14 de diciembre de 2020 00:00

Personal de salud también siente la secuela de tiroteos y crímenes

El 2 de noviembre, policías reportaron heridos en una balacera, en el Guasmo Sur.

El 2 de noviembre, policías reportaron heridos en una balacera, en el Guasmo Sur. Foto: Archivo EL COMERCIO

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Fernando Medina
Redactor (I)

Las puertas de las ambulancias se abrieron y los paramédicos corrieron al área de emergencias. “Heridos de bala, heridos de bala”, repetían, mientras tres pacientes avanzaban en las camillas que iban por los pasillos del Hospital del Guasmo, ubicado en el sur de Guayaquil.

Una mujer no dejaba de gritar por el dolor en el muslo. Minutos antes, ella había sido herida en un tiroteo perpetrado en medio de una fiesta. Uno de los socorristas que asistió a ese llamado de emergencia recuerda esas escenas y dice que al llegar al sitio de la balacera la gente gritaba.

Otros temblaban mientras contaban que dos armados llegaron y dispararon a quienes escuchaban música y bailaban. Una de las heridas tenía cuatro impactos de bala, en abdomen, pecho y brazos.

El personal del Ministerio de Salud, de Bomberos y de la Cruz Roja atiende con frecuencia este tipo de casos, especialmente en Guayas, Los Ríos, El Oro, Manabí y Esmeraldas. Todos coinciden en que este año se ha perpetrado una ola de crímenes.

El ECU-911 recibe llamadas de auxilio relacionadas con inseguridad ciudadana. Allí constan los enfrentamientos con armas de fuego. Noviembre cerró con 189 922 alertas a escala nacional. Del 1 al 9 de diciembre fueron 53 778.

En Guayas, los ataques han sido usuales. En octubre, por ejemplo, ocho personas fueron heridas en un tiroteo reportado en Durán.

Un paramédico que llegó al lugar recuerda que tomó el pulso a una persona y ya no tenía signos vitales; murió. El resto de heridos tenía perdigones en piernas, brazos y cuello.

Cuenta que cubrió las heridas para detener las hemorragias y enseguida fueron trasladados a una casa de salud. Los patrulleros de la Policía custodiaron a la ambulancia.

Los agentes los acompañan para obtener información, pero la mayoría prefiere no hablar. “No entregan datos por temor a represalias o porque son parte de un delito”, dice un detective que indaga estos ataques.

Por eso, la Policía se apoya en informes médicos o en pistas que entregan los enfermeros. A través de esos reportes se conocen las características de los sospechosos, la ruta de fuga y el tipo de arma que se usó.

Pero no todos los heridos en balaceras llegan a emergencias de las casas de salud en ambulancias.

La Policía tiene informes que señalan que los miembros de las bandas delictivas arriban en taxis o en vehícu­los sin identificación, solo los dejan en la puerta y se van.

Personal que trabaja en un centro asistencial del sur guayaquileño cuenta que este año han atendido a unas 11 personas con rozaduras de proyectiles o heridas de perdigones.

Una enfermera advierte que ha llamado a la Policía para comunicar lo que ocurre. Ese procedimiento es parte de un protocolo que los hospitales tienen, pues consideran que detrás de un herido con arma de fuego es posible que exista un delito.

La Policía también tiene información de amenazas a galenos para que no detallen los hechos. Eso le ocurrió a un especialista que trabajaba en un sanatorio del Puerto Principal.

Él cuenta que una noche, tres hombres ingresaron y pidieron que sacaran la bala que se había alojado en la pierna de uno de sus compañeros.

“Queremos que lo haga rápido y sin preguntar nada doctor”, le dijo uno de los acompañantes mientras mantenían una mano en la espalda como si sostuviera un arma.

El doctor recuerda que retiró la bala y los desconocidos se fueron de inmediato. Horas después llamó a los gendarmes y contó lo ocurrido.

Los agentes que han investigado los hechos saben que existen bandas que incluso han entrenado a sus miembros en primeros auxilios para que asistan a los heridos.

Este fenómeno se ha detectado especialmente este año, que se desató una ‘guerra’ de organizaciones delictivas por la disputa de territorios para la venta de droga en los barrios.

Otros, en cambio, llaman a médicos o enfermeros privados para que los asistan en caso de emergencia.

Estos casos se han reportado en El Oro y Esmeraldas. En casas de salud de esas dos jurisdicciones hay informes sobre la presencia de personas sin documentos que llegan con heridas de bala en las piernas, brazos o en otras partes del cuerpo.

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