus jóvenes, por ejemplo. Situado desde hace años en una vieja fábrica de café en La Floresta, esta ‘hueca’ ha incentivado la aparición y consolidación de artistas independientes, muchos conceptualistas, y sobre todo músicos principalmente dedicados al jazz.

Uno de sus dueños, el fotógrafo Pepe Avilés, rememora la década de los noventa en donde era imprescindible liberar a las artes y los artistas de las exigencias comerciales de las galerías, generar una dinámica en las áreas de la fotografía artística y el arte conceptual. Por sus muros, entre tabaco y ron, pasó gente como Diego Cifuentes, Lucía Chiriboga o Iván Garcés; a sus escenarios improvisados acudieron desde el inicio de sus carreras Hugo Hidrovo, Álex Alvear, Héctor Napolitano (Promesas Temporales), Nelson García y después el grupo Cabo Frío con Andy Sebastia y otros. La consigna era crear, experimentar, reunificar las dispersas artes plásticas, escénicas y sonoras.

Desde la década de 2000, se convirtió en una ‘fábrica’, con una galería de arte El Kontainer, que se llenaba y vaciaba en múltiples sentidos. Ya no funciona más desde hace 2 años, los artistas poco experimentan independientemente; esperan una convocatoria, un salón o bienal, la presencia de un curador que muchas veces traza un camino de antemano; los artistas se acomodan. 

El Pobre Diablo se queda con sus músicos, como Fábrica de Jazz o de fusión con la música electrónica; con las ‘fábricas’ de DJ y Vocal, en afortunada coincidencia con la aparición de las escuelas de música, sobre todo la exitosa de la Universidad de San Francisco. Estar en el momento y en el sitio precisos, ha hecho de este espacio un lugar donde podemos ser testigos de nuevos y viejos creadores, nacionales e internacionales. La capacidad de convocatoria de sus dueños ha sido extraordinaria.

Desde mi mesa iluminada por una agonizante vela que nos avisa el término de una inolvidable noche, escucho por vez primera el grupo Doctor Bluzz, también integrada por músicos de diversas generaciones (Nicolás Pachano, Joaquín Vallejo, Esteban Portugal, Sandro Celi, Mao Vásquez). 

Queda su música, un mano a mano de armónicas, quedan las buenas ideas que surgieron al calor de los tragos, y sobre todo la buena compañía. Son aquellos momentos que los lleva uno en la memoria como parte de la historia personal. El Pobre Diablo de alguna forma ha incentivado todo esto y mucho más.

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