10 de September de 2009 00:00

Nuestra batalla

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Carlos Vera Rodríguez

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Más que de los empresarios o propietarios. Allí hay de todo: algunos sorprendentemente acaudalados, incapaces de arriesgar sus transmisores, como si les fuesen a entrar en el ataúd, y otros multimillonarios, decididos a quebrar pero no a romper sus principios.

En este Diario existe un ejemplo inolvidable, mi primer maestro, gracias a cuyo respaldo hice el mejor reportaje en 34 años de carrera -el retorno de Velasco Ibarra al Ecuador con su esposa fallecida- que se la jugó hasta soportar cárcel por sus ideas, y la clausura de su naciente canal de televisión, en el barrio Bellavista, por la libertad concedida a sus productores: don Jorge Mantilla Ortega. 

Ese legendario Director de Diario EL COMERCIO asumió además en primera página una posición editorial a favor del socialismo democrático pronunciándose en 1979 por Rodrigo Borja, sin comprometer la línea independiente del periódico y menos someter su política informativa. 

Admitía y sustentaba en público simplemente una preferencia reconocida por otros solo en privado o mal disimulada con discursos de imparcialidad aunque evidenciada en recursos audiovisuales, desbalance publicitario y sectarismo político.

Sin embargo, de la estirpe de Don Jorge quedan pocos. De sus discípulos, seguimos muchos. Hay para abrir toda una Facultad de Comunicación con ellos. 
Pero, sobre todo, existe material para resistir la arremetida enfermiza del poder de Chávez, replicado por Correa, Kirchner, García, Morales, Ortega y cuanto fantoche empoderado se siente infalible por ser Presidente y se cree difamado por ser criticado.

Es tarde; ya clavaron la primera estaca en varios artículos de la Constitución al exigir condiciones imposibles, vulneradas por eso todos los días.
¿Información veraz? 

Eso será lo que el poder decrete mientras los legisladores sean sus vasallos. ¿Información verificada? Exactitud, so pena de ser descalificada por quienes hasta la han trastocado.

Eso responde solo a los conceptos oficiales de los parámetros para calcular los índices de empleo e inflación para registrar más de lo primero y menos de lo segundo.

Así que la trampa está puesta. Pero si no reaccionamos a tiempo, será peor el estoque –ya no la estaca- a clavar con la Ley de Comunicación,  cuyos fines y mecanismos ya se delatan en el discurso y accionar de Correa, sin necesidad de leer el articulado engañoso por venir, adobado con alguna concesión graciosa y la consagración de cierto derecho novedoso. 

La batalla es nuestra, de los comunicadores convencidos de la democracia más que de los accionistas ocupados en su rentabilidad. En nosotros se sustentó su crecimiento y credibilidad. Seamos lanza y escudo.  ¡Ya pasemos al frente!

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