5 de September de 2009 00:00

Once principios y un final

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Rubén Darío Buitrón

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Cuando el 30 de enero de 1933 Adolfo Hitler fue nombrado canciller por el presidente Hindenburg, el Partido Nacional Socialista decidió llevar su mensaje a todos los rincones de Alemania.

La prioridad del ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, era ambiciosa: que se escuchara la voz del líder no solo en su país, sino en toda Europa.

El control de la prensa era clave  y por eso el Gobierno creó una amplia red de medios propios. La estrategia de Goebbels se basó en 11 principios:

1. De simplificación. Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.

2. De contagio. Reunir adversarios en una sola categoría.

3. De transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores, respondiendo ataque con ataque. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”.

4. De exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.

5. De vulgarización. Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, olvidan con gran facilidad.

6. De orquestación. La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, una y otra vez desde diferentes perspectivas, siempre sobre el mismo concepto. Sin fisuras. Si una mentira se repite suficientemente se convierte en verdad.

7. De renovación. Emitir constantemente argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.

8. De verosimilitud. Construir argumentos con  fuentes diversas e informaciones fragmentarias.

9. De silenciamiento. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen al adversario, contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.

10. De transfusión. La propaganda opera a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Hay que difundir argumentos que provoquen actitudes primitivas.

11. De unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente de que piensa “como todo el mundo” y crear una falsa impresión de unanimidad.

La estrategia de sembrar odio caló profunda. Tras seis años de intensa propaganda, el conflicto estalló. Hitler invadió Polonia exactamente hace 70 años, en septiembre de 1939. Lo que ocurrió después lo sabe todo el mundo. El problema es que no todo el mundo aprendió la lección.

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