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La pandemia deja a las mujeres sin espacio para el descanso; la pobreza de tiempo afecta a siete de cada 10 de ellas

María Victoria Pastaz trabaja 16 horas al día, en la parroquia Angochagua, Imbabura. Foto: Washington Benalcázar / El Comercio

María Victoria Pastaz trabaja 16 horas al día, en la parroquia Angochagua, Imbabura. Foto: Washington Benalcázar / El Comercio

María Victoria Pastaz trabaja 16 horas al día, en la parroquia Angochagua, Imbabura. Foto: Washington Benalcázar / El Comercio

A las 07:00, los minutos parecen arrastrarse con tedio. Karina Tituaña tiene los siguientes 30 minutos para hacer lo que más le gusta: cuidar de sus plantas. Es solo media hora, pero siente como si toda la paz y tranquilidad del mundo cupiesen en esos instantes.

El reloj marca las 07:30 y el tiempo regresa a su velocidad habitual, que es “a mil por hora”. Así comienza su jornada.

En las siguientes 14 horas ejercerá los roles de profesora universitaria, diseñadora gráfica, esposa y madre de Joaquín, de 8 años.

Desde que comenzó la pandemia, su vida laboral y personal transcurre entre cuatro paredes blancas. “Si tuviera más tiempo me gustaría salir con mis amigas”.

Sin darse cuenta, Karina es parte de una estadística nacional: 7 de cada 10 mujeres en el Ecuador son pobres de tiempo.

Así lo indica ONU Mujeres, en un estudio que analizó la encuesta del 2018 del Instituto Ecuatoriano de Estadística y Censos (INEC) sobre el uso del tiempo.

El estudio dice también que 3 de cada 10 hombres son pobres de tiempo.

Alison Vásconez, oficial de ONU Mujeres y encargada de los derechos económicos, dice que la pobreza de tiempo es un indicador económico que mide las horas que una persona tiene para realizar actividades para sí misma.

“Si una mujer no tiene tiempo para sí misma, se afecta su desarrollo personal e incluso se reduce la posibilidad de ganar más dinero, aprender, promocionarse y llegar a cargos de dirección”.

La pobreza de tiempo se expresa en la vida de Karina de forma palpable. En la mañana debe preparar a su hijo para las clases. Luego trabaja como profesora.

Si es su día de cocinar, actividad que comparte con su esposo, se encarga del desayuno, almuerzo, merienda y limpieza la cocina.

Por las tardes su hijo termina clases y ella se dedica al trabajo. Cuando no es su turno de preparar los alimentos, se encarga de limpiar toda la casa.

Vásconez, de ONU Mujeres, dice que con la pandemia aumentaron las tareas de las mujeres. Esto lo sustenta a partir de una encuesta telefónica de septiembre del 2020, en donde el 80% de las consultadas en Pichincha, Guayas y Manabí dijeron estar más ocupadas y tener menos tiempo para sí.

“La mejor parte del día es cuando estoy en la ducha”, cuenta Juana Benalcázar. Trabaja un promedio de 13 horas al día en actividades remuneradas y no remuneradas. A las 06:00, cuando está en la ducha, sus hijos de 3 y 7 años duermen. Ella escucha música.

A las 07:00 hace la comida y limpia la casa. Es asistente financiera en una constructora. Así que también debe cumplir con seis horas laborales.

“A mí me recortaron un porcentaje de mi salario. He buscado otras ‘chauchas’, pero como estoy tan ocupada no puedo comprometerme con otros”.


En el campo, las jornadas también son extenuantes

Según ONU Mujeres, las indígenas son las que más pobreza de tiempo padecen. María Victoria Pastaza trabaja 16 horas al día. Su jornada comienza a las 04:00 y termina a las 20:00.

La mujer de 65 años vive en La Magdalena, una comuna de la parroquia de Angochagua, en Imbabura.

Todos los días camina 45 minutos desde su hogar hasta Guantoloma, una montaña donde pasta tres vacas y dos terneros.

Las dos vacas producen hasta 18 litros de leche. Tras ordeñarlas, debe retornar a la casa máximo a las 06:20, hora en que pasa el recolector de leche. Por cada litro reciben USD 0,50. Para María la leche representa el principal ingreso económico. Su esposo es conductor de un camión.

El día transcurre entre la elaboración del almuerzo para 14 familiares, entre hijos y nietos, y la limpieza y alimentación de cuatro cerdos que pertenecen a la familia.

A las 15:00 borda, durante media hora, prendas de vestir que entrega a la Asociación de Producción Textil Almagua. Por su trabajo recibe USD 20 a la semana.

La jornada sigue en la tarde, entre cuidar un huerto y lavar la ropa. Por segunda vez sube a Guantoloma para dar agua a las vacas y cambiarlas de sitio de pastoreo.

A las 17:00 alimenta nuevamente a los cuatro cerdos. Apresurada calienta la cena, pasada las 18:30. Al caer la noche, limpia la cocina y lava los platos. A las 20:30 tiene tiempo libre: mira las noticias.