28 de June de 2009 00:00

Un paseo por el Cusco y el Valle Sagrado

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Pedro Maldonado, Desde Perú

Cusco y las poblaciones de sus alrededores conforman un abanico de nacionalidades. En la Plaza de Armas de esta milenaria ciudad, turistas de Europa, América del Norte, Asia y Sudamérica se mezclan durante el día y la noche entre calles, hoteles y restaurantes.



Más atractivos   
En Sacsayhuamán hay una red de túneles. En Ollantaytambo,  un  rostro de  inca  tallado en las montañas.
También  están los pueblos de  Coya, Lamay, Calca y Urubamba. Todos  regados por el río Vilcanota.En el centro de Cusco, antigua capital del Imperio Inca y hoy habitada por unos 300 000 habitantes, no resulta extraño encontrar un local de McDonalds junto a  restaurantes que ofrecen ‘dieta de pollo’, un plato típico de Cusco que mezcla tallarines, zanahoria y pollo.

En estos y otros locales de comida, los miles de turistas que llegan a Cusco (solo en junio de cada año se calcula que por la ciudad pasan 800 000  extranjeros) toman fuerzas para iniciar un recorrido por los atractivos de los alrededores de esta  ciudad, ubicada a 3 399 metros sobre el nivel del mar.

Uno de los destinos más cercanos es el complejo arqueológico de Sacsayhuamán,  a  2 km   de la ciudad.  En esta explanada el visitante puede encontrar una fortaleza inca elaborada con piedras rectas que pesan centenares de kilos y miden hasta 9 metros de alto, sobre las cuales se tejen leyendas que causan asombro.

Uno de los mitos más comentados   es el del ave que convirtió en fango las piedras para que estas sean moldeadas por los incas que habitaron el sitio hace más de cinco siglos. La chilena Marta González aprovecha la mañana para tomar fotografías del lugar.

Hoy, en  las ruinas de Sacsayhuamán hay visitas diarias,  ceremonias religiosas y  sesiones de meditación. En junio se convierten en el principal escenario del Inti Raymi; con música y fiesta.

Las piedras de la fortaleza, entre grises y negras, brillan durante la mañana, mientras al fondo, cubierta por el azul del cielo, Cusco se deja ver por los visitantes antes de tomar la carretera.

A 13 km  de Sacsayhuamán, tras un recorrido de unos 35 minutos en auto, se llega a Pisaq, un pequeño pueblo  entre las montañas  que vive del turismo.

Pisaq es parte del Valle Sagrado de los Incas. El mercado artesanal es el corazón de la población;  allí se consiguen prendas tejidas a mano,  así como figuras de madera y piedra con temática inca.  En sus calles se reparten restaurantes, tiendas de artesanías, bares y casas cuya arquitectura mezcla  cimientos incas con  trazos de la colonia.  Las vías son   empedradas  y mantienen hasta hoy los canales de desagüe diseñados por los incas.  El río Vilcanota es uno de los límites de Pisaq y también su fuente de riego.

El paisaje de Pisaq se aprecia por  completo cuando se sube al complejo arqueológico, ubicado a 15 minutos en auto. Las terrazas elaboradas en la montaña y utilizadas por los incas para sembradíos de maíz llaman la atención y los escalones tallados en la montaña guían los pasos de los visitantes hasta un templo. Allí los incas “amarraban con cadenas al sol, o por lo menos a su sombra”,  explica Gladys Aller,  cusqueña y  guía turística.

A una hora de Pisaq,  al oeste de Cusco, el camino conduce hasta Ollantaytambo, otra fortaleza inca que, según los guías locales, fue escenario de una disputa entre dos emperadores incas. Su paisaje es similar al de un desierto y sus montañas rocosas sirvieron para levantar enormes muros que parecen colgar de los empinados cerros.

Las casas de este pueblo tienen una característica única.  Sus cimientos mantienen las piedras del período inca; sus muros de adobe son coloniales y sus interiores lucen como cualquier casa contemporánea: tienen pisos de baldosa, ventanas con marcos de aluminio y techos de teja.

Un calendario  solar  en piedra, canales de agua que recorren todo el pueblo y la perfección de sus muros sin acabar son parte de los atractivos del lugar,  hoy visitado por miles de turistas.

Desde lo alto de la fortaleza, el turista  disfruta  del atardecer mientras captura  en fotografías los contrastes de una  población que parece atrapada entre los incas y los tiempos modernos.

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