6 de diciembre de 2018 00:00

ONG y el Gobierno impulsan acciones contra el maltrato

Los voluntarios de Aldeas SOS participaron en una colecta en Guayaquil (foto), Quito y Cuenca, el viernes. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

Los voluntarios de Aldeas SOS participaron en una colecta en Guayaquil (foto), Quito y Cuenca, el viernes. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

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Elena Paucar

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Cuando llegó a casa fue difícil reconocerlo. Tenía los ojos hinchados, las piernas raspadas, sangraba y los moretones empezaban a aparecer alrededor de su cuello. La noche del martes 20 de noviembre Alejandro (nombre protegido) salió a jugar fútbol en un barrio cercano. Y lo que parecía una travesura casi termina con su vida.

“Mi hijo me contó que vieron una mata de mangos y empezaron a lanzarle piedras. El dueño salió enojado, con un palo para golpearlos. Él no logró correr y lo atrapó”, dice la madre del niño de 12 años.

Es lo poco que Alejandro les ha contado. Tras ese día casi no quiere salir de su cuarto.

“Desde lo más transgresor, como el abuso físico y sexual; hasta lo que puede resultar más efímero, como un grito, la humillación y la amenaza, la violencia parece estar naturalizada y normalizada”.

Esa es la postura del psicólogo Frank Armijos, de la Asociación Ecuatoriana de Bienes­tar Estudiantil (Aebi). “Son patrones de comportamiento que se heredan, un legado en el que se empieza a montar toda una cadena de maltratos”.

Para cambiar ese patrón, según Edwin Feijoo, director distrital en Durán y Samborondón del Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES), impulsan el Pacto con la Niñez y Adolescencia.

Este se subdivide en 10 pactos específicos, contra formas de violencia: trabajo infantil, desnutrición crónica, abuso sexual, riesgos en Internet, trata, movilidad humana, etc.

En cada zona, el MIES aplica planes como Escuela de Familias. Son talleres que abordan la prevención, atención, derivación y denuncia de situaciones de violencia, que han llegado a 230 000 familias en el país.

Pero por ahora las estadísticas confirman la necesidad de cambiar la cultura de la violencia en los hogares. El estudio ‘Niñez y Adolescencia desde la Intergeneracionalidad 2016’, del Observatorio Social del Ecuador, reveló que cuatro de cada 10 niños y adolescentes han recibido algún tipo de maltrato físico de sus padres.

Una cifra similar refleja el trato que recibieron sus padres de sus cuidadores. Y tres de cada 10 presenciaron relaciones violentas de progenitores.

Aldeas Infantiles SOS Ecuador apunta a reducir esas cifras. La ONG apuesta por la prevención para promover comunidades protectoras de la infancia; y ayuda a chicos en casas de acogimiento temporal, por violencia, y trabaja en la reinserción familiar.

Emilio Carrillo es director de Aldeas en Guayaquil y dice que la violencia es un problema de conciencia social. “No se trata de un tema de disciplina. El Código de la Niñez y la Adolescencia establece que no es un medio para educar”.

Este define el maltrato como “la conducta, de acción u omisión, que causa o pueda causar daño a la integridad o salud física, psicológica o sexual”.

Cuando las fotos del niño se filtraron en redes sociales, los comentarios hirieron a su familia. “Decían: está bien, no volverá a robar. Otros decían: la culpa es de los padres, por no corregirlo”, cuenta una tía.

El psicólogo Armijos, de Aebi, coincide en que desde el Estado se fortalezca la salud mental en las familias y en las escuelas. Proponen que la atención psicológica comience en la gestación, para evaluar traumas de la pareja y cortar el círculo de violencia con sus hijos. Y plantea el soporte en las aulas, para que los niños aprendan a hablar, opinar, no callar y cuestionar.

El maltrato puede terminar en casos más extremos. Una hemorragia interna por múltiples golpes causó la muerte de un niño de 4 años en Salitre (Guayas), en junio; su padrastro es investigado. En noviembre, un menor de 6 años falleció tras recibir varios golpes de su padrastro en Daule; su madre también es investigada.

La madre de Alejandro, de 12 años, agradece que su hijo esté vivo. “Ese hombre lo estaba ahorcando hasta que llegó una pareja y se lo quitaron. Si no hubiera sido por ellos no sé qué habría pasado”.

La noche de la agresión, Alejandro fue llevado a su casa en un patrullero. Junto a él, su agresor intentaba persuadirlo para que dijera que, simplemente, se cayó.

Aunque las cicatrices ya se borraron, el niño siente mucho temor. Una brigada de apoyo psicológico del Ministerio de Salud lo visita periódicamente para las terapias.

Pero aún algo le inquieta. A su barrio suelen llegar extraños, con mensajes de parte de su agresor. El hombre, de unos 30 años, fue arrestado y la familia de Alejandro cuenta con una boleta de auxilio.

“Los golpes comprometían órganos vitales, como el cerebro. Por eso no cabe un simple delito de lesiones. Esto amerita una reforma para que las agresiones a los menores sean sancionadas de manera más severa”, explica Stives Reyes, abogado de la familia.

La defensa de Alejandro pidió que se formularan cargos por tentativa de homicidio.

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