8 de enero de 2019 00:00

Las artesanías de Otavalo pierden espacio dentro y fuera del Ecuador

En almacenes de la ciudad de Otavalo se venden artesanías y ropa de alpaca de Perú y Bolivia. Foto: Álvaro Pineda / EL COMERCIO

En almacenes de la ciudad de Otavalo se venden artesanías y ropa de alpaca de Perú y Bolivia. Foto: Álvaro Pineda / EL COMERCIO

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Washington Benalcázar
Coord. Redacción Sierra Norte

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Los tapices con figuras de otras culturas, como la alpaca que representa al Perú, ropa y bolsos de origen asiático y sombreros de plástico, que imitan a los de paja toquilla, van reemplazado a las artesanías autóctonas del Ecuador.

Este fenómeno se evidencia en sitios como el Mercado Centenario de Ponchos de Otavalo (Imbabura), considerada la feria de manufacturas más grande del país.

Según Marcelo de la Torre, presidente de la Federación Nacional de Cámaras Artesanales (Fenaca), el tema se relaciona con el ingreso de productos peruanos, bolivianos y chinos al país, con precios inferiores a los artículos producidos en esta jurisdicción.

Asegura que esta nueva realidad ha obligado a cerrar 60 talleres de tejidos y bordados en los últimos dos años.

Uno de ellos era el de Luis de la Torre. Este artesano elaboró durante 18 años cobijas en San Luis de Agualongo, cantón Antonio Ante. Pero desde el 2017 trabaja como ayudante de construcción.

Explica que ya no le compraban las mantas de lana de oveja y las vendía en USD 35. Elaboraba una cada 15 días. “La gente prefiere las de lana sintética, que cuestan la mitad”.

Otros, como Humberto Fichamba, de la comunidad de Peguche, siguen elaborando tapices pese a la adversidad.

La Cámara de Artesanos del cantón Otavalo indica que hace una década tenía 480 socios. Hoy son 140. Los que salieron se dedicaron a otras actividades, como el comercio.

Las artesanías han perdido mercado por la competencia de productos asiáticos, principalmente. En el 2008, el comercio de artesanías de Otavalo generaba USD 2 millones al año. El año anterior fueron 1,2 millones, recuerda Marcelo de la Torre. La disminución se debe a que envían menos productos al extranjero.

Los otavaleños venden a Estados Unidos, Europa, México, Guatemala, Colombia, Chile. Allá las venden las colonias kichwas. Son envíos entre productores y comercializadores de una misma familia. Ellos venden pulseras, collares, hamacas, tapices y ropa. Esta última está determinada por el clima. Desde el mes anterior comenzaron a enviar cargamentos de prendas de vestir para el verano próximo.

Carlos Ibarra, gerente de Sadecom, una empresa exportadoras de la urbe, explica que se envían mercancías desde 100 kilogramos hasta 7 500 por productor. El traslado es aéreo. En Otavalo hay 400 personas que envían artesanías.

La mayoría es encargo para personas naturales. Controlar la cadena de negocios, desde la fabricación hasta la venta, es uno de los factores que les ha permitido subsistir en el mercado, explica Juan Carlos Cotacachi, que distribuye productos hacia México.

En Otavalo hay 14 000 artesanos y el 70% está vinculado a la producción de textiles.

En las comunidades indígenas como Peguche, Quinchiquí e Ilumán se elaboran cobijas, ponchos, sacos, hamacas y sombreros. En Agato, Cotama y el vecino cantón Cotacachi se producen pulseras y collares. Muchos de ellos tenían en el Mercado de Ponchos su punto de venta. Pero ahora tienen dificultades para la comercialización.

A Humberto Lema, presidente de la Unión de Artesanos Indígenas del Mercado Centenario (Unaimco), que aglutina a 1 500 socios, le inquieta la pérdida de identidad.

“La gente que conoce sobre artesanías sabe que la iconografía que se está ofreciendo actualmente en Otavalo es foránea. Eso a la larga va a hacer daño al mercado local, que mal o bien tiene reconocimiento mundial”, señala Lema.

El ingreso de artesanías de Perú y Bolivia se inició hace 15 años y de China, hace cinco.

Se trata de mantas con alpacas, rostros de indígenas de Estados Unidos, la cruz Chacana Inca, entre otros, que son más módicas que las locales, por la mano de obra más barata de esas naciones del extranjero.

En un esfuerzo por recuperar las técnicas y diseños propios, la Unaimco organizó en diciembre último un taller denominado Expo Otavalo.

Ahí se invitó a 30 experimentados artesanos. René Zambrano, por ejemplo, mostró como se trabajaba con el telar de cintura llamado ‘callua’.
El gremio plantea recuperar las técnicas y diseños propios como estrategia de mercado.

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