28 de September de 2009 00:00

Organizaciones laborales en la ciudad

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Superada la época colonial, la instalación del régimen oligárquico-terrateniente apenas nacida la República del Ecuador (1830) impidió el desarrollo de nuevas organizaciones populares.

Además, los ‘levantamientos’ de indios continuaron reprimiéndose con parecida crueldad con la que se persiguieron las “sublevaciones” coloniales.
Desde la época de Gabriel García Moreno (1860-1875), los gremios acentuaron su tradicional carácter confesional.

En cambio, Eloy Alfaro (1895-1912) fue el primero en intentar la sindicalización liberal de los nacientes “proletarios” ecuatorianos, incluso contando con el concurso del cubano Miguel de  Albuquerque. ¡Cómo se escandalizarían hoy de aquellos tiempos!

En las primeras décadas del siglo XX, bajo el auge del cacao e impulsadas por el crecimiento de los bancos privados, las casas comerciales y las primeras “industrias”, se multiplicaron las organizaciones de trabajadores en la Costa y singularmente en Guayaquil.

En 1922 se creó la Federación de Trabajadores Regional Ecuatoriana (FTRE), protagonista central de las reivindicaciones laborales que estallaron en noviembre de ese mismo año y que tuvieron como respuesta la escandalosa matanza de trabajadores el día 15 y que, entre otros asuntos, tan solo planteaban el reconocimiento de la jornada de ocho horas y aumentos salariales.

En Quito, en cambio, Sociedad Artística e Industrial de Pichincha fue la más célebre de las organizaciones de artesanos e incluso protagonizó luchas contra el liberalismo, movilizada por su espíritu confesional. Los primeros sindicatos quiteños aparecieron muy tarde, en los años treinta.

En la fábrica La Internacional se produjo una famosa huelga en 1934. En mucho, las nuevas organizaciones se debieron a las modernas ideas obreristas y a la actividad desarrollada por los partidos Socialista (1926) y Comunista (1931), que además se preocuparon por la organización campesina y particularmente la indígena. En 1937 se fundó la Federación Ecuatoriana de Indios (FEI).

Precisamente para oponerse al avance del movimiento laboral considerado ‘comunista’ en 1938 se organizó un congreso con artesanos, operarios y trabajadores, del que nació la
Confederación Ecuatoriana de Obreros Católicos (Cedoc), bajo la promoción de la jerarquía eclesiástica y la dirección de varios líderes católicos, influidos por el pensamiento social de la Iglesia.

Fue la primera central nacional de trabajadores, aunque su ámbito de acción se redujo a la ciudad de Quito. A pesar del confesionalismo inicial, la Cedoc evolucionó inevitablemente hacia las reivindicaciones clasistas, lo que le acercó a posiciones comunes de los trabajadores.

El mismo año 1938 se dictó el primer Código del Trabajo. En él se consagraron varias de las reivindicaciones de los trabajadores. Además, quedaron protegidos en una serie de derechos fundamentales: salario mínimo, jornada máxima, sindicalización, etc.

Y son esos principios los que durante los años ochenta y noventa pretendieron ser revertidos bajo la idea neoliberal de ‘flexibilización’ del trabajo. Es que, como ha ocurrido antes en nuestra historia, las organizaciones laborales son temidas precisamente porque promueven y garantizan una mayor democracia social.

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