19 de September de 2009 00:00

El paro cambia el trajín del alumno

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Redacción Sociedad
      
Si cerraran la escuela Mercedes González, en la calle Guayaquil y Esmeraldas, a Zamar Silva, de 6 años, le buscarían otra.

Así responde, sin complicarse la vida. Y si todas, todas las escuelitas se borraran y no existieran más, ¿qué harías? “Mi mamá (Jennifer Riera) me puede dar  clases en mi casa. Ella es parvularia. No me quiero quedar burra sino aprender a sumar para ser astronauta  y ver los mundos”.

Noemí Delgado, la profesora de segundo de básica,  cuenta que la niña es una de las más desenvueltas del aula. En esta semana  de paralización, convocada por la Unión Nacional de Educadores (UNE), este plantel fiscal no ha detenido sus labores.

“No dejamos de trabajar por temor a las represalias. Mi empleo es mi sustento y si lo pierdo no sabría qué hacer. Estoy aquí con los alumnos, aunque apoyo a mi gremio, tenemos que defender nuestros intereses”.

Delgado cree que como los estudiantes recién comenzaron el año lectivo 2009-2010 el martes 8 de este mes, una interrupción en las clases no les afectaría. “Talvez si hubiéramos estado en medio de un trimestre podríamos decir que se pierde la secuencia del conocimiento”.

“Cómo no va a perjudicarles dejar de tener clases apenas empiezan...  Cuando un adulto deja de trabajar un día se le acumulan las tareas”, asegura Martha Tenelema, quien acudió al centro educativo para retirar a su hijo Kevin Pillajo, de quinto año. 

Ella y Fabiola Castro, la mamá de Kevin Vargas, de quinto, y Joel, de tercero, comentan que las profesoras les han mostrado su incertidumbre. No saben qué pasará la siguiente semana.

“Si los maestros se unen al paro mi hijo estará de vago en la casa, viendo Goku, de ‘Dragon Ball’. A mí no me gusta ese programa porque es sangriento y con puras peleas. Pero apenas me doy la vuelta cambian de canal y lo ven”, se sincera  Martha.

“A mí no me haga fotos. Yo estoy trabajando a la fuerza”. Lo sostiene una profesora que en su rostro dibuja una mueca y se niega a conversar. “No queremos ser destituidas, pero estamos con la UNE”. Es una de las maestras de la escuela República de Bolivia, en la calle Iñaquito y Amazonas.  

La directora Mercedes Ramírez confirma que están trabajando normalmente. Y aclara: “No hemos plegado al paro, pero  pertenecemos a la clase docente, no estamos en contra de los reclamos del gremio. Pero ante todo nos debemos a los estudiantes y hay que dar clases”.

Nataly Cuvi, de 11 años, está en séptimo de básica. Le gustan las vacaciones, pero también la escuela. “Aquí aprendo a hacer las fracciones, matemáticas, lenguaje, de la vida de las plantas...”.

No recuerda en qué colegio está su hermano Jonathan Paúl. Pero cuenta que “él está  feliz de no tener clases”. ¿Él tiene suerte? “No sé. Es mejor estudiar que estar sin hacer nada en la casa”. Desde el  próximo lunes le tomarán las pruebas de diagnóstico de ciencias naturales, matemáticas, estudios sociales...

“A mí no me gusta que los profesores hagan una huelga. Algunos ni siquiera se han presentado ni los conocemos. Apenas inauguramos el año escolar el miércoles 9  y el martes (15)  ya nos dijeron que no había asistencia”. Marco, quien guarda su apellido en reserva por temor a represalias, no ha dejado de acudir al colegio Central Técnico. “Puede ser que algún maestro quiera enviarnos tarea”, dice.

“Sí nos afecta, ya podríamos avanzar. Esta semana debían tomarnos pruebas de diagnóstico y la próxima teníamos que empezar con nuevos contenidos”, apunta Juan, otro alumno de segundo de bachillerato. En este plantel, ubicado en la Gaspar de Villarroel, no hubo actividades.

Los profesores se mantenían reunidos en grupos en el patio. Les preocupa que no se respeten el escalafón y la carrera docente.

Punto de Vista

Alexcia Gallegos/ Pedagoga

El ánimo baja

Cuando los chicos entran a clases y los profesores deciden ir a un paro, la educación se convierte en un rotundo fracaso para los estudiantes.

El autoestima del alumno disminuye, porque ellos empiezan el año escolar con entusiasmo, con energía y metas claras, pero al ver a los propios profesores en huelgas, se desaniman.

Los estudiantes necesitan educación de calidad. Es necesario que esta aumente su autoestima, que potencie sus capacidades, que garantice su desarrollo  y que no los haga verse envueltos en problemas políticos.

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