28 de mayo de 2019 17:04

Un plantón permanente en busca de fármacos

Los plantones pacíficos se realizan en los bajos del edificio donde funcionan las instalaciones del Ministerio de Salud Pública (MSP) en Guayaquil. Foto: Elena Paucar / EL COMERCIO

Los plantones pacíficos se realizan en los bajos del edificio donde funcionan las instalaciones del Ministerio de Salud Pública (MSP) en Guayaquil. Foto: Elena Paucar / EL COMERCIO

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Elena Paucar

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Andrea Jiménez podría estar en su casa, descansando y evitando que los síntomas de su enfermedad empeoren. Pero no puede. Para luchar contra el cáncer necesita una medicina que no está a su alcance, aunque es la única opción que le han dado los especialistas.

Conseguirla se ha vuelto un calvario: ha visitado despachos, ha acudido a manifestaciones, ha estado en juzgados… Desde el lunes, ella y otros pacientes con linfoma de Hodgkin decidieron mantener plantones en los bajos del edificio del Sector Social Joaquín Gallegos Lara, donde funcionan las instalaciones del Ministerio de Salud Pública (MSP) en Guayaquil.

“Estamos pidiendo que autoricen el uso del brentuximab. Lamentablemente, si el Ministerio de Salud no autoriza nadie nos puede dar esa medicación. Necesitamos que lo incluyan en el Cuadro Básico del Medicamentos, al igual que otros fármacos para enfermedades catastróficas”, dice la joven que lleva una mascarilla, un cartel sencillo y una camiseta con la imagen de un puño, marcado con los nombres de sus amigos de batalla.

El abril pasado, el MSP informó que analiza la incorporación de unos 50 medicamentos, entre ellos algunos contra el cáncer. Aunque se ha reiterado desde la Cartera, que actualmente, sí ofrecen medicina contra el cáncer. Para adquirirlos, calculan que se necesitaría un presupuesto de más de USD 300 millones.

A quienes les prescriben brentuximab ya han pasado por al menos otras dos líneas de tratamiento. Según sus médicos, el fármaco reduce las células cancerígenas y deja el organismo listo para recibir un trasplante de médula ósea.

El alto costo les impide, en muchos casos, acceder a la medicación por cuenta propia. Cada ampolla de 50 mililitros está valorada en USD 4 000. Los pacientes requieren entre dos y tres ampollas, según su peso.

“Yo necesito tres ampollas; son USD 12 000 cada 21 días. Los médicos nos dicen que esa es nuestra única salvación, no hay más tratamiento. Por eso exigimos al Ministerio de Salud que nos dé la medicina, la Constitución de la República garantiza el derecho a la vida”, reclama Andrea, quien recibió el diagnóstico de linfoma de Hodgkin en el 2017.

El análisis de 20 de los 50 nuevos fármacos ha pasado por varias revisiones. La primera fue para comprobar su “eficacia, seguridad y potencialidad”. Otra revisión se realizó para verificar la sostenibilidad en relación al impacto financiero, pues son considerados medicamentos de “alto costo”. Las autoridades de Salud anunciaron que se tenía previsto una respuesta al respecto entre el 19 y 20 de abril. Las comisiones que analizan el tema deben revisar los informes.

El linfoma de Hodgkin impacta en el sistema linfático. Comienza como una alteración de los linfocitos, que son parte de los glóbulos blancos. Cansancio, sudoración, taquicardias, anemia, inflamación de los ganglios son algunos de sus síntomas.

Mauricio Balcázar, de 26 años, dejó sus estudios de Ingeniería en Sistemas y su trabajo cuando le diagnosticaron cáncer. Los últimos ocho meses ha permanecido en el Hospital Luis Vernaza, donde fue derivado por el MSP para tratamiento contra el cáncer.

Este martes 28 de mayo de 2019 no pudo asistir al plantón. Pero su madre, Lourdes Cobeña, gritó por él. “Desde el 2017 se ha pedido la ayuda al Gobierno y no hay respuesta. Hay pacientes que han fallecido a la espera. No queremos que más personas mueran”.

Yomaira murió en febrero. Cristina, en abril. Ambas pidieron el fármaco desde hace dos años atrás. Quienes las conocieron dicen que a fines del año pasado lo recibieron, cuando ya habían desarrollado metástasis.

Paulina, una estudiante de Enfermería de 22 años, sigue en pie. Tampoco pudo ir al plantón de este martes pero su madre, Marixa Contreras, lleva una foto suya grabada en una camiseta en la que se lee: Todos con Paulina.

“Con la primera dosis del brentuximab mi hija se levantó, después de ocho meses de estar en una cama ¿Qué pasara cuando las fuerzas no me den para conseguir las otras dosis?”. Su familia a recurrido a rifas, bingos y a buscar el apoyo de instituciones y personas caritativas. Por ese esfuerzo Paulina ya ha recibido cuatro dosis, pero necesita 12 más.

Los pacientes esperan sumar a más familiares y amigos para mantener los plantones a lo largo de esta semana. “El cáncer nos enferma -dice Andrea-. Pero la indiferencia nos está matando. Los médicos me dicen que no debo hacer estas cosas; pero si no lo hago, ¿Quién va luchar por mí?”.

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