23 de June de 2009 00:00

El país, en la 53° Bienal de Venecia

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Redacción Cultura

Un simil para comprender la trascendencia de la Bienal de Venecia en el mundo de las artes visuales: podría pensarse en lo que significa el Mundial de fútbol para ese deporte.  


HOJA DE VIDA
Fernando Falconí
Nació en Guayaquil  en 1980. Estudió Diseño Gráfico en la Escuela Politécnica del Litoral.
Pertenece al colectivo  de arte contemporáneo Lalimpia.
Ha estudiado, además, Artes Visuales en la U. Thomas Jefferson.

La comparación la hace, entre nostálgico y molesto, el artista cuencano Pablo Cardoso, quien participó en la edición pasada de la Bienal, en 2007. “Es la cita internacional más importante del mundo y participar allí significa que un artista tiene los méritos para representar a su país”.

En la edición de este año, que arrancó oficialmente la primera semana de este mes, fue seleccionado un video-instalación del joven artista guayaquileño Fernando Falconí. La pieza, titulada Olimpo, es una provocadora y sutil apropiación de una serie de símbolos que cuestionan desde la idea de patria hasta el calentamiento global.

Se trata de un trabajo que Falconí presentó por primera vez en la colección ‘Prácticas Suprematistas’, en 2006, en la galería Dpm, de Guayaquil. El video muestra al nevado Chimborazo en proceso de derretimiento. El líquido que se escurre de la cumbre se riega por el piso de la sala y luego se descubre que es leche.

El Chimborazo, ícono de la nacionalidad fijado en el Escudo Nacional, es usado deliberadamente, cree el crítico y teórico de arte Rodolfo Kronfle, para  cuestionar y desacralizar el concepto de la identidad.

En su blog de crítica especializada (riorevuelto.blogspot.com) analiza Olimpo en estos  términos: “La obra adquiere matices desacralizadores hacia las construcciones identitarias surgidas del Estado, poniendo bajo sospecha la retórica patriótica y demás manipulaciones emanadas desde el poder para inflamar un nacionalismo aglutinador vacío pero conveniente”. 

Esta alusión directa a los sentidos clásicos, pero gastados, de la nacionalidad, la identidad y su legitimidad iconográfica es una característica de la propuesta  estética que ha ido trabajando Falconí. Su galerista desde hace tres años David Pérez-MacCollum (de cuyas iniciales viene el nombre de la galería), de Dpm Art Gallery, cree que el trabajo de Falconí puede ser representativo de las preocupaciones del arte contemporáneo ecuatoriano.

“Fernando, como otros artistas de su generación, no se preocupa por temáticas de corte social como se hizo antes. Sus tratamientos se relacionan de manera mucho más sutil con su país y sus problemáticas. Pero, además, sus obras están pobladas de referencias a aspectos de  interés  global. No hay discurso ni panfleto en su propuesta”.

Cardoso concuerda en esa representatividad lograda por Falconí. “En esta ocasión la curaduría acertó al escoger una propuesta  honesta y bien trabajada, de un artista que pertenece a una generación que ha ido generando cambios en el arte contemporáneo del país”.

Esa curaduría fue realizada por la crítica de arte argentina recientemente fallecida Irma Arestizábal, quien realizaba la selección para América  Latina desde hace tres años. La curadora también escogió, en 2007, a Cardoso, Manuela Ribadeneira, y María Verónica León.

Arestizábal, auspiciada por el Instituto Ítalo-Latinoamericano (Iila) de Roma, escogió para este año obras de artistas procedentes de Bolivia, Colombia, Costa Rica, Cuba, El Salvador, Guatemala, Honduras, Perú y República Dominicana.

El tema del pabellón latinoamericano, situado dentro del complejo de las Artillerías del Arsenal de Venecia, lleva el lema de ‘Mundus Novus’, Nuevos mundos,  que ocupan 700 m² en esa ciudad cercada de canales.

Punto de vista
Pablo Cardoso / artista visual

‘Una obra  representativa’

Aunque por lo general el proceso de curaduría para la Bienal ha sido un poco frágil, en el caso de la  obra de Fernando Falconí  se  ha escogido una obra  muy representativa del arte ecuatoriano contemporáneo.

Es una pieza muy fina que sabe manejar  una poética muy sutil que, además, construye una propuesta muy rica en sus posibles interpretaciones, algo que me parece fundamental para el arte actual. Si bien en una primera lectura se pueden reconocer elementos de crítica a los símbolos de la patria, luego también se evidencia un diálogo interno con la historia del arte, una alusión al calentamiento global, así como una poética visual casi minimalista.

La honestidad y el trabajo alejan a esta pieza del panfleto y la alusión fácil o concesiva.

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