21 de September de 2009 00:00

Pinto no paralizó la fabricación de textiles luego del incendio de ayer

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Redacción Ecuador 

La humareda alertó a los vecinos del centro de Otavalo. “Creí que estaban quemando basura. Y estaba convencido de eso hasta que vino mi hermano y me dijo que la fábrica Pinto estaba ardiendo”, recuerda María Antonia Maldonado, una comerciante.

Desde las 11:00 del domingo último, el fuego destruyó la vieja edificación, ubicada en el ingreso sur de Otavalo. Maldonado recuerda que los bomberos llegaron pronto y luego un grupo de trabajadores de la empresa, que se unió para combatir al fuego.   

25 socorristas y 70 empleados lucharon contra las llamas, por más de dos horas. También ayudaron a sacar de las bodegas pacas de algodón y rollos de telas, que estaban guardadas.  

En las oficinas Pinto, en las calles Bolívar y Colón, junto al hotel el Indio Inn, los  funcionarios no quisieron informar sobre las pérdidas. Solo confirmaron que el sitio incendiado era utilizado como bodega de materia prima.

Luisa Villalva, jefa del Cuerpo de Bomberos de Otavalo, aseguró ayer que el inmueble incendiado no tenía el permiso requerido para funcionar como bodega. “Según los dueños, servía como un lugar para almacenar repuestos dañados de las máquinas”.

Bomberos inspecciona cada año los establecimientos que deben obtener el permiso de funcionamiento. Además, los locales en donde se almacena material inflamable. “Los dueños de Pinto no solicitaron la inspección”, añadió Villalva.  

 El siniestro del domingo evidenció dos problemas que aquejan a la ciudad. El primero es que en Otavalo hay escasez de hidrantes en la zona céntrica, lugar donde se concentra la actividad comercial y textil. El segundo, es la falta de extintores en los locales.

De acuerdo con el último catastro levantado por el Cuerpo de Bomberos, en la urbe hay 58 almacenes de tejido y ropa, en donde se guarda mercadería inflamable. También hay ocho bodegas de varios productos y 13 fábricas de tejidos. 

Marco Torres, director de Planificación del Municipio, asegura que cuando se aprueban los planos de las nuevas construcciones piden que las bodegas tengan la suficiente ventilación. 

Luego del incendio del pasado domingo, los bomberos empezarán a realizar inspecciones en los almacenes y fábricas. Villalva insiste en que la ciudad es insegura frente a ese tipo de emergencias.

Por ejemplo, los sábados,  las calles aledañas a la Plaza de los Ponchos se llenan de comerciantes. “En caso de una emergencia, los socorristas tendrían problemas para movilizarse con el equipo requerido contra incendios”.

Hoy, cerca  a las 11:00, el olor a quemado se percibía aún a 100 metros de la antigua fábrica.

Algunas personas, por su apariencia de escasos recursos económicos, llegaron hasta el lugar para comprar rechazos de tela, con el fin de tener material para elaborar guaipe.

 Eso, mientras tres volquetas realizaban continuos viajes, con el propósito de sacar los escombros del inmueble quemado.

En el interior, un tractor acaba de derrumbar las paredes. A unos 300 m del sitio está ubicada una parada de buses interprovinciales. Allí, las personas no dejaban de comentar del siniestro.

Desde la Panamericana, quienes circulaban en vehículos particulares  y en trasporte público, se detenida para ver los destrozos que causó el fuego.

Los trabajadores de Pinto también se organizaron ayer para reubicar el material que salvó del fuego. Ellos se ubicaron en sitios estratégicos para facilitar la movilización hacia las otras instalaciones de la empresa, en un edificio continuo al quemado.

La producción sigue en la fábrica, pero en las instalaciones ubicadas en la vía a Selva Alegre. Eso, porque el fuego no afectó a las máquinas textileras.

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