14 de enero de 2019 00:00

En Fiscalía hay información de cómo el pastor pedía dinero y joyas a feligreses

El 10 de noviembre del 2018 se reconstruyeron los hechos con el pastor (primero a la derecha). Foto: Cortesía Fiscalía

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Redacción Seguridad

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En la iglesia se oye un estruendoso sonido de guitarras y baterías. El pastor grita “¡aleluya!” y todos responden en coro: “Gloria a Dios”. La prédica se repite varias veces. Los vidrios polarizados se empañan poco a poco. Es miércoles y la ceremonia arranca a las 19:00. Pero la gente llega media hora antes.

Unos van en pareja, otros con hijos pequeños y adolescentes. También hay mujeres y hombres solos. Nadie habla. Todos entran presurosos.

Esa es la rutina que Juliana Campoverde cumplió ocho años en esta iglesia, hasta que desapareció en el 2012.

Elizabeth Rodríguez recuerda cada detalle de esas ceremonias a las que asistió con su hija. Las actividades son costeadas por los feligreses.

La madre dice que el pastor de Juliana, que hoy está recluido en la cárcel de Latacunga, recurría a los versículos del Antiguo Testamento para obtener diezmos.

Asegura que tomaba el micrófono y decía que ese era el camino para que los negocios vayan bien, para que prosperen en el trabajo y que las familias queden bendecidas.

Estos detalles reposan en la Fiscalía y quienes asistían a las ceremonias religiosas ahora cuentan cómo cada uno tomaba los sobres blancos que entregaba la familia del pastor, anotaban sus nombres e introducían el dinero que entregaban al religioso. Juliana y su madre diezmaban hasta USD 200 mensuales cada una. La mamá cuenta que cuando no podían pagar, un familiar del pastor, hoy encarcelado, llamaba o visitaba su negocio y le decía que si las ventas están bajas era porque no diezmó.

Ahora, los agentes reúnen evidencias para comprobar si el religioso aumentó su patrimonio de forma injustificada. El 2 de enero, la Fiscalía abrió una investigación en su contra por posible enriquecimiento privado no justificado, castigado con cárcel de 3 a 5 años (art. 297 del Código Penal).

Hoy, más personas cuentan lo que ocurría. Una mujer dice que no solo diezmaban, sino que entregaban joyas. Pero indica que solo aceptaba las de oro. Ella asegura que en el 2013 entregó su anillo de compromiso y dice que las joyas donadas eran puestas en venta y que si querían recuperarlas debían comprar al doble del valor.

Una familia, en cambio, confirma que cada semana entregaba entre USD 300 y 500 de su negocio de motes. La madre y sus dos hijos también dejaron de ir a las reuniones.

Un domingo, el pastor pidió que le ayudaran a mejorar la iglesia y la madre de Juliana hizo un préstamo de USD 1 000 en el banco y le dio. En otras dos ocasiones entregó entre USD 300 y 500 como ofrenda.

En una última reunión, el religioso preguntó “¿quién se atreve a cambiar el piso de la iglesia para que tenga grandes bendiciones de Dios?” Ella indica que alzó la mano, pero la donación no se concretó porque dejaron de acudir y un mes después desapareció Juliana.

Los investigadores rastrean estos detalles. En un operativo montado el 12 de julio pasado, los policías allanaron la casa del papá del pastor y dijeron haber hallado una funda negra con USD 1 200 en efectivo.

La fiscal Mayra Soria también encontró “altas sumas” de dinero en cuatro cuentas bancarias: del religioso, de la esposa, de su padre y de su hermano. Los dos últimos salieron del país entre el 15 de septiembre y el 5 de diciembre.

Ante su ausencia, la iglesia quedó a cargo de la madre del detenido y otro hermano. El miércoles, ambos estaban en el culto. Cantaban y oraban.

Poco antes de comenzar el culto, él dijo que son inocentes y que son perseguidos. “Acusan de cosas que ni siquiera tienen razón. Mis hermanos y yo hemos conseguido las cosas trabajando. Tener una casa, un carro, eso no es enriquecimiento privado no justificado”.

También rechaza la versión de la Fiscalía de que se hallaron fuertes cantidades de dinero en las cuentas: “El dinero que está en el banco es de la venta de dos autos, para pagar a los abogados de mi hermano. No tenemos terrenos, carros de lujo ni inmuebles. Incluso esta iglesia no es nuestra”.

¿Qué piensan hacer?, se le preguntó. “Demostrar que esas acusaciones son falsas. Vamos a justificar los gastos que hemos hecho”, respondió.

Una mujer que asistió tres años a los cultos cuenta cómo mejoró la iglesia. Primero fue una casa que arrendaban con capacidad para 40 personas.

Recuerda que luego pidieron a 128 asistentes que aportaran USD 250 a cada uno y compraron un terreno. Después construyeron el actual edificio con capacidad para 200 personas, con una tarima y un escenario para presentaciones artísticas.

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