28 de diciembre de 2019 12:00

Pirotecnia de fin de año causa estrés y sufrimiento a chicos con autismo

Verónica Guerra y Roberto Vaca compartirán el 31 con su hija Betzabé, de 15 años. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

Verónica Guerra y Roberto Vaca compartirán el 31 con su hija Betzabé, de 15 años. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

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Redacción Sociedad

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Aunque para muchos, la noche del 31 de diciembre sea para compartir con toda la familia, los padres de Betzabé, Verónica Guerra y Roberto Vaca, prefieren quedarse en una habitación con la chica de 15, que tiene autismo.

Ellos saben cuál suele ser la reacción de su hija ante la pirotecnia que se utiliza durante esa celebración. En el barrio no dejan de usarla. Betzabé corre, se esconde y llora. Sus padres la consuelan.

Los chicos con diagnóstico de trastorno del espectro autista -explica Verónica García, neuropsicóloga clínica y representante de la Fundación Hellen Keller- sufren hipersensibilidad en sentidos como el tacto, el gusto y el oído (principal afectado por la pirotecnia en esta época).

Entre las reacciones de un niño con autismo están los gritos debido al susto que les provoca el ruido. También buscan abrazar a sus padres. Y en algunos casos pueden llegar a golpearse contra el piso, morderse o morder y patear a otros. Depende -señala García- del nivel de control de las emociones de cada chico.

Pamela Narváez tiene 5 años y 65% de discapacidad psicosocial diagnosticada desde los 2. Su primera reacción al escuchar la pirotecnia en los fines de año -cuenta su madre, Janeth Iñiguez- es taparse los oídos para minimizar el ruido.

Pero el desconcierto aumenta cuando la pequeña no ubica el origen de aquello que se dispara desprevenidamente. “Como no encuentra la fuente del ruido, se desespera y no sabe para dónde irse”, cuenta la madre. Entonces, Pamela se golpea la cabeza.

Catalina López, investigadora de la U. Andina que trabaja en torno a la neurodiversidad, explica que las personas regulares oyen de cero a 20 decibeles de intensidad, sin problema. Entre tanto, para una persona con autismo es muy alto un sonido desde el nivel cero. Eso implica que les afectan sonidos que para el resto son imperceptibles.

En Ecuador, confirma la especialista, no se dispone de cifras exactas sobre el número de personas con autismo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 1% de la población en el mundo tiene esa condición.

Para aplacar el sufrimiento de los chicos, la neuropsicóloga García recomienda el uso de audífonos o que se les exponga a estímulos que distraigan su atención, por ejemplo música o una película.

Los papás de Pamelita optan por ponerle música infantil el 31 de diciembre. Y aprovechan que a la niña le gustan las gorras para regalarle unas que cubran sus orejas.

También se recomienda trabajar con explicaciones por anticipado. Así, por ejemplo, hablarles a los chicos sobre lo que pasará esa noche, para evitar reacciones adversas. Pero los padres aseguran que poco logran con eso, ya que el miedo a la pirotecnia se impone.

Siguiendo el ejemplo de organizaciones de padres del mundo, los ecuatorianos se han unido a una campaña de sensibilización. Colocan un adorno azul en sus puertas como señal de que hay alguien con autismo en la familia.

Franklin Montes, presidente de la Federación Ecuatoriana del Espectro Autista, dice que de esta manera esperan que vecinos y la sociedad en general usen cada vez menos pirotecnia en fin de año.

¿Cómo ayudar?

En Internet, lea sobre el autismo. Conocer sobre la condición le ayudará a sensibilizarse y entender.

El color azul es el símbolo del autismo. Cada 2 de abril se conmemora el Día de Concienciación del espectro.

Si un niño o chico de la familia tiene autismo adecúe la reunión de fin de año, para evitarle sufrimientos.

La música escuchada en volumen bajo y del gusto de chicos con autismo ayudará a que se relajen.

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