30 de julio de 2018 00:00

Tres nuevas formas de robos de vehículos se utilizan en Quito

Vehículos denunciados como robados permanecen en los patios de retención vehicular de la Policía Judicial, ubicados en el sector de Marianitas. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

Vehículos denunciados como robados permanecen en los patios de retención vehicular de la Policía Judicial, ubicados en el sector de Marianitas. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

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Diego Bravo
Redactor (I)

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Falsas ofertas laborales difundidas por Internet. Desconocidos que se disfrazan como empleados de aseguradoras o entidades financieras, quienes se acercan a las oficinas de las víctimas a pedirles sus ve­hículos por deudas pendientes. Uso de controles universales de alarmas para vulnerar las seguridades.

Esas son las nuevas modalidades que las bandas delictivas utilizan para sustraer vehículos en Quito y que han sido identificadas por la Brigada de Automotores de la Policía Judicial (PJ). Según datos del Ministerio del Interior, desde enero hasta junio del 2017 hubo 640 robos de automotores en la capital. En el mismo período del 2018 fueron 677. A escala nacional fueron 2 239 carros sustraídos en el 2017 y en lo que va del 2018 van 2 184.

En contraste con el registro nacional, en Quito se registra un incremento. Los viernes y sábados son los días que más robos se producen. Las horas más proclives oscilan entre las 18:00 y 23:59.


Así lo vivió Fabián C. la noche del 20 de julio del 2018 cuando, en cuestión de tres minutos aproximadamente, desconocidos le robaron su taxi Nissan Sentra a las afueras de su casa, ubicada en Carapungo, en el norte de la urbe. Denunció el hecho a los uniformados del Distrito Calderón y a sus compañeros de la cooperativa para buscar el carro. Horas después lo hallaron.

El sargento Patricio Tayupanta, de la Brigada de Automotores de la PJ, explica que los grupos delincuenciales prefieren operar en horas de la noche debido, claro, a que hay menos circulación de personas y pueden esconderse en la oscuridad. Aprovechan los viernes y sábados porque la gente sale a divertirse en centros nocturnos.

En ese sentido, el barrio La Mariscal ha sido identificado como una de las zonas más propensas al robo. Otras son las calles aledañas a la av. Mariana de Jesús, en el norte, o en la zona de Quitumbe, en el sur.

Además, en las investigaciones se ha determinado que los robos de carros son cada vez más rápidos, y que para lograrlo, las bandas están perfeccionando su accionar con la ayuda de la tecnología. De donde surge una de las nuevas modalidades de robo.

Una consiste en utilizar controles de alarmas universales. ¿Cómo funcionan? Los desconocidos encienden esos dispositivos en zonas donde hay varios vehículos y se roban los que se activan. Por ejemplo, en la avenida De Los Shyris, según la Policía, dos fueron sustraídos de esa forma durante los cinco primeros meses del 2018. Los hechos se produjeron en horas de la noche.

Paúl T. vivió esa experiencia el 9 de abril pasado, en el barrio El Inca. Su auto fue sustraído tras parquearlo afuera de su casa. Primero escuchó que el carro fue encendido y se lo llevaron. En ese instante, tomó un taxi para seguirlo.

Alertó de lo ocurrido a un patrullero que circulaba por el sector. Finalmente, un hombre fue apresado. Antes de la detención hubo una persecución que recorrió las avenidas de Las Palmeras y El Inca. El automotor fue recuperado a cinco cuadras del lugar en donde fue sustraído.

Otra modalidad es la de crear empresas ficticias que ofrecen empleo a personas que tienen vehículo propio. Rocío C. le prestó su Daewoo Tacuma a su ahijada para que lo utilizara en un trabajo como supervisora en la venta de equipos GPS en una supuesta compañía internacional que operaba en la capital. Había leído un anuncio por Internet. El principal requisito para laborar allí era presentarse a una capacitación con el vehículo propio.

La joven fue con el de su madrina. También estaban los dueños de otros dos carros. Durante la charla, la gente de la supuesta firma contratante les pidió las llaves, las matrículas y los chips de los celulares. El objetivo: abrir los automotores, instalar los equipos de rastreo y probarlos. Pero se aprovecharon de eso para llevarse los carros.

En casos como este, las denuncias no son por robo de los automotores sino por estafa. Según los uniformados, al parecer se trata de una banda organizada que comercializa carros sustraídos y utiliza la Internet para ofertarlos.

Rocío presentó la denuncia por estafa, pero los vehículos no constan en los sistemas informáticos de la Policía como robados y quienes los sustraen los comercializan. La razón: los futuros compradores verifican que no fueron reportados como robados. Lo que no saben es que detrás de la oferta hay denuncias por estafa.

Hay otro tipo de robo en el que los delincuentes identifican a personas que tienen deudas pendientes con instituciones financieras o deben cuotas de los autos. Se hacen pasar como funcionarios de esas entidades y se acercan a las víctimas para decirles que se llevan los carros por falta de pago.

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