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Con oxígeno, acomodados en asientos, esperan por una cama, pacientes con síntomas graves de covid-19

En la zona, en donde funcionaba la cafetería, se ubicaron camas. Foto: Galo Paguay/ EL COMERCIO

En la zona, en donde funcionaba la cafetería, se ubicaron camas. Foto: Galo Paguay/ EL COMERCIO

En la zona, en donde funcionaba la cafetería, se ubicaron camas. Foto: Galo Paguay/ EL COMERCIO

Junto a una de las camas, ubicadas en la antigua cafetería, está de pie Alejandra Guanoluisa. Usa un visor, además de la mascarilla, para protegerse en esa área covid-19 del Hospital del IESS Quito Sur, mientras colabora en el cuidado de su padre, Agustín Guanoluisa, quien tiene una discapacidad visual.

El 1 de abril, el hombre, de 56, obtuvo un resultado positivo para covid-19 y se aisló en casa hasta que el sábado pasado “su saturación, nos dijeron, bajó hasta 84”. Le faltaba la respiración y le dolía el pecho.

En las carpas de emergencia le hicieron una tomografía. Se determinó que Agustín necesita al menos siete días de hospitalización por una afectación en los pulmones.

En la antigua cafetería todas las camas están ocupadas, igual que en las otras zonas de hospitalización y terapia intensiva. Pacientes conectados a tomas de oxígeno aguardan por una cama, sentados en sillas de antiguos consultorios. Ninguna silla está vacía.

El hospital vive un momento crítico, admite el coordinador de epidemiología, Francisco Mora. Para la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) hay una lista de espera de 83 personas y otras 47 aguardan por una cama de hospitalización.

La emergencia, dice Mora, es la que está resistiendo esa demanda, ahora que la tipología de pacientes ha cambiado. En las últimas dos semanas llegan más jóvenes de 20 a 33 años.

Es un 25% de sus 200 pacientes respiratorios diarios. “Llegan complicados, creen que es una gripe nada más. Hay gran cantidad de ingresos, con larga estancia, y menos egresos”.

Junto a las carpas blancas, Victoria Espinosa espera 40 minutos por noticias de su sobrina, Natalia Torres, de 20 años. Cuenta que la chica no aguantaba el dolor del cuerpo y cabeza y los escalofríos.

La joven vive con sus abuelos, quienes tuvieron covid-19 y salieron 20 días atrás de ese mismo centro de salud.

En el mismo sur de Quito, Fátima Martínez permanece sentada en la vereda de la emergencia respiratoria del Hospital Enrique Garcés. Llora desesperadamente. Su hija cuenta que tiene ataques de pánico y ansiedad. La mujer de 49 años fue diagnosticada en esa misma casa de salud, el lunes. “Queremos saber si los ataques son por covid-19”.

El día del diagnóstico acudieron por consulta externa para una cita médica de rutina y Fátima manifestó tener un dolor de espalda y fue enviada a emergencia respiratoria. “No imaginamos que tenía covid-19. Esperamos tres horas para que nos den el resultado”.

Sanatorios del Ministerio de Salud como el Eugenio Espejo también están a tope. Ahí, en promedio, 10 pacientes esperando por una UCI, al día, dice el jefe del área, Manuel Jibaja. Permanecen en emergencia o neumología covid, mientras se desocupa una de las 26 camas.

La espera influye negativamente en la evolución de los pacientes que requieren UCI. “Se complican más”.

Asimismo, Jibaja señala que ante la falta de camas, pacientes están siendo manejados en sus casas con oxígeno y esperan mucho para ir al hospital. Enfatiza: “No se puede esperar a que el cuadro sea extremo”.

Desde el martes se reportaron picos de nuevos casos. Ante el aumento de contagios, el Carlos Andrade Marín (HCAM), del IESS, abrió una tercera área para covid-19 esta semana, con 16 camas que se suman a las 55 de las otras dos áreas. Todas están ocupadas.

Lo fundamental es el trabajo que se hace en el triaje respiratorio, cuenta Freddy Torres, jefe de Infectología. Cuando llega un paciente no va directo a hospitalización, se evalúa si puede seguir el tratamiento en casa. Algunas personas que deben ingresar, esperan hasta que otros sean dados de alta.

Ocho personas permanecen conectadas a tomas de oxígeno. Una mujer, en el fondo, cubre su espalda con una cobija. Se queja de dolor. Otra, a un par de metros, se cubre las piernas. Varios duermen ahí sentados.

Afuera espera Ximena Moreno, mientras atienden a su padre de 60 años. Él supo que tiene covid, el jueves 8, tras una reunión familiar en la que estuvo un pariente contagiado.

No fue el único afectado. Su madre, de 54 años, está internada ahí desde el domingo, tras esperar desde el sábado por una cama. Ambos presentaron síntomas, cuenta la hija, pero permanecieron en casa hasta que la oxigenación empezó a bajar y les faltó el aire.

Ximena está triste, asegura que en el triaje ha visto escenas demasiado fuertes. “Llegan personas sin signos vitales, una se derrumba”.