27 de June de 2009 00:00

El Observatorio Astronómico reabrió ayer

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Redacción Quito

La puerta de hierro está abierta. Pero el guardia retiene por escasos minutos a un grupo de 40 niños de la escuela Simón Bolívar. Llegaron a visitar el Observatorio Astronómico  que se reinauguró como museo, la noche del jueves.  

Ayer fue el primer día para los recorridos. Esteven Abril, de 11 años, mueve ligeramente su cabeza de arriba abajo y contempla la estructura amarilla restaurada. Está radiante. “Queremos ver los telescopios que dejan ver las estrellas”, dice, inquieto, mientras juguetea con sus amigos.

Después de cinco minutos, llega el guía del museo, Carlos Caiza. Luce un terno oscuro y se detiene en el umbral principal del Observatorio. “Vamos a agruparnos en dos grupos”.

Los ojos de Abril tambalean al intentar leer el texto en latín impregnado en una placa de mármol de la Primera Misión Geodésica. En ella se lee: “Le pendule de Quito”. En la placa se encuentran inscritas las principales mediciones astrométricas y geográficas del país. 

A apenas 11 pasos están dos maquetas. Cuando los pequeños miran la  que representa a un nuevo Observatorio Astronómico que está previsto construir en el valle de Guayllabamba, no pueden despegar sus pequeños dedos del plástico cobertor. “Qué bonito se ve en chiquito, parece la NASA”, dice con asombro  Darwin Chasiluisa, de 11 años. 

Al ingresar a las salas en donde las vitrinas de vidrio guardan celosamente instrumentos de Astronomía antiguos, la curiosidad aumenta. Intentan mirar algo a través de la lente. Pero el guía roba su ilusión al contarles que son instrumentos en desuso que datan del siglo XVII.

Los escalones que conducen al sótano no los intimida, pese a su estrechez. En el subsuelo están los sismógrafos y herramientas del siglo XIX. Hay antiguas calculadoras, reglas y compases.“Este compás se parece al que uso en Geometría, pero es más chiquito”, dice Bryan Buenaño. El pasillo es estrecho, pero no importa, no  se pierden la charla.  

La emoción resurge al  ascender a los 15 metros de altura para mirar el telescopio Merz, fabricado en 1875. Es imponente: mide 6,75 m de ancho y 6 de alto.

Después de 40 minutos de recorrido. Abril deja un mensaje en el libro de visitas: “Pido que traigan más instrumentos. Esto es un aporte a la cultura”.

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