4 de August de 2009 00:00

Noticias escandalosas

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Federico Chiriboga

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Los ataques del Presidente y otros cargos públicos a ciertos periódicos por difundir noticias que no son de su gusto llevan a reflexionar sobre la razón por la cual los gobiernos son tan temerosos de las noticias que los desacreditan. 

La opinión pública ejerce un papel de control social, en cuanto desaprueba los comportamientos que se alejan de los que han sido aceptados como normales por la sociedad.

En los regímenes democráticos la autoridad política se legitima por la confianza de la mayoría de la población: a mayor confianza, mayor legitimidad. Por ello la importancia que tiene para los gobernantes la imagen que proyectan en la opinión pública y por eso el papel de la propaganda oficial que crea mitos, para despertar el apoyo popular.

Son los medios de comunicación los que difunden las imágenes tanto de los acontecimientos escandalosos, como de los mensajes que se originan en el Gobierno. Los medios influyen en la formación de la opinión pública y en los juicios de valor que provocan sus noticias. 

De ahí su obligación de informar con objetividad, para que cada cual lleve a cabo el proceso de juzgamiento de los acontecimientos.

Pero es claro que un mismo hecho puede ser presentado de manera diferente. Un periódico puede relatar el suceso en una página secundaria y sin fotografías. 
El otro, en la portada y con letra mayúscula. Ninguno de los dos falsea la verdad, los dos presentan el mismo hecho, pero los efectos en el lector no son los mismos. Esto no es ilegítimo ni contrario a la ética del periodismo.

Cada periódico tiene una manera de relacionarse con su público y sabe cómo comunicarse con su audiencia. Siempre que la información sea veraz, el medio puede divulgarla en la forma que mejor considere.

Cuando un periódico informa sobre los entendimientos de dos movimientos políticos, enviará un mensaje distinto según use la palabra pacto, que desprestigia, o conversaciones, que no tiene connotaciones. Ni lo uno ni lo otro es criticable. Si se dieron las negociaciones, esto es lo cierto, el diario está en libertad de matizar la información. Si el hecho se ha producido y la fuente está personificada, el medio no tiene la obligación de ir más allá. 

Su responsabilidad se agota con la relación del suceso, siempre que tenga sustento en la realidad.  Los lectores son los que califican si se trata de un acontecimiento legítimo o no y, como consecuencia, si condenan o absuelven a la autoridad política. 

Pretender que los medios silencien los hechos que incomodan al Gobierno de turno, dejando a la sociedad desinformada, es volver a las prácticas de  los totalitarismos, que no admiten más que una verdad, la que ellos mismos imponen.

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