28 de octubre de 2018 00:00

Las personas con talla baja se adaptan a un mundo de altos

Rubén Delgado y Fernanda Quiroz han superado críticas debido a su unión. Fotos: Víctor Muñoz / EL COMERCIO

Rubén Delgado y Fernanda Quiroz han superado críticas debido a su unión. Fotos: Víctor Muñoz / EL COMERCIO

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Mariela Rosero
Editora (I)
mrosero@elcomercio.com

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Ellos sienten que sobreviven en un mundo diseñado para gigantes. Con 1,25 metros, Fernanda Quiroz, a sus 31 años, apenas alcanza la estatura de un niño de alrededor de ocho.

Nunca ha podido vestir una prenda sin que una costurera le haga ajustes. Y no es cuestión de pedirle ir a la zona de niñas en las tiendas de ropa, ella es una mujer, con busto y curvas. En zapatos calza 31. Así que si quiere tacones solo los halla con diseños y tonos infantiles, por ejemplo en rosa, con personajes de Frozen.

Quiroz no se conforma con ese tipo de soluciones para alcanzar un ‘mundo’ hecho a la medida de gente más alta. Es como si a diario, las personas de talla baja intentaran tomar algo de una repisa ubicada centímetros más arriba. Les sucede igual al subir y bajar de buses, en las ventanillas de los bancos, al usar ascensores.

Personas de talla baja. Foto: Víctor Muñoz / EL COMERCIO


Durante este mes, pero más que nada cada 25 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Personas con Talla Baja. El objetivo es visibilizar las dificultades que superan.

El ecuatoriano promedio mide alrededor de 1,65 metros de estatura. En el país se considera que alguien registra talla baja si alcanza 1,34 metros o menos. Y se le extiende el carné por discapacidad física debido al esfuerzo extra que debe hacer, porque la vida está acondicionada para otras medidas. Este dato lo precisa Luis Villalba, técnico del Consejo Nacional para la Igualdad de Discapacidades (Conadis).

En Ecuador no hay un registro sobre su incidencia. Según el genetista clínico, Juan Galarza Brito, las causas pueden estar relacionadas con los genes y también con la desnutrición.

¿Qué causa la condición desde lo genético? La respuesta no es clara. Una pareja de padres de estatura estándar, sin antecedentes familiares de talla baja, podría portar cada uno un gen alterado, que al sumarse transmitirían la condición a su hijo. Eso ocurre, por ejemplo, con el síndrome de Larón.

En otros casos como el de la displasia metafisiaria tipo Schmid, ocurre que padres de estatura baja, la pasan directo a sus hijos. Fernanda Quiroz la heredó de su madre, es la segunda generación con el síndrome; su hija Camila Delgado, la tercera. Su otro hijo, Emiliano, de 8, tiene talla estándar como Rubén, su padre (1,69).

La acondroplasia es otra variedad de los trastornos que causan talla baja. Puede afectar a una de cada 3 000 personas, dice Galarza. Pero existen más mutaciones de genes, que inciden en la estatura, asociadas a padres (varones) mayores a los 50 años, en la gestación.

A los 9 meses de vida, a Camila se le detectó talla baja; la controla el  genetista Galarza.

A los 9 meses de vida, a Camila se le detectó talla baja; la controla el genetista Galarza.

Andrea Verdezoto, de 22 años, llega al 1,27 metros. Es la segunda de tres hermanos altos, como el resto de su familia. Nació con acondroplasia. Y los médicos siempre les dijeron que el caso de sus padres fue una especie de ‘lotería’.

En casa nunca le hicieron sentir que esos centímetros que la diferencian del común eran un limitante. Cursa el séptimo semestre de Psicología Educativa, en la universidad.

Sin embargo, Andrea recuerda que en el colegio, una compañera la acosaba. En los recreos gritaba “Cuidado te aplasten por ser tan chiquita”.

Esos comentarios ya no la afectan. En su ciudad, la gente ya se ha acostumbrado a verla y la respeta. Otra es la historia de Camila Delgado, quien cumplirá 12 años el 1 de noviembre. Su 1,20 metros de estatura hace que quienes la encuentran en buses, desde Sangolquí hasta el norte de Quito, se codeen y hablen sobre ella.

“La parte mala de ser una persona de talla baja es que la gente me mira como si fuera un bicho raro. Y eso no me gusta”. Lo admite sentada, en una zona verde de la Unidad Educativa Municipal Sebastián de Benalcázar, en donde empezó la secundaria, este ciclo lectivo.

“Lo peor que me han dicho es enana. Se siente horrible”, comenta, y confiesa: “A veces me harto de que me digan que soy chiquita y me pregunto: ¿por qué nací así?”.

Su madre, Fernanda Quiroz, cuenta que los primeros días de clases fueron tristes. Le dolía usar el uniforme de una niña de cuarto año de primaria y las preguntas. En una sesión de padres les explicó sobre su condición y la de Camila, pidiéndoles que no haya burlas.

La chica ahora asegura tener muchos amigos. En el colegio están por adecuarle una banca, pero aún el pizarrón y el lavamanos están arriba. En Laboratorios Siegfried, en donde trabaja su madre como contadora, varios banquitos, ubicados bajo el escritorio, la copiadora o el archivo le ayudan a alcanzar ese mundo de personas más altas, como su esposo.

En contexto

En este mes, pero en especial cada 25 de octubre, se conmemora el Día Mundial de las Personas de Talla Baja. Se lo hace en honor del actor de EE.UU., William John Bertanzetti, que trabajó por esta población, con la fundación Little People of America.

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