30 de diciembre de 2018 00:00

Planificar el año en familia aporta en la formación del niño

La familia Oshiro Alvarado elabora en unas matrices sus propósitos para el nuevo año. Foto: Víctor Muñoz / EL COMERCIO

La familia Oshiro Alvarado elabora en unas matrices sus propósitos para el nuevo año. Foto: Víctor Muñoz / EL COMERCIO

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Valeria Heredia
Redactora (I)
jheredia@elcomercio.com

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Al igual que en un juego de video, en el que se planifican movimientos y estrategias, la familia japonesa-ecuatoriana Oshiro Alvarado organiza sus propósitos para Año Nuevo.

Sentados en la sala de su casa, ubicada en el sur de Quito, Ivonne, la madre, y Pablo, el padre, entregan unas matrices a sus hijos Sebastian, de 14 años, e Hiroshi, de 10. En ellas colocan propósitos tangibles e intangibles y aspectos para mejorar como personas. La idea: tener una hoja de ruta.

Sin esconder los nervios, los chicos toman sus esferos y empiezan a escribir sus metas y objetivos para el año venidero.

Al principio titubean y no saben qué escribir. En ese momento, Ivonne y Pablo entran en acción y los guían.

“Hiroshi, ¿qué te parece si trabajas en ser más paciente con tu hermano?”. El niño asiente y anota el primer propósito, que trabajará por cuatro meses, es decir, hasta abril.

Aunque planificar no resulta una actividad atractiva para adultos y niños, es necesario -opinan-. ¿El motivo? Se torna en un impulso para definir metas a corto, mediano y largo plazo, por lo que se debe incluir temas “alcanzables”, según la psicóloga Sara Vinueza.

La planificación debe comenzar como un proyecto de familia y los niños desde los 6 o 7 años ya pueden participar.

A esa edad -explica la experta- los niños ya tienen herramientas para plantearse objetivos, armar estrategias y así alcanzar sus sueños. Esto les ayuda a ser adultos organizados en ámbitos como el educativo, el laboral o el familiar.

Esta dinámica empieza como un juego y debe mantener ese toque de complicidad entre padres e hijos. Así se formó esa tradición en la casa de Sebastian e Hiroshi, quienes planifican desde hace tres años.

En este tiempo, sus padres han buscado opciones didácticas como las matrices de metas y mejoras. Este año, por ejemplo, trae novedades como la colocación de unas gradas para valorar la culminación de las actividades (ver gráfico).

La idea es que ellos no lo vean como un deber de la escuela, señala Ivonne, ingeniera comercial.

Hacer una lista o llenar una matriz no es la única opción para armar el proyecto de vida. Está el ‘vision board’, un tablero de sueños formado por gráficos o frases.

¿Qué quieres aprender? o ¿cómo te imaginas en un par de años? son interrogantes que se pueden añadir. Así se crea un plan personal y lúdico para chicos y adultos. Lo pueden tener en la computadora, celular, tableta o pizarra.

Ivonne y Pablo también escriben sus propósitos del año en unas matrices. De hecho, esta pareja desarrolla desde el 2012 su hoja de ruta. “Nos ha ayudado a tener un norte”.

Pero eso no funcionaría sin el ejemplo, eje fundamental en la crianza de los hijos, dicen estos padres y los especialistas.

“Si los padres tienen un proyecto de vida pueden guiarlos al cumplimiento de metas. Sin eso no hay un modelo”.

Lo explican la psicóloga Andrea El Malouf y la consejera académica de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ), Mellsenda Yánez.

La primera señala que los “padres son el espejo y el reflejo de sus hijos”. Con el ejemplo se enseña a los niños a organizar y planificar sus actividades diarias, sus labores escolares y posteriormente la planificación de la vida. Yánez asegura que se trata de “una oportunidad de aprendizaje, motivación y constancia”.

Esos factores ayudan a que María Cristina, de 19, y María Isabella, de 6, se organicen y cumplan con pequeñas metas como comprar un regalo para su hermana, María Paula, de 16: una cámara de fotos. Desde los 6, ahorran las ‘mesadas’ que les dan sus padres Cristina Trujillo y Marco Ojeda.

El ahorro es el principal propósito del año de esta familia. Cristina ayuda a planificar a sus hijas y les enseña, por ejemplo, a priorizar sus gastos. “Así evito que se conviertan en mujeres indisciplinadas”.

Wilson Araque, vicerrector y director del Área de Gestión de la Universidad Andina Simón Bolívar, anota que enseñar a ahorrar desde niños puede ayudar a “ser perseverantes y a fijarse metas futuras”.

Para motivar a sus hijas, Cristina y Marco abrieron cuentas bancarias, que les servirán como un fondo para sus estudios o para otras actividades como comprar golosinas o juguetes.

Sebastian e Hiroshi, quienes tienen sus matrices sobre uno de los muebles de la sala, prepararon una estrategia para comprar una pista de trenes en Navidad. Con trabajos extras en casa y guardando el dinero que les daban sus abuelos lo lograron. El miércoles pasado ya jugaban con su pista.

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